Lamine Yamal: del Rocafonda al sueño mundial
Lamine Yamal vive instalado en la cima. Con 19 años, el talento del Barcelona ya ha cumplido uno de esos objetivos que se dicen en voz baja para no espantarlos: levantar la Copa del Mundo de 2026 con España. El niño de las fotos con Lionel Messi es ahora campeón del mundo. Y no por casualidad.
El camino hasta esa final no fue una alfombra roja. Yamal se incorporó a la concentración de la selección todavía tocado de los isquiotibiales de la pierna izquierda, una lesión que habría frenado a muchos. A él no. Llegó entre dudas físicas, salió con la copa en las manos.
En casa, nadie se sorprende. Su padre, Mounir Nasraoui, lo contó en declaraciones recogidas por el diario Sport a partir de una entrevista con Mundo Deportivo. “Desde el momento en que nació, supe que sería una estrella”, confesó. No lo dijo como una frase hecha, sino como quien repasa una certeza antigua. “Cualquier padre siente eso, y todo padre desea que su hijo sea el mejor”.
Para Nasraoui, el éxito va mucho más allá del marcador. Uno de sus grandes objetivos en la vida, explicó, es ver a Lamine feliz dentro y fuera del campo. No solo el futbolista, también la persona. Y ahí, el orgullo se desborda.
“El es el mejor en todo, no solo en el fútbol, sino en el amor, como ser humano y en todos los asuntos”, afirmó. Palabras grandes, dichas sin temblor. Luego señaló lo que, para él, marca la diferencia: “La razón principal de esto es que tiene una bendición de Dios, que es extremadamente importante y debe ser apreciada”.
Para entender a Lamine, hay que volver al origen. Al barrio. Nasraoui se detuvo en Rocafonda, ese rincón de Mataró que lleva siempre en la boca. “Este barrio es el mejor del mundo y de España, porque todos somos iguales y llevamos el mismo amor para todos”, reivindicó. Y remató con una consigna que suena a bandera colgada en un balcón: “Viva Rocafonda 304, es un símbolo y una referencia para todos”.
Desde esas calles hasta el escaparate global del Mundial, la historia de Yamal ha ido dejando imágenes icónicas. Una de ellas se remonta a 2007, cuando apenas era un niño y posó junto a Lionel Messi en una campaña de Sport en cooperación con UNICEF. Aquella foto, que durante años fue una curiosidad para nostálgicos, hoy parece una premonición.
Nasraoui, entre la broma y la fe, se permitió darle la vuelta al mito. “Quizás fue Lamine quien le dio la bendición a Messi, ya que esa fotografía fue solo una hermosa coincidencia de la vida”, dijo. Un guiño a la historia, ahora que el niño de la imagen ya escribe la suya propia.
Del Rocafonda 304 al trono del fútbol mundial, el recorrido de Lamine Yamal apenas acaba de empezar. La pregunta ya no es hasta dónde puede llegar. La verdadera incógnita es quién será capaz de pararlo.






