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Kevin Ellison: de la Premier a la FA Cup a los 47 años

Kevin Ellison se ríe cuando recuerda su único partido en la Premier League. “Tuve cuatro toques y le hice una falta a Paul Scholes”, dice sobre aquella tarde de 2001 con Leicester City en Old Trafford. Cuatro toques, un golpe a una leyenda y nada más. Nunca volvió a pisar la élite.

La historia, sin embargo, no se acaba ahí. En realidad, casi empieza ahí.

De la obra al sueño de Leicester

Antes de ese salto, Ellison ya sabía lo que era que te cerraran la puerta en la cara. Su Liverpool natal lo había rechazado. Mientras Michael Owen y Steven Gerrard seguían en el sistema del club, él se quedó fuera con 15 años, con una carta escueta como despedida: gracias por el esfuerzo, buena suerte en el futuro.

“Pensé: ya está, nunca voy a ser futbolista”, recuerda. Su madre no le dejó hundirse: “arremángate, sigue trabajando y tu oportunidad llegará”. Él lo hizo. Primero en la liga de los domingos. Luego, en el barro de las categorías semiprofesionales.

A los 18 años debutó con Southport en la quinta categoría, saliendo desde el banquillo en una derrota 1-0 ante Telford en marzo de 1997. Cobró 65 libras en gastos. Poco glamour, mucha realidad.

Después llegaron Chorley y Conwy United, y más tarde Altrincham. Allí empezó a llamar la atención: 23 goles en 54 partidos de liga. Todo ello compaginando el fútbol con un trabajo a tiempo completo en una obra y repartiendo muebles: sofás, camas, armarios, lo que tocara.

Entonces, en 2001, apareció Leicester City con una oferta que lo cambiaba todo: 50.000 libras de traspaso y un contrato a tiempo completo. El club venía de ganar la League Cup con Martin O’Neill. Para un chico que había crecido a cinco minutos de Anfield, era el salto soñado.

“Me ofrecieron 650 libras a la semana y mi agente pidió más”, cuenta Ellison. Lo sacaron de la sala. A él le dejaron claro el ultimátum: o firmaba o se marchaba. Acabó arrancando 50 libras extra. Su agente insistía en que ya ganaba algo parecido trabajando y jugando a tiempo parcial. Pero Ellison lo tenía claro: “de niño, lo único que quería era ser jugador a tiempo completo”.

Un mes después, con 22 años, entraba en Old Trafford en el minuto 84. Enfrente, Roy Keane, Ole Gunnar Solskjaer, Scholes. El Leicester cayó 2-0. Ellison cumplió el sueño… y se cerró la puerta de la Premier para siempre.

El golpe invisible: la depresión

Lo que vino después fue mucho más duro que cualquier marcador. Tras aquel contrato de dos años y medio con Leicester, su carrera empezó a deslizarse hacia abajo en la pirámide del fútbol inglés. Bajó divisiones, llegaron los problemas económicos, las dudas, los miedos.

Y la depresión.

“El momento más oscuro fue conduciendo por la M6”, confiesa. “Lo recuerdo como si fuera ayer. Mis pensamientos eran: ‘¿la vida de los que me rodean sería mejor si estampo el coche contra la mediana a 100 millas por hora?’ Así de profundo llegué a caer”.

No fue un mal día. Fue una etapa. Muerte de familiares y amigos cercanos, contratos que se acababan, la incertidumbre de no saber si habría otro, la presión de sostener a una familia siendo “el futbolista” que, en teoría, debía tenerlo todo resuelto.

“Tenía miedo de que me juzgaran, de que hablaran de mí, de que me dieran la espalda solo porque soy un hombre con el ‘trabajo soñado’ y se supone que debo estar bien, sin que nadie entienda que soy un ser humano con sentimientos como cualquiera”, explica.

Lo salvó algo tan sencillo y tan difícil como hablar. “Pedir ayuda, ir a terapia, fue la única forma de atravesar esas nubes negras. No me avergüenzo de lo que he vivido. Estoy agradecido, porque me ha abierto los ojos a muchas cosas en la vida”.

Su mensaje hoy es directo: “no te avergüences. Todo el mundo tiene problemas. Habla con tu familia y tus amigos. Ábrete, hay gente dispuesta a escuchar y ayudar”.

