John Heslin y el impacto de la victoria de Mayo en Westmeath
El eco del domingo aún retumba en todo el país. Mayo, por fin, levantó la Sam Maguire y puso fin a 75 años de espera, una liberación que va mucho más allá de un solo condado. Para John Heslin, alma de Westmeath, ese triunfo no es solo una historia ajena: es combustible.
Invitado al programa Inside Sport en RTÉ Radio 1, sentado junto a Brendan Devenney y Ciarán Whelan, el delantero de Mullingar no escondió lo que le despertó la gesta del equipo de Andy Moran.
Dio en el centro de la cuestión: el efecto dominó.
Según Heslin, el título de Mayo ha encendido algo en todos los vestuarios del país, especialmente en lugares como Westmeath, donde la lucha suele ir por delante del reconocimiento. “Te da esperanza”, vino a decir. Y para un deportista, esa palabra lo es casi todo. No suena a discurso vacío: en su voz hay hambre. Hambre de seguir.
A sus 34 años, podría haberse permitido mirar atrás con calma. De hecho, ya lo había hecho: se había retirado del fútbol intercondal y pasó casi año y medio fuera del panel. Pero volvió. Y ahora no tiene ninguna intención de volver a irse.
“Soy todavía jugador de Westmeath”, comentó con ironía, recordando una ronda de golf reciente con el seleccionador Mark McHugh. Mientras el entrenador no le diga lo contrario, Heslin se considera disponible. Y con ganas.
Un año histórico que no solo se escribió en Castlebar
Es lógico que la portada de la temporada sea Mayo, pero Westmeath también se abrió paso entre los gigantes. Con Heslin de regreso, el condado conquistó apenas su segundo título de Leinster, derrotando a Dublin en una final vibrante en Croke Park el pasado mayo. Para cualquier otro equipo sería una epopeya eterna. Para él, curiosamente, no fue “su” partido del año.
Cuando le pidieron elegir el encuentro que más le marcó, Heslin no se quedó en la postal reciente de Croke Park. Prefirió rebobinar un poco más. Se fue a Tullamore, a un día que él vivió desde la grada, no desde el césped: la impactante victoria de Westmeath en cuartos de final ante un Meath muy favorito.
Aquel 4-18 a 0-25 no solo fue un marcador abultado; fue una sacudida. Un aviso. Y Heslin lo vivió como cualquier otro aficionado, lejos del vestuario, antes de recibir la llamada que lo traería de vuelta. De hecho, admite que cuando regresó al panel sentía casi que lo estaban rescatando de la tribuna, como si hubieran elegido a un hincha más entre la multitud.
Su sinceridad tiene peso. Antes de reincorporarse, ya había dicho públicamente que sería “genial” que Westmeath lograra por fin tumbar a Dublin, aunque eso tuviera un punto agridulce para los veteranos que habían sufrido la hegemonía azul durante años. Lo sabía bien: durante las 14 temporadas en las que había vestido la camiseta del condado, Dublin se había llevado siempre el Leinster Championship. Siempre. Hasta ahora.
Por eso, cuando por fin levantó el trofeo, se sintió afortunado. Pero a la hora de elegir un partido, decidió dejar ese hito a un lado para que los compañeros que ganaron en su ausencia recibieran todo el foco que merecen.
El día en que los jóvenes de Westmeath anunciaron algo distinto
Su elección, entonces, fue clara: Westmeath contra Meath en Tullamore. Un duelo cargado de historia y complejos. Westmeath no suele superar a Meath en el campeonato; lo reconoce sin rodeos. Aquella tarde llegaron como “severe underdogs”, con Meath señalado, y con razón, como uno de los grandes candidatos al título de Leinster.
Y, sin embargo, algo se encendió en ese grupo.
Heslin habla de los jóvenes con una mezcla de orgullo y asombro. “Los chavales estuvieron irreales”, viene a ser su resumen. No exagera. Los puntos que anotaron, la confianza con la que jugaron, marcaron un antes y un después. Hubo momentos para el recuerdo: el golazo de Shane Corcoran, una auténtica maravilla; el tanto de Matty Whittaker, que luego encadenó actuaciones tan sólidas que terminó entrando en el Sunday Game Team of the Year.
Ese día, Tullamore fue mucho más que un escenario neutral. Fue el lugar donde Westmeath dejó de pedir permiso. Donde se percibió, casi físicamente, que este grupo tiene algo especial entre manos.
Heslin lo recuerda con la doble mirada que lo define ahora: la del hincha que vibró en la grada y la del jugador que, de nuevo, forma parte del vestuario. “Ese partido va a vivir mucho tiempo en mi memoria”, admite. Y no hace falta que lo subraye: se nota que lo dice desde el corazón.
Mientras Mayo celebra el final de una larga maldición, Westmeath mira su propio camino con otra luz. No hay garantías, no hay promesas. Hay algo más peligroso para los rivales: un equipo que ya ha probado lo que se siente al romper viejos guiones… y un líder veterano que, lejos de pensar en la retirada, quiere seguir escribiendo capítulos.






