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Inglaterra y el desafío de frenar a Haaland en cuartos

La tarjeta roja de Jarell Quansah ante México no solo condicionó el partido. Ahora pesa como una losa sobre el plan de Inglaterra: dos partidos de sanción para el central, baja segura en el cruce de cuartos contra Noruega. A eso se suman las dudas físicas de Marc Guehi, Declan Rice y Reece James. Thomas Tuchel mira la enfermería casi tanto como el vestuario mientras diseña el plan para contener a Erling Haaland.

El triunfo en el Azteca, sin embargo, fue de esos que marcan un torneo. Silenciar a México en su fortaleza, donde no conocían la derrota en Mundiales, fue una declaración de poder. Jude Bellingham y Harry Kane volvieron a sostener la bandera ofensiva, pero el sello lo puso la zaga: un Jordan Pickford imperial, un Dan Burn de suplente convertido en muro, y un bloque que sobrevivió con uno menos durante más de media hora. Inglaterra defendió la ventaja con uñas, dientes y oficio.

Tuchel, que al inicio del campeonato habría firmado sin pestañear un cruce de cuartos contra Noruega, se encuentra ahora con un rival que llega desatado y con el delantero más temido del planeta enfrente.

Noruega: Haaland abre un camino histórico

Noruega enseñó los colmillos contra Brasil. Con muy poco margen de error, con el peso de la historia en contra, se agarró a lo que tiene de diferencial: el que quizá sea hoy el delantero más letal del mundo. El doblete de Haaland no solo tumbó a la ‘Canarinha’; empujó a su selección a su primer cuarto de final de un Mundial. Un antes y un después.

Detrás de él, un equipo que ya no vive solo del contragolpe. Orjan Nyland firma un torneo descomunal bajo palos, capaz de sostener al equipo cuando el partido se inclina en contra. Y Martin Odegaard marca el ritmo, pausa o acelera según le convenga, como si tuviera un metrónomo en la bota izquierda. Noruega se siente cómoda con la pelota, pero también disfruta del cuerpo a cuerpo. No rehúye el choque, lo busca.

Ahora, Haaland y Odegaard se cruzan con viejos conocidos. Muchos rivales del día a día en la Premier, ahora al otro lado en un Mundial. Inglaterra sabe perfectamente a qué se enfrenta. Y aun así, no es sencillo encontrar la manera de detenerlo.

Bélgica resurge… y se cruza con España

Bélgica parecía agotada, un equipo que llegaba a este Mundial como eco de su mejor versión. Los partidos grises ante Egipto e Irán alimentaban esa sensación. De pronto, estalló. Un 5-1 a Nueva Zelanda para cerrar la fase de grupos y, después, una remontada casi imposible ante Senegal en dieciseisavos. El viejo colmillo apareció cuando muchos ya les daban por amortizados.

La victoria frente a Estados Unidos confirmó el cambio de inercia: Bélgica está en cuartos, enchufada, con la sensación de haber recuperado algo de su vieja fe. La pregunta es clara: ¿les alcanza para tumbar a España? El reto es mayúsculo.

Las noticias no son todas buenas. Amadou Onana, pieza clave en el centro del campo, se despide del torneo por una rotura de ligamento cruzado anterior. Un golpe durísimo para un equipo que había encontrado en su energía una válvula de escape. Les toca reinventarse en plena ola positiva.

Suiza rompe su techo y mira a Argentina

Suiza lleva años instalada en el mismo guion: equipo fiable, competitivo, casi siempre en octavos… y hasta ahí. Esta vez rompió el molde. Ante Colombia, en un duelo tenso y cerrado, sobrevivió hasta los penaltis y ganó la primera tanda mundialista de su historia para meterse en cuartos por primera vez desde 1954, cuando fue anfitriona.

Lo hizo sin Johan Manzambi, su futbolista más desequilibrante en el torneo, fuera por lesión tras firmar tres goles y dos asistencias. Sin él, el equipo perdió chispa arriba: apenas dos disparos a puerta en todo el partido. Pero ganó en solidez. Aguantó, resistió y esperó su momento desde los once metros.

Ahora asoma Argentina. Otra montaña. Pero después de lo visto, este grupo tiene motivos para creer que puede volver a incomodar a un gigante.

