José Mourinho regresa al Real Madrid: un nuevo desafío
Quince años después, el fútbol ha cambiado, España ha cambiado, el Madrid ha cambiado. Pero la misión de José Mourinho suena muy familiar: derribar a un Barcelona que encadena dos Ligas seguidas y devolver al club blanco a la cima con un vestuario lleno de estrellas.
En 2010, España acababa de proclamarse campeona del mundo con un gol de un jugador del Barça en una final bronca, contra un rival con diez que intentó literalmente sacarlos del partido a patadas. Hoy el contexto es distinto, pero el reto es casi calcado. Y el hombre elegido, otra vez, es el mismo.
El regreso de Florentino y su candidato de orden
Florentino Pérez también sigue en su sitio. Y esta vez, el regreso de Mourinho es una decisión muy personal del presidente. Después de que el director general, José Ángel Sánchez, liderara el intento de apostar por Xabi Alonso el verano pasado, el mandatario de 79 años ha tomado el mando absoluto del proceso.
Prometió que Mourinho volvería si era reelegido en las elecciones anticipadas de junio. Cumplió al estilo Florentino: anuncio en el día de apertura de un Mundial, foco global y mensaje claro de autoridad. El técnico que conquistó una Liga de 100 puntos vuelve como el gran candidato del “orden y ley” en un club que terminó la temporada pasada sumido en el caos.
Jorge Valdano, que convivió con Mourinho en su primera etapa desde los despachos, ve un escenario muy distinto. “Han pasado casi 15 años: el fútbol ya no es el mismo, la sociedad no es la misma, Florentino ya no es el mismo y Mourinho, desde luego, tampoco”, declaró en A Bola. El tiempo ha pasado para todos, pero el portugués regresa con la misma potencia mediática de siempre.
Un vestuario al límite y un club desquiciado
La elección no se entiende sin el derrumbe del último curso. Ni el despido de Xabi Alonso en enero frenó la caída. Con Álvaro Arbeloa al mando, la temporada del Madrid se deshilachó por completo.
En mayo, Federico Valverde terminó en el hospital, con puntos de sutura, tras una pelea con Aurélien Tchouaméni. Días después, el equipo entregó la Liga en un clásico perdido y cerró el año sin títulos. Fuera del campo, el ambiente era tóxico: una petición online para que Kylian Mbappé se marchara alcanzó los 30 millones de firmas y los rumores sobre el futuro de Vinícius Júnior, a un año de acabar contrato, no cesaban.
El club necesitaba una figura que impusiera jerarquía. Mourinho encaja ese perfil como pocos. Y esa imagen de “sheriff” ha pesado tanto como su currículum.
Un verano sin ruido y con un mensaje interno
No todo ha salido perfecto en los despachos. Atlético de Madrid rechazó una oferta de 129 millones de libras por Julián Álvarez, y Barcelona está mejor posicionado para llevarse a Rodri desde Manchester City. Pero el Madrid, por primera vez en mucho tiempo, desprende calma.
Mourinho empezó a trabajar un mes antes de que su contrato entrara en vigor. No ha habido presentación oficial ante la prensa. Solo una breve entrevista para los medios del club, tono severo y una frase que deja claro su discurso: “No se trata de trabajar en el Real Madrid, se trata de trabajar para el Real Madrid”. El resto de titulares se reservan para su nueva serie documental en Netflix.
Tampoco ha habido gira global con paradas comerciales por medio mundo. Pretemporada de perfil bajo, amistosos discretos por Europa y mucho trabajo interno. Un giro drástico respecto a los veranos de foco permanente.
La noticia clave, entre tanto ruido apagado, llegó por la izquierda: Vinícius firmó un nuevo contrato por seis años. “Vinícius se ha convertido en uno de los jugadores más importantes en uno de los periodos más exitosos de nuestra historia”, comunicó el club. Blindarlo era innegociable.
Encajar a Vinícius, Mbappé, Bellingham… y un nuevo galáctico
Ahora le toca a Mourinho resolver el rompecabezas. Debe encontrar un sistema que exprima al máximo a Vinícius, Mbappé y Jude Bellingham. Y, además, integrar a un fichaje que rompe todos los moldes: Yan Diomandé, extremo de 115 millones de libras que hace un año jugaba en el Leganés B, en la quinta categoría del fútbol español.
La historia de Diomandé golpea fuerte. Debutó con el primer equipo del Leganés en el Bernabéu en marzo de 2025. “¿Quién debuta con 18 años contra el Real Madrid? Era un sueño. Y luego fue una pesadilla”, escribió este verano en The Players’ Tribune, mientras brillaba con Costa de Marfil en el Mundial. El texto, crudo y emotivo, lo dedicó a su hermana Roxane, fallecida a los 15 años después de que le echaran algo en la bebida en una fiesta, pocas semanas después del estreno de su hermano en La Liga.
Hoy, ese chico que conoció el Bernabéu desde el otro lado se presenta como el nuevo galáctico del estadio. Y lo hará compartiendo banda izquierda con Vinícius, respaldado por un lateral que parece hecho a medida para Mourinho: Marc Cucurella.
