Liverpool busca a Alex Scott como mediocentro defensivo
Liverpool mira a Alex Scott para el pivote, pero el precio lo aleja de Anfield
Liverpool entra en la recta final del mercado con una herida abierta en el centro del campo. El equipo de Arne Slot sigue siendo demasiado fácil de atravesar por dentro, algo que ya se vio la temporada pasada y que el 2-2 ante Newcastle volvió a dejar en evidencia. La afición pide un mediocentro defensivo de nivel élite. A gritos.
Desde dentro del club, sin embargo, el mensaje reciente parecía otro. Según informó James Pearce en The Athletic, la directiva no tiene intención de incorporar un centrocampista en estos últimos días de mercado y ha dirigido sus esfuerzos hacia un refuerzo para las bandas en ataque. Pero la historia no termina ahí.
Un objetivo claro: Alex Scott
Miguel Delaney, de The Independent, apunta a un escenario distinto. Según su información, Liverpool sí tiene un objetivo prioritario para el puesto de mediocentro defensivo. Y tiene nombre y apellido: Alex Scott, de Bournemouth.
Delaney habla de “múltiples fuentes” que señalan al internacional inglés sub-21 como el jugador elegido para ocupar esa posición a medio plazo. No es una idea vaga ni un simple sondeo: Scott figura como “top target” para la sala de máquinas de Anfield.
El problema es el precio. Y es mayúsculo.
Bournemouth habría fijado el listón en torno a los 90 millones de libras por el jugador de 23 años. Una cifra que Liverpool, según la misma información, no está en condiciones de alcanzar ahora mismo. De ahí nace la sensación interna de que cualquier intento serio podría aplazarse hasta el próximo verano.
Ese retraso, claro, abre otra puerta: la de los rivales.
Chelsea acecha
Mientras Liverpool sopesa tiempos y prioridades, Chelsea estudia la posibilidad de lanzar una ofensiva tardía por Scott en estos últimos días de mercado. El club de la costa sur mantiene una postura firme: no quiere vender ahora. Pero en la Premier League las posturas firmes suelen ponerse a prueba cuando aparece una gran oferta.
Para Liverpool, la ecuación es incómoda. Esperar un año podría significar perder al jugador frente a un competidor directo. Forzar ahora implicaría comprometer seriamente el presupuesto en un momento en el que también se buscan extremos.
Un perfil que encaja
El interés no es nuevo. A comienzos de junio, el periodista especializado en fichajes Alex Crook ya catalogó un posible movimiento de Scott a Anfield como “uno a seguir”. Tres meses después, no se ha producido ningún avance tangible, pero el encaje futbolístico sigue siendo evidente.
Scott no es un mediocentro destructor clásico al estilo Fabinho o N’Golo Kanté. Su juego no se define solo por el robo agresivo. Sin embargo, sus números de la pasada temporada, recogidos por Fotmob, lo dibujan como un recuperador muy eficiente, con una notable capacidad para iniciar ataques gracias a su pase y su conducción.
Es el tipo de centrocampista que limpia líneas con el balón, que gana duelos y que transforma una recuperación en una transición peligrosa en segundos. Justo lo que le falta a un Liverpool que ha perdido, además, a otro inglés de perfil técnico como Curtis Jones.
La resistencia de Bournemouth
Ahí choca la ilusión con la realidad. En Bournemouth no tienen intención de ceder. A pocos días del cierre del mercado, el club no quiere desprenderse de una de sus piezas más valiosas. El mensaje es claro: no hay venta ahora.
En los despachos de Fenway Sports Group parecen haber tomado nota. Forzar una operación de 90 millones en la última semana, mientras se negocian otros objetivos, roza lo imposible. El riesgo de invertir tanto, tan tarde y con tan poco margen de maniobra es evidente.
Pero el fútbol no siempre espera.
Si en estos días se abre la más mínima rendija, si Bournemouth suaviza mínimamente su postura o si la presión del mercado genera una oportunidad inesperada, Liverpool tendrá que decidir si se lanza de cabeza. Porque si Alex Scott es realmente el mediocentro llamado a sostener el próximo proyecto en Anfield, la pregunta ya no es si encaja.
La pregunta es cuánto está dispuesto a pagar el club por no ver cómo otro grande se lo lleva primero.