Marruecos: orgullo, historia y un techo difícil de romper

Marruecos no pudo repetir la hazaña de 2022, cuando se coló en semifinales, pero dejó otra huella profunda: primer país africano en encadenar dos presencias consecutivas en cuartos de final de un Mundial. El listón era altísimo, la presión desde casa, enorme.

Tras una fase de grupos asequible, en la que arrancó empatando con Brasil, se deshizo de Países Bajos en los penaltis y despidió a la coanfitriona Canadá con un 3-0 clínico pese a tirar solo cinco veces. Máxima eficacia. Contra Francia, en cambio, se apagó. El peso de la baja de Ismael Saibari se notó demasiado en ataque.

No fue la revolución de hace cuatro años, pero sí un torneo notable para un equipo que ya se ha acostumbrado a vivir entre la élite.

Paraguay, del pico ante Alemania al muro francés

Paraguay firmó una de las grandes sorpresas del torneo eliminando a Alemania en los dieciseisavos. Un triunfo que se inscribe entre las noches más grandes de su historia. Repetirlo ante Francia fue otra historia. El escalón resultó demasiado alto.

Frente al equipo de Didier Deschamps apenas pudo morder con balón, pero se convirtió en un rival durísimo de derribar, incómodo, correoso. Un aviso para futuras selecciones: Francia sufre cuando el partido se le vuelve espeso.

Teniendo en cuenta que empezó el Mundial encajando un 4-1 ante Estados Unidos, el recorrido paraguayo deja un sabor mejor de lo esperado.

México, silencio en el Azteca

El Azteca, inexpugnable en Mundiales, cayó. México llegó al cruce contra Inglaterra sin haber recibido un solo gol en el torneo. Todo se desmoronó con el doblete relámpago de Jude Bellingham. Ni siquiera la expulsión de Quansah antes de la hora de juego abrió el partido.

Centros y más centros. Una y otra vez. Pero sin filo. México llenó el área de balones y no de ocasiones claras. Le faltó el punto de calidad que sí exhibió su rival. Se marcha con el nombre de Julian Quiñones grabado en la memoria: cuatro goles en cinco partidos, el faro ofensivo de un equipo que no encontró el camino en su propia casa.

Colombia, una ocasión perdida desde los once metros

Colombia tuvo la eliminatoria contra Suiza donde quería: ocasiones, sensación de superioridad, el rival aculado. Le faltó el gol. El desenlace llegó en los penaltis, con un castigo cruel para un equipo que se veía retando a Argentina en cuartos, con el recuerdo aún fresco de la final de Copa América perdida hace dos años.

En la fase de grupos, Colombia había brillado. Mandó ante Portugal en un 0-0 engañoso que le dio el liderato de su grupo, y superó a Ghana en los dieciseisavos. El camino apuntaba lejos. El muro suizo lo frenó en seco.

Estados Unidos, golpe de realidad ante Europa

El cruce frente a Bélgica dejó una conclusión clara para Estados Unidos: aún están un peldaño por debajo de las grandes potencias europeas. Ni siquiera con Folarin Balogun en el centro de la polémica y sobre el césped encontraron respuestas. La derrota fue clara, sin matices.

El contraste con la fase de grupos y el triunfo ante Bosnia y Herzegovina en los dieciseisavos fue brutal. El equipo que había ilusionado al país se despidió de su Mundial con una actuación plana, muy lejos de su techo reciente. Lo que ocurrió alrededor de Balogun quizá nunca se mida del todo; lo que sí quedó a la vista fue la brecha competitiva en el momento clave.

Egipto, rebelión contra el campeón

Egipto llegó señalado como eterno candidato que nunca cumple. Salió del torneo con la etiqueta hecha añicos. Le plantó cara a Argentina en los octavos, la castigó al contragolpe y mandó en el marcador durante buena parte del encuentro antes de derrumbarse en el tramo final.

Ya había roto su maldición con su primer triunfo mundialista ante Nueva Zelanda y su primera victoria en eliminatorias, contra Australia en los penaltis. Ante Argentina, con 2-0 a favor, le faltó colmillo para cerrar el partido, bajar el ritmo, enfriar el juego. Pagó carísimo ese aprendizaje, pero se marcha habiendo hecho historia.

