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Henrik Larsson: La Leyenda del Celtic

Hace 29 años, un joven sueco con rastas cruzó el césped de Celtic Park con vaqueros y camiseta de tiras verdes y blancas. No hacía falta presentación, aunque casi nadie en Glasgow imaginaba lo que estaba a punto de ocurrir. Aquel 25 de julio de 1997, Henrik Larsson firmó por Celtic. Ese día cambió la historia reciente del club.

Llegó por apenas 650.000 libras desde Feyenoord, una ganga que hoy parece casi una broma. Wim Jansen, recién nombrado técnico, conocía de primera mano la situación contractual del delantero, al que ya había dirigido en el fútbol neerlandés. Apostó por él sin dudar. Acertó de pleno.

El inicio, sin embargo, no fue de cuento. Larsson participó en el error que costó la derrota en el debut liguero ante Hibernian. Un tropiezo que muchos habrían arrastrado durante meses. Él no. Partido a partido, gol a gol, el sueco empezó a encender Celtic Park. Primero con destellos, luego con actuaciones que levantaban a todo el estadio. En poco tiempo, el “nuevo fichaje” se había convertido en talismán.

Su primera temporada dejó claro que no era un delantero más. Copa de la Liga al bolsillo y, sobre todo, el título de liga que ponía fin a una década de espera y evitaba el ansiado “diez seguidos” del eterno rival. Ese campeonato definió una era y elevó el peso específico de Larsson dentro del equipo y de la grada. Era mucho más que un goleador: era el símbolo de un cambio de rumbo.

En la campaña siguiente dio un salto todavía mayor. Bajo la dirección de Dr Jozef Vengloš, Larsson se transformó en el delantero total. Marcó 38 goles, atacó todos los espacios, remató de todas las maneras posibles. Se movía como un nueve, pensaba como un diez y trabajaba como un mediocentro defensivo. Celtic tenía, por fin, una referencia ofensiva a la altura de su historia.

El cuento, sin embargo, tuvo un capítulo oscuro. En Lyon, una fractura de pierna estremeció a todo el club. Las imágenes dieron la vuelta a Europa. Muchos pensaron que nunca volvería a ser el mismo. Larsson respondió como siempre: con una fortaleza mental descomunal. Volvió. Y volvió mejor. Aquella lesión, que pesó en el breve mandato de John Barnes en el banquillo, no frenó al sueco. Lo endureció.

La llegada de Martin O’Neill encendió otra chispa. Bajo su mando, Larsson alcanzó un nivel casi descomunal. Formó una sociedad devastadora con Chris Sutton y firmó una temporada para enmarcar: 53 goles y un triplete doméstico, el primero en 32 años para el club. Liga, Copa y Copa de la Liga. Todo en la vitrina. Todo con la firma insistente de un nueve que parecía marcar por inercia.

Los años siguientes consolidaron su legado más allá de las fronteras de Escocia. Celtic dejó de ser solo un gigante doméstico para convertirse en un rival respetado en Europa. El camino hacia la final de la UEFA Cup tuvo un denominador común: los goles de Larsson. En la final, ante Porto, el sueco volvió a brillar con dos definiciones de clase mundial en la prórroga. El título se escapó, pero su actuación quedó grabada como una exhibición de grandeza en la derrota.

En el plano doméstico, su impacto era ya indiscutible. El 27 de agosto de 2000, en el célebre 6-2 ante Rangers en Celtic Park, Larsson firmó una de esas noches que definen carreras. Celebró, mandó, intimidó. Ese tipo de actuaciones cimentaron su estatus de “King of Kings” entre la afición.

Cuando se despidió del club en 2004, las cifras hablaban por sí solas: 242 goles en 313 partidos. Tercer máximo goleador de la historia ininterrumpida de Celtic. Pero los números, por una vez, se quedan cortos. Larsson no fue solo un artillero demoledor; fue la cara visible de un renacimiento, el jugador que devolvió orgullo, títulos y noches europeas a un club que reclamaba su sitio.

Los veteranos recordarán a Jimmy Johnstone y a los Lisbon Lions, nombres sagrados de otra época dorada. Los que crecieron en los setenta mencionarán a Kenny Dalglish, otro rey que acabaría siendo elegido mejor jugador de la historia de Liverpool. La comparación es inevitable, el debate eterno.

Sin embargo, para la mayoría de los aficionados actuales, el mejor futbolista que han visto con la camiseta de Celtic es Henrik Larsson. El sueco que llegó en vaqueros y se fue como leyenda. El delantero que convirtió goles en memoria colectiva. El hombre al que, casi tres décadas después de su fichaje, todavía llaman sin dudar: el King of Kings.