Un niño del Kop que nunca se rindió

Ellison creció en Anfield, a un paseo corto del estadio. Jugó para los equipos escolares de Liverpool y en el centro de excelencia del club, compartiendo vestuario con Owen y Gerrard. En los días de partido, de niño, esperaba fuera de la Kop a que los acomodadores abrieran las puertas a falta de 20 minutos, cuando algunos aficionados se marchaban antes del final.

“Mientras ellos salían, yo corría hacia dentro y veía el final del partido”, cuenta. Se empapaba de John Barnes, de Ian Rush, de ese Liverpool que encendía su imaginación.

Por eso dolió tanto aquella carta de rechazo. Pero también por eso no se rindió. “Ese rechazo me espoleó. Quería demostrar que era lo bastante bueno para ser profesional”.

Lo consiguió, aunque no como muchos habrían imaginado. No fue la carrera de portada, sino la del currante del fútbol, el que se gana cada contrato con sudor y goles.

Mil batallas, ocho categorías y una vida entera en el césped

A día de hoy, Ellison ha jugado en las ocho principales categorías del fútbol inglés. Ha pasado por 18 clubes. Superó la barrera de los 1.000 partidos oficiales. Y todavía sigue.

A los 47 años, juega para Vauxhall Motors, club semiprofesional de Cheshire que compite en la Northern Premier League Division One West, octavo escalón del fútbol inglés. Este sábado, si salta al campo contra Thackley en la ronda preliminar de la FA Cup, se convertirá en uno de los jugadores de más edad en disputar el torneo.

“Todos dicen que ya debería estar en una residencia”, bromea. La realidad es otra: “sigo teniendo fuego en el estómago y todavía me pongo un poco nervioso antes de los partidos. Sigo aquí, jugando con 47 años. Estoy agradecido por eso”.

Su hoja de servicio tiene momentos que muchos firmarían. Ascenso al Championship con Hull City en 2005. Dos finales de ‘play-off’ en Wembley: con Rotherham United en 2010 y con Newport County en 2021. En la cuarta categoría, 124 goles en 553 partidos de liga, 81 de ellos en 352 apariciones con Morecambe entre 2011 y 2020.

No está mal para alguien que creyó que su sueño se había acabado a los 15.

También hubo golpes deportivos: formó parte del Chester City que descendió de la Football League en 2009, antes de que el club se hundiera económicamente. Más dudas, más inseguridad laboral, más presión sobre los hombros de un padre de dos hijos.

Profesor, referente y ese único día en Old Trafford

Hoy, Ellison combina el fútbol con un trabajo en un instituto de Liverpool, en un rol de protección y bienestar del alumnado. En los pasillos, sus alumnos lo pinchan con humor.

“Se ríen: ‘profe, solo jugaste una vez en la Premier League’”, cuenta. Él responde con un guiño de orgullo: “sí, pero fue contra Manchester United, que entonces era el mejor equipo del mundo”.

Ellison utiliza su historia, con sus picos y sus abismos, para conectar con los jóvenes. Para explicar que el éxito no es una línea recta. Que se puede caer muy abajo y volver. Que se puede tocar la élite durante seis minutos y, aun así, construir una carrera de casi tres décadas.

¿Hasta cuándo?

Dentro de seis meses cumplirá 48 años. ¿Hasta cuándo piensa seguir?

“No lo sé”, admite. “Lo que sí sé es que tengo que trabajar el doble para seguir el ritmo de los chavales que vienen”. La frase suena a tópico, pero en su caso es literal: gimnasio, cuidados, rutina estricta, todo para seguir compitiendo cuando la mayoría de sus excompañeros ya hace años que colgaron las botas.

“El fútbol ha sido mi vida. Sigo aprendiendo y todavía tengo ese hambre y ese deseo de hacerlo bien. Mientras tenga eso, quiero seguir jugando”.

Él mismo se ríe de su propio recorrido: “de Leicester City a Vauxhall Motors, he jugado en las ocho primeras categorías. Algunos dirán que no he hecho un buen partido en ninguna de ellas”.

Lo diga quien lo diga, este sábado, si vuelve a pisar el césped de la FA Cup, habrá un hombre de 47 años que derrotó a la depresión, al rechazo y al tiempo para seguir haciendo lo que ama.

¿Quién se atreve a decirle que ya es hora de parar?