Canadá, debutante ambiciosa y dudas razonables

Canadá por fin sumó su primer punto en un Mundial y, por primera vez, pisó las rondas de eliminación directa. Sobre el papel, un éxito. La derrota 3-0 ante Marruecos en octavos deja, sin embargo, una sensación amarga: el marcador se disparó tras una primera parte llena de ocasiones desperdiciadas.

El contexto también pesa. Su grupo fue de los más accesibles del torneo y sus únicas victorias llegaron ante Qatar y Sudáfrica. Con los años de inversión y trabajo para construir una selección a la altura de un país anfitrión, la pregunta queda flotando: ¿basta con esto?

Su gran reto ya no es este Mundial, sino convertir esta presencia en costumbre.

Cabo Verde, el cuento que nadie quería que acabara

Cabo Verde se adueñó del corazón neutral del torneo. Empató 0-0 con España, se coló por delante de Uruguay en la fase de grupos sin ganar un solo partido y se presentó en octavos como una de las historias más románticas del verano. Su mejor versión, sin embargo, la reservó para el día más grande: Argentina.

Dos veces se levantó del golpe ante la campeona del mundo. Vozinha, portero revelación del torneo, firmó ocho paradas, incluida una mano enorme en un mano a mano con Messi. Roberto ‘Pico’ Lopes volvió a ser un gigante atrás. Y Sidny Lopes Cabral dejó una obra de arte desde un ángulo imposible, candidata a mejor gol del campeonato.

Se van, pero lo hacen dejando una estela que tardará en borrarse.

Brasil, otra caída que agranda la sequía

Brasil vuelve a casa con la sensación de déjà vu. El país de los cinco títulos enlazará 28 años sin levantar la Copa del Mundo en la próxima edición. Ni siquiera Carlo Ancelotti, sinónimo de finales ganadas, pudo evitar una eliminación temprana en octavos.

Contra Noruega, el equipo se mostró plano, pasivo, sin colmillo ante un rival al que no ha logrado vencer en cinco enfrentamientos. Neymar apareció tarde y se marchó con una imagen amarga: provocador con el portero rival en su penalti de la honra, enzarzado con Odegaard y roto en lágrimas al final.

La camiseta amarilla pesa como nunca cuando el trofeo se aleja tanto.

Portugal y el último Mundial de Ronaldo

Portugal enseñó su verdadero nivel solo una vez: el 5-0 ante la debutante Uzbekistán. En octavos, ante España, se vio atrapada en una especie de letargo. El equipo de Roberto Martínez solo reaccionó cuando ya perdía por un gol en el tiempo añadido. Demasiado tarde.

Cristiano Ronaldo se despide de los Mundiales dejando otra marca histórica: gol en seis ediciones y su primer tanto en rondas eliminatorias, de penalti contra Croacia. En juego, sin embargo, fue un delantero residual. El torneo se cierra para él y para Portugal con la sensación de oportunidad desperdiciada.

Países Bajos, del vértigo al derrumbe

La fase de grupos de Países Bajos invitaba al optimismo: 5-1 a Suecia, ataque fluido con Cody Gakpo, Brian Brobbey y Crysencio Summerville conectando con facilidad. La recompensa fue un cruce durísimo: Marruecos en octavos.

Ronald Koeman optó por blindarse con cinco defensas. El plan aguantó hasta casi el final, cuando Marruecos forzó el empate. La tanda de penaltis fue un drama: fallaron tres de cinco lanzamientos y quedaron fuera. La eliminación, temprana para sus aspiraciones, desembocó en la dimisión de Koeman.

Alemania, otro golpe a su imagen de gigante

Alemania volvió a tropezar en un Mundial que parecía encaminado tras las goleadas iniciales. Arrasó a Curazao, ganó a Costa de Marfil sobre la bocina… y se descompuso ante Ecuador con una derrota 2-1 jugando con un once casi de gala. Una señal que se confirmó después.

En los dieciseisavos, Paraguay la mandó a casa. El gol de Jonathan Tah en la prórroga fue anulado por una supuesta obstrucción al portero, una decisión que dejó mucha rabia, pero que no tapa la realidad: no debería haber llegado a ese extremo frente a un rival que había sido arrollado 4-1 por Estados Unidos días antes.

Tras dos Mundiales seguidos cayendo en fase de grupos, esta vez se despide en el primer cruce. Para completar el cuadro, la primera derrota de su historia en una tanda de penaltis mundialista y la salida de Julian Nagelsmann del banquillo. El gigante sigue sin encontrar el rumbo.

Japón, fútbol valiente y demasiadas bajas

Japón enamoró en la fase de grupos. Equipo solidario, sin egos, alegre con balón. Tanto que muchos lo veían con opciones serias de poner contra las cuerdas a Brasil en los dieciseisavos. Lo hizo durante buena parte del partido, incluso se adelantó con un gol de Kaishu Sano.

Brasil respondió con la misma energía y acabó imponiendo su pegada con un tanto en el tiempo añadido. Queda la sensación de que esta selección habría llegado más lejos sin la plaga de lesiones que la golpeó: Kaoru Mitoma, Takefusa Kubo y Wataru Endo llegaron tocados o cayeron durante el torneo. Demasiado lastre para un equipo que pedía continuidad.

Senegal, colapso en seis minutos

Senegal tuvo a Bélgica contra las cuerdas. Ganaba 2-0 en el minuto 86 y ya miraba de reojo el siguiente cruce. En seis minutos, todo se vino abajo. El penalti transformado por Youri Tielemans en la prórroga cerró una remontada brutal y dejó al equipo destrozado.

El golpe llega meses después de perder la corona de la AFCON. Duele más porque Senegal mostró tramos de altísimo nivel, con un golazo de Ismaila Sarr —control en el pecho y volea a la escuadra— y una puesta en escena valiente también ante Francia en la fase de grupos. La calidad está ahí. El final, sin embargo, fue devastador.

Costa de Marfil, talento joven y un problema evidente

Costa de Marfil se marcha con un mensaje mixto. Solo perdió ante Alemania en la fase de grupos y contra Noruega en los dieciseisavos. Ganó a Ecuador y Curazao, demostrando que está en el grupo de perseguidores inmediatos de la élite, pero todavía un paso por detrás.

La buena noticia: fue la selección más joven del torneo. Amad brilló con un gol decisivo ante Ecuador y una acción individual sensacional contra Noruega. Yan Diomande dejó destellos de jugador de gran traspaso. La mala: ningún delantero centro vio puerta. Demasiado peso para dos jugadores creativos.

Croacia, el posible adiós de Modric

Croacia, finalista en 2018 y tercera en 2022, se quedó esta vez en los dieciseisavos, eliminada por Portugal con un gol en el tramo final. En la fase de grupos fue segunda tras Inglaterra, castigada por un 4-2 en el debut ante el equipo de Tuchel, aunque reaccionó con triunfos ante Panamá y Ghana.

Toda la atención se centra ahora en Luka Modric. A sus 40 años y con un Balón de Oro en la vitrina, puede haber jugado su último partido con la selección. Croacia sabe que no habrá reemplazo posible.

Suecia, de la nada a competir otra vez

Hace poco más de un año, Suecia cerraba una fase de clasificación para el Mundial como colista de su grupo, por detrás de Kosovo, Eslovenia y Suiza, sin una sola victoria. Bajo el mando de Graham Potter, el giro ha sido notable.

Superó a Ucrania y Polonia en la repesca, debutó en el torneo con un 5-1 a Túnez y empató con Japón. La derrota ante Francia en los dieciseisavos entra dentro de la lógica. Con Alexander Isak, Viktor Gyökeres y Anthony Elanga, el potencial ofensivo está ahí. Falta constancia para dar el siguiente salto.

Ecuador, defensa de hierro y pólvora mojada

Ecuador edificó su Mundial desde atrás. Equipo compacto, difícil de superar, pero con un problema evidente en el área rival: solo dos goles en cuatro partidos, ninguno ante Curazao. Su gran noche llegó con el 2-1 a Alemania, un triunfo que quedará en la memoria.

En los cruces, México le expuso la falta de colmillo. Enner Valencia, a sus 36 años, nunca terminó de entrar en el torneo. El peso ofensivo recayó en futbolistas de perfil defensivo como Moisés Caicedo, William Pacho y Piero Hincapié. Este último acabó expulsado en el añadido por un gesto de confrontación tapándose la boca. Un final tan bronco como frustrante.

