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El Mundial que pasó de espectáculo a polémica, dejando a FIFA en aprietos

Cuando Lionel Messi fue levantado por sus compañeros tras la victoria contra Egipto y los jugadores egipcios se desplomaron en el suelo, la escena parecía sacada de una película. En Argentina, lo llaman televisión de horario estelar. Este torneo ha tenido momentos impactantes que han llevado las emociones al límite, como las lágrimas de Messi y su entrenador.

"No puedo mirarte", dijo Lionel Scaloni conmovido. "Lo siento, estoy muy emocionado, qué grupo de jugadores, hermano... No puedo".

Messi lloraba no solo por la victoria, sino porque posiblemente ese partido significaba su última aparición en un Mundial. Scaloni, campeón defensor, también estaba visiblemente afectado. Y eso en los octavos de final, nada más.

Argentina siempre ha mostrado pasión intensa en Mundiales, pero esta vez esa energía se ha contagiado al resto. Inglaterra, por ejemplo, ha vivido una montaña rusa emocional. Pocos equipos han pasado sin turbulencias, diferente a otras épocas donde algunos campeones avanzaban con calma.

El choque entre Colombia y Suiza destacó por ser tranquilo, casi del estilo de hace dos décadas. En 2006, en Alemania, los octavos apenas tuvieron 15 goles, cifra baja para este milenio, comparado con los 23 anotados ahora.

Los jugadores parecen liberados de las tácticas rígidas de sus clubes y motivados por la gloria única del Mundial. Cada encuentro se siente como un evento nacional, con juego abierto y emociones a flor de piel. Quizás estemos viviendo una era dorada del fútbol, al menos en cuanto a la calidad sobre el campo.

Momentos inolvidables y polémicas que ensombrecen

Este Mundial nos ha dado partidos para recordar, como el México 2-3 Inglaterra, seguido de otro épico de Argentina. Pero también ha traído disgustos, como el caso de Folarin Balogun, donde la interferencia política empañó la historia, aunque el jugador no tuvo culpa.

Hossam Hassan, entrenador de Egipto, no ocultó su frustración tras la derrota ante Argentina. Denunció injusticias arbitrales y acusó a intereses económicos de influir para que Messi y Argentina siguieran en el torneo.

"Todo es por dinero", afirmó Hassan. "Quieren que Messi continúe. En el fútbol pasa mucho fuera del campo por intereses. Lo ocurrido fue injusto. Egipto merecía pasar, fuimos mejores. Hemos sido tratados injustamente, hemos sufrido una injusticia. Esta es mi forma de hablar y defendernos. No voy a ver otro partido en este torneo".

No es el único que piensa así. Algunos representantes de grandes clubes europeos comentaron a The Independent que ciertos detalles arbitrales fueron desconcertantes, especialmente cuando una falta lejana anuló un gol legítimo de Egipto, algo contrario al estilo general del arbitraje en el torneo, que ha sido bastante permisivo.

Es probable que estas inconsistencias sean normales, ya que los árbitros interpretan cada jugada desde diferentes perspectivas culturales y nacionales, lo que genera decisiones erráticas.

La sombra de Donald Trump y el impacto en la percepción

El problema real para FIFA llega con la crisis relacionada con Donald Trump, que ha afectado la confianza pública. Mucