El abrupto final de Jermain Defoe en Woking: tensiones y ausencias
La primera aventura de Jermain Defoe en los banquillos ha durado apenas cuatro meses y ha terminado envuelta en reproches cruzados, dudas internas y un comunicado del club que desmonta el relato del exdelantero de Tottenham.
Woking anunció el jueves la rescisión de mutuo acuerdo del contrato de su técnico, de 43 años, tras solo seis partidos al frente del equipo de la National League: dos victorias, un empate y una derrota. Un inicio discreto, pero lejos de un desastre deportivo. El problema, según el propio club, estaba en otro sitio.
Defoe había explicado su salida con una frase contundente: “imposible para mí continuar”. También calificó su paso por el conjunto de Surrey como una experiencia “reveladora”. Sonaba a despedida amarga, a choque de culturas futbolísticas entre una exestrella de la Premier y la crudeza del fútbol no profesional.
Pero Woking no tardó en responder. Y lo hizo con dureza.
Brown asume la elección… y destapa las grietas
Jody Brown, director de fútbol del club y hombre que impulsó la llegada de Defoe, decidió dar la cara. Y, al hacerlo, abrió la puerta de un vestuario inquieto.
“La recomendación de nombrar a Jermain como entrenador fue mía, y asumo toda la responsabilidad”, admitió Brown en un comunicado. “Tras reunirme con él en varias ocasiones, creí que era la persona adecuada para liderar al club hacia una nueva era ilusionante”.
La confesión, sin embargo, era solo el preámbulo. El tono cambió de inmediato.
“En las últimas semanas”, continuó, “había comentarios desde todas las áreas del club, incluidos jugadores, cuerpo técnico y otros departamentos, sobre preocupaciones crecientes”.
No se trataba de un simple desacuerdo puntual. Brown hablaba de un malestar extendido, de una sensación de deriva que iba más allá de los resultados.
Un informe que nunca llegó y entrenamientos sin técnico
La presión interna llevó a Brown a exigir respuestas. Quería claridad, planificación, estructura. Lo mínimo para afrontar una temporada larga en la National League.
“Para entender mejor la situación, pedí a Jermain y a Paul [Bracewell, su segundo] un breve informe detallando la profundidad actual de la plantilla, los objetivos de fichajes y cualquier desafío operativo, para poder ofrecer el apoyo necesario y acelerar la preparación de la temporada”, explicó.
La petición no fue aislada. Se repitió. Varias veces. El club insiste en que ese informe nunca llegó.
Y ahí no acaba el retrato. Brown asegura que Defoe dejó de acudir a entrenamientos, un punto crítico en cualquier contexto, pero especialmente en un club que intenta profesionalizarse desde una categoría semiprofesional. La ausencia del entrenador principal, en ese escenario, no es un matiz: es una brecha de autoridad.
La combinación de ausencias, falta de respuesta a solicitudes formales y el runrún constante desde el vestuario y las oficinas terminó por erosionar la confianza. La “nueva era ilusionante” se había desdibujado antes de empezar.
Un experimento de alto perfil que se apaga demasiado pronto
El fichaje de Defoe fue, desde el principio, un golpe de efecto para Woking. Un nombre de peso, un exinternacional inglés con un pasado brillante en la élite, al frente de un club modesto de la quinta categoría del fútbol inglés. El mensaje era claro: ambición, visibilidad, un proyecto diferente.
Cuatro meses después, el decorado es otro. El club se ve obligado a justificar públicamente la salida de su entrenador, el director de fútbol asume su parte de culpa y la figura de Defoe queda bajo la lupa, cuestionada por su implicación diaria más que por sus ideas futbolísticas.
La experiencia ha sido “reveladora”, como dijo el propio Defoe. Para él, sin duda. Pero también para Woking, que deberá decidir ahora si vuelve a apostar por un nombre mediático o si regresa a un perfil más tradicional, de pico y pala, acostumbrado a la dureza silenciosa de la National League.
En Surrey, la primera aventura de Jermain Defoe como técnico ha terminado antes de tiempo. La pregunta ya no es por qué se rompió, sino si volverá a intentarlo… y quién se atreverá a darle la próxima oportunidad.