Ghana, por encima del ranking y con futuro

Ghana aterrizó como la 73ª selección del mundo según la FIFA, segunda peor del torneo. Sobre el césped demostró que esa cifra no le hacía justicia. Ganó a Panamá en su estreno y se ganó el pase con un 0-0 heroico ante Inglaterra, en el que el árbitro le negó un penalti muy reclamado en el tramo final.

En los dieciseisavos, Colombia impuso su mayor talento. Sin Mohammed Kudus, lesionado, a Ghana le faltó chispa arriba. Aun así, el torneo deja una base sobre la que reconstruir tras años de irregularidad.

Austria, regreso al Mundial con techo claro

Austria se aferró al torneo hasta el último suspiro de la fase de grupos, clasificándose en un final dramático ante Argelia. En los dieciseisavos, España la devolvió a su sitio con una victoria clara.

El equipo de Ralf Rangnick mostró capacidad para hacer daño: dos partidos con tres goles anotados en la fase de grupos. Cuando el nivel del rival subió —Argentina y la propia España—, no logró sostenerse ni atrás ni adelante. Para su primer Mundial desde 1998, el paso fue corto pero significativo.

Australia, orgullo y límite competitivo

El 2-0 a Turquía fue uno de los primeros terremotos del torneo. Australia, construida para sufrir atrás y golpear al espacio, se ganó la etiqueta de selección incómoda. Luego le faltó acierto. Ni ante Egipto ni ante otros rivales pudo replicar la precisión de su debut, pese a llegar a empatar tras ir por detrás ante los africanos.

Acabó cayendo en los penaltis frente a Egipto, pero encadenó dos Mundiales alcanzando las rondas de eliminación directa. Para una selección acostumbrada a ir a contracorriente, no es un botín menor.

Argelia, entre generaciones

Argelia se despidió en los dieciseisavos ante Suiza con una actuación plana, sin ocasiones claras. No es el final soñado, pero deja algún rayo de luz. Riyad Mahrez, a sus 35 años, por fin vio puerta en un Mundial. Y el extremo Anis Hadj Moussa, de 24 años y en el Feyenoord, se perfila como uno de los herederos naturales de su protagonismo.

El problema es el punto vital de muchos de sus líderes. No están en su mejor edad competitiva y la sensación es que Senegal, Costa de Marfil o Marruecos están un paso por delante.

RD Congo, estreno serio en las eliminatorias

La República Democrática del Congo, en su segundo Mundial tras el de 1974 como Zaire, dio un paso histórico al colarse en las rondas de eliminación directa como una de las mejores terceras. Un empate con Portugal y una victoria ante Uzbekistán en el Grupo K le abrieron la puerta.

En los dieciseisavos, golpeó primero a Inglaterra con un tanto de Brian Cipenga y obligó a trabajar al máximo a los de Tuchel. El portero Lionel Mpasi coqueteó con el estatus de héroe del torneo antes de ser finalmente batido. Se va con una imagen muy positiva.

Bosnia y Herzegovina, primer paso dado

Bosnia y Herzegovina logró su primera clasificación a una fase de eliminación como país independiente gracias a una victoria ante Qatar y un empate frente a Canadá. La derrota contra Estados Unidos frenó su avance, pero el torneo deja una estampa imborrable: el recuerdo de haber dejado fuera a Italia en la repesca europea.

Sudáfrica, a segundos de algo grande

Tras caer ante México en el debut, ni los más optimistas imaginaban a Sudáfrica en octavos. Lo logró por primera vez en su historia y rozó forzar la prórroga ante la coanfitriona Canadá antes de encajar en el tiempo añadido. La derrota dolió por su forma, pero el balance general es de avance.

Hugo Broos se despide como el técnico de más edad en dirigir un partido de eliminatorias en un Mundial. Una nota de color en una campaña que puede servir de punto de partida.

Irán, eliminada sin perder

Irán vivió un carrusel emocional en su último partido de grupos. Marcó un gol en el añadido ante Egipto que habría supuesto la clasificación, lo vio anulado por un fuera de juego milimétrico y aún tuvo tiempo de estrellar un disparo en el larguero. La victoria le habría dado el pase directo.

