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James McClean critica la situación de Derry City tras eliminación europea

La noche en que Derry City cerró la puerta a Europa, James McClean abrió otra, de golpe, hacia el interior del club. El equipo cayó 0-1 en casa ante Rijeka, derrota que certificó un 0-2 global y su adiós a la Conference League, y el veterano internacional irlandés volvió a dejar claro que su paciencia con la situación se ha agotado.

Ni un solo minuto sobre el césped. Ni siquiera en el banquillo. McClean, que ya había sido suplente sin jugar en la ida, se quedó fuera de la convocatoria en el Brandywell. Antes del partido se le vio con la sudadera del club y una gorra con un mensaje tan sencillo como elocuente: “JOKER”. El gesto no pasó desapercibido. Tampoco lo que vino después.

No es un problema de esfuerzo

Tras la eliminación, el jugador de 37 años acudió a Instagram para disparar hacia arriba, lejos del vestuario. En su mensaje, defendió con firmeza el compromiso del grupo y apuntó a “otro lugar” como origen del problema.

“Rovers, Bohs, Shels, Larne han pasado eliminatorias en Europa este año. Nosotros jugamos cuatro, perdimos cuatro”, escribió, poniendo el dedo en la llaga de un balance continental demoledor.

La comparación no era gratuita. “Y lo siento, hay que decirlo: tenemos una plantilla, como mínimo, tan buena como la de esos clubes, si no mejor, sobre el papel”, añadió. El mensaje era claro: el talento está, los resultados no.

McClean insistió en separar a sus compañeros de la diana de las críticas: “Si ves los partidos, los chicos no están perdiendo por falta de esfuerzo. Así que claramente hay un problema en algún sitio”. Un problema estructural, de dirección, de ideas… pero no de actitud, según su lectura.

Y remató apelando a su trayectoria: “Dado que estoy ahí cada día y tengo el currículum para dar mi opinión, la voy a dar, le guste a quien le guste. Si no te gusta, discúlpame por no preocuparme por tu opinión, teniendo en cuenta que el 99,9% de los que tanto hablan nunca han jugado un partido profesional en su vida”.

No son palabras al aire. Son un desafío frontal al statu quo del club.

De regreso soñado a temporada gris

El contexto hace que el golpe sea aún más duro. McClean regresó a su ciudad natal antes de la temporada 2026 como fichaje estrella, símbolo de ambición y de un proyecto que aspiraba a pelear por todo en casa y hacerse un hueco digno en Europa. Sobre el papel, encajaba todo.

Sobre el césped, casi nada.

Derry City, subcampeón doméstico en 2025 bajo el mando de Tiernan Lynch y competitivo en su eliminatoria de Europa League ante CSKA Sofia —cayeron 5-3 en un cruce bronco marcado por graves incidentes de la afición visitante en el Brandywell—, ha dado un paso atrás este curso. El equipo se ha desinflado en liga y ahora vaga en una discreta sexta plaza, lejos de la pelea por el título.

En Europa, el sorteo volvió a ser cruel. Después de CSKA Sofia, tocó Rijeka, verdugo de Shelbourne en la Europa League del año pasado. Esta vez, sin embargo, no hubo épica ni sensación de crecimiento. Mientras Shelbourne y Bohemians celebraban su pase en la misma noche, Derry se despedía en silencio.

El contraste con sus rivales directos en la isla es precisamente el eje del discurso de McClean: si Rovers, Bohs, Shels y Larne avanzan y tú no, algo se está haciendo mal. Y no es solo cuestión de mala suerte.

Un malestar que ya venía de lejos

El rendimiento del propio McClean tampoco ha estado a la altura de las expectativas. Su temporada ha sido floja, lejos de la influencia que se le presumía al regresar a casa. Y, aun así, no ha dejado de hablar. Ni de insinuar que lo prometido y lo vivido no coinciden.

Hace poco, durante la cobertura del Mundial en RTÉ, dejó caer unas frases que hoy suenan todavía más cargadas de significado. “Mi familia ha disfrutado de estar en casa. Probablemente yo no tanto, si soy sincero. Tienes muchas conversaciones por teléfono. Luego vuelves y te das cuenta de que lo que oyes por teléfono no es lo que ves en realidad”.

Era un aviso. Lo de ahora, una acusación abierta.

Derry City se encuentra en una encrucijada: un vestuario al que su gran figura defiende en público, un proyecto que se estanca mientras los rivales avanzan, un regreso ilusionante convertido en desencanto. La eliminación ante Rijeka cerró una campaña europea corta y dolorosa.

Lo que McClean ha dejado entrever es otra cosa: que, si el club no mira de frente ese “problema en algún sitio”, lo más duro para Derry puede que aún no haya empezado.