El lateral español llega junto a nombres de peso como Bernardo Silva, Ibrahima Konaté, Denzel Dumfries y el delantero de 1,93, Carlos Espí. Fichajes con físico, carácter y capacidad táctica para adaptarse rápido a los automatismos del portugués. Pero, por encima de todos ellos, la figura que más miradas atraerá será la del entrenador.
Mourinho, la resurrección inesperada
Volver a sentarse en el banquillo del Bernabéu parecía, hace no tanto, ciencia ficción. Sus últimos pasos por la Premier League fueron a trompicones y su tour europeo dejó sensaciones dispares. Sin embargo, la pasada temporada lo devolvió al primer plano con una escena muy suya.
Con Benfica, firmó una remontada de Champions inolvidable precisamente ante el Real Madrid, culminada con un gol agónico del portero Anatoliy Trubin. Esa eliminatoria lo devolvió al escaparate de la élite.
No todo fueron aplausos. Sus declaraciones, decepcionantes, tras la denuncia de Vinícius contra Gianluca Prestianni por insultos racistas –el jugador de Benfica acabaría sancionado por la UEFA por “conducta homófoba”– fueron criticadas por Kick It Out, que las calificó como “una forma de gaslighting”. El episodio dejó una sombra incómoda. Arbeloa, que lo conoce bien, se limitó a encogerse de hombros: “Mourinho es Mourinho”.
De vuelta a Valdebebas, el reencuentro con Vinícius ha sido, al menos de puertas afuera, fluido. “Ha ido muy bien, conociendo al nuevo entrenador… Mourinho quiere que yo sea como siempre he sido: feliz, alegre y jugando mi fútbol”, dijo el brasileño al inicio de la pretemporada. No hay rastro público de rencores.
Una Liga que recupera viejos nombres
El regreso de Mourinho no es el único viaje al pasado que ofrece esta Liga. Racing Santander vuelve a Primera por primera vez desde 2012 y lo hace con uno de sus hijos pródigos: Sergio Canales, ahora con 35 años, que se marchó con 19 precisamente para fichar por el Madrid de Mourinho en aquel verano de 2010. “Todavía me cuesta creer que esto sea real”, confesó el centrocampista el mes pasado.
Deportivo y Málaga también regresan a la máxima categoría tras caer incluso a la tercera división en este tiempo. En Riazor, el gran reclamo es un veterano ilustre: Pierre-Emerick Aubameyang, que a sus 37 años se convierte en el fichaje estrella del proyecto.
En Madrid, Diego Simeone inicia su decimoquinta temporada completa al frente del Atlético. Lo hará sin Antoine Griezmann, pero con una inversión importante para reconstruir el ataque: la llegada de Lee Kang-in desde Paris Saint-Germain y el dorsal 7 que deja el francés marcan el nuevo ciclo rojiblanco. En el banquillo del derbi, el reencuentro con Mourinho promete electricidad.
Mientras, Manuel Pellegrini, el hombre al que Mourinho sustituyó en su primera etapa blanca, sigue al mando de un Real Betis asentado. Villarreal, otro de los cinco representantes españoles en la Champions, ha apostado por Iñigo Pérez tras su notable trabajo en Rayo Vallecano.
En el norte, Pellegrino Matarazzo, técnico estadounidense de la Real Sociedad, buscará prolongar la inercia del título de Copa del Rey conquistado en abril. En el otro gran banquillo vasco, el de Athletic Club, se rompe una tradición: por primera vez desde Jupp Heynckes en 2003, el equipo será dirigido por un alemán, Edin Terzic. El propio Heynckes le dejó una frase que define al club: “Athletic es el único club donde un apretón de manos es más importante que una firma”.
Barcelona sigue siendo el equipo a batir
Por mucho que el foco se pose sobre el nuevo Madrid de Mourinho, el campeón sigue vistiendo de azulgrana. Barcelona arranca como favorito para el título. Lo hace sin Robert Lewandowski, que se marcha a la Major League Soccer, y con un hueco evidente en la delantera mientras Atlético mantiene su resistencia por Julián Álvarez.
Hansi Flick tiene trabajo. Anthony Gordon llega para ocupar el rol que deja Marcus Rashford en la pelea por el extremo izquierdo, donde la fragilidad física de Raphinha abre la puerta a más rotación. En la derecha, con todos los respetos para Karim Adeyemi, la plaza tiene dueño.
Lamine Yamal no arrasó en el Mundial como muchos esperaban, pero volvió de Estados Unidos con una medalla de campeón del mundo… y con solo 19 años. Todo apunta a que será otra vez el gran agitador del ataque si Flick quiere igualar a Pep Guardiola y encadenar tres Ligas consecutivas.
El primer clásico llegará a finales de octubre, en el Camp Nou. Mourinho aterrizará allí con un viejo objetivo y un nuevo contexto. Del otro lado, un Barça campeón que no piensa soltar la corona. La Liga se abre con una pregunta clara: ¿quién impone su ley esta vez, el proyecto consolidado de Flick o el retorno incendiario de Mourinho al Bernabéu?