Sin ese resultado, quedó pendiente de terceros. Con tres puntos y diferencia de goles neutra, necesitaba una carambola. Durante unos minutos, el tanto de Argelia en el descuento de su último partido le metía en octavos. El empate posterior de Austria lo dejó fuera. Todo esto, con el equipo obligado a volar dentro y fuera de territorio estadounidense en medio de un conflicto militar con uno de los anfitriones. Se marcha sin haber perdido un solo partido. Y con una herida difícil de cerrar.

Nueva Zelanda, el brillo de Elijah Just

Nueva Zelanda se marcha sin puntos pero no sin recuerdo. Elijah Just, con tres goles, se convirtió en una de las irrupciones del torneo. También quedarán en la memoria las acciones de Chris Wood en el estreno ante Irán.

Después de ese primer partido, el equipo fue arrollado por la superioridad de Egipto y Bélgica. Pese a todo, volvió a un Mundial por primera vez desde 2010 y dejó su propia figura viral en Tim Payne. El siguiente objetivo está claro: superar por fin la fase de grupos.

Turquía, la gran decepción

Pocas selecciones se quedaron tan lejos de lo esperado como Turquía. Con un grupo que invitaba a pensar en una clasificación cómoda por delante de Australia y Paraguay, se marchó eliminada con un partido de margen.

El 3-2 a Estados Unidos en el cierre del grupo maquilló el desastre, con los primeros goles del torneo, pero ya era tarde. El proyecto aterriza en casa con más preguntas que respuestas.

Uruguay, autodestrucción en directo

Uruguay se metió en un lío desde el inicio. Dos empates ante Arabia Saudí y Cabo Verde la obligaron a jugarse la vida contra España. Nunca dio la sensación de poder ganar. Y cuando el partido se puso cuesta arriba, el equipo de Marcelo Bielsa se desplomó.

Un error grosero en la portería y una expulsión terminaron de sentenciar a una selección que había igualado en puntos a Brasil y Colombia en la clasificación sudamericana. En el Mundial, esa versión nunca apareció.

Arabia Saudí, dura de roer pero sin salto

Arabia Saudí retrocedió respecto a 2018 y 2022, cuando al menos logró una victoria en la fase de grupos. Esta vez se quedó en dos empates y una eliminación temprana. Solo una vez en su historia ha alcanzado las rondas de eliminación directa, en 1994.

La base, no obstante, no es mala. Compitió, se hizo difícil de batir y mira al futuro con la ventaja de un campeonato doméstico en plena expansión y el horizonte de ser anfitriona en 2034.

Corea del Sur, caída tras un buen inicio

Corea del Sur arrancó con un 2-1 ilusionante ante la República Checa. Después, se apagó. Derrotas sin marcar ante México y Sudáfrica la dejaron con tres puntos y un -1 en la diferencia de goles, insuficientes para pasar como una de las mejores terceras. Un paso atrás respecto a 2022, cuando dejó fuera a Uruguay y Ghana.

El dato más llamativo: Son Heung-min, capitán y gran estrella, no encontró su sitio y acabó perdiendo la titularidad en el último encuentro.

Escocia, regreso amargo y despedida en el banquillo

Escocia volvió a un Mundial tras 28 años de espera. Duró solo la fase de grupos. Los tres puntos ante Haití no bastaron: el 3-0 encajado contra Brasil dejó una diferencia de goles de -3 que la sacó de la carrera por ser una de las mejores terceras.

La eliminación se confirmó por resultados ajenos y dejó una consecuencia inmediata: la dimisión de Steve Clarke tras siete años al mando.

Curazao, pequeña en tamaño, grande en carácter

Curazao, el país más pequeño del torneo, se lleva un punto, un gol histórico y una buena imagen. El empate ante Ecuador llegó gracias a las manos de Eloy Room y al tanto de Livano Comenencia, el primero de su selección en un Mundial.

El 7-1 encajado ante Alemania en el debut parecía anunciar un desastre mayor. El equipo se recompuso y compitió mejor de lo esperado en los siguientes encuentros. Se marcha sin premio deportivo, pero con respeto ganado.

República Checa, de la pelea en la repesca al desplome

La República Checa llegó al Mundial tras eliminar a la República de Irlanda y Dinamarca en las repescas europeas, un camino que hablaba de carácter. En el torneo, ese espíritu se diluyó. Necesitaba ganar a México en el último partido de grupo y perdió 3-0.

El único punto lo sumó ante Sudáfrica. Demasiado poco para un equipo que aspiraba a algo más que cerrar la clasificación de su grupo.

Uzbekistán, estreno duro pese al cartel en el banquillo

Uzbekistán debutó en un Mundial con tres derrotas, pero dejó alguna chispa. Compitió bien por momentos ante Colombia y llegó a adelantarse frente a RD Congo. El premio nunca llegó.

Se midió a Cristiano Ronaldo en el que apunta a ser su último Mundial y fue testigo de otro registro histórico: el gol del portugués en su sexta edición. Ni siquiera la presencia de Fabio Cannavaro en el banquillo evitó una sangría de 11 goles encajados en tres partidos.

Panamá, sin gol pero más sólida

Panamá se despidió como la única selección del torneo sin marcar un gol. Cayó 2-0 ante Inglaterra en el último partido, cuando ya estaba eliminada. Y aun así, el paso adelante respecto a 2018 es evidente: entonces recibió 11 tantos; ahora, perdió por la mínima ante Ghana y Croacia.

Si consigue añadir algo de amenaza ofensiva —y dejó algún destello, sobre todo contra Inglaterra—, tiene una base competitiva sobre la que crecer.

Jordania, estreno con gol pero sin freno atrás

Jordania cerró su primera participación mundialista con una jornada de margen tras perder ante Austria y Argelia. Marcó en sus tres partidos, incluido el último frente a Argentina, pero nunca logró reducir el caudal ofensivo de sus rivales como sí hicieron otras debutantes apoyadas en porteros inspirados.

Se va con la experiencia acumulada y la sensación de que el salto físico y táctico es asumible si mantiene este camino.

Haití, alegría pese al grupo imposible

Haití llegó a su primer Mundial desde 1974 y se topó con un grupo despiadado: Marruecos y Brasil, dos selecciones del top-10 mundial. Con la eliminación ya asegurada, jugó sin cadenas contra los marroquíes y cayó 4-2, pero dejó una joya: el gol de Wilson Isidor, para el recuerdo.

La esperanza pasa por un sorteo más benévolo la próxima vez. El espíritu competitivo ya lo tiene.

Qatar, de la ilusión al desplome

Qatar arrancó con un punto ilusionante ante Suiza. Parecía una base sobre la que construir. La realidad llegó en el segundo partido: 6-0 ante Canadá, dos expulsados y una de las actuaciones más flojas de toda la fase de grupos. El 3-1 ante Bosnia y Herzegovina en la última jornada certificó la eliminación.

Ni siquiera Julen Lopetegui pudo enderezar el rumbo de un equipo que no logró sostener la presión de jugar su segundo Mundial consecutivo.

Iraq, demasiado castigo ante gigantes

Iraq se encontró en un grupo con Haaland y Mbappé al otro lado. Demasiado para una selección que volvía a un Mundial por primera vez desde 1986. Su momento de orgullo llegó con el gol de Aymen Hussein a Noruega, marcado después de que el capitán pasara varias horas retenido e interrogado por las autoridades de inmigración estadounidenses a su llegada.

Contra Senegal, un tanto encajado a los cuatro minutos y una expulsión temprana destrozaron cualquier plan. El torneo se cerró con un 5-0 en contra.

Túnez, hundida desde el primer día

Túnez nunca encontró el pulso del torneo. El 5-1 encajado ante Suecia en el debut costó el puesto a Sabri Lamouchi. La llegada de Hervé Renard no cambió el guion: nuevas goleadas ante Japón y Países Bajos, un equipo desbordado en todas las líneas.

Acabó con una diferencia de -10 goles. Solo Iraq sufrió un margen peor. Un cierre duro para una selección acostumbrada a competir mejor en la escena internacional.

El Mundial ha dejado héroes inesperados, gigantes tambaleantes y selecciones que han roto techos históricos. Y mientras Inglaterra se prepara para mirar a los ojos a Haaland, la pregunta ya flota en el aire: ¿quién será el próximo en derribar la puerta de la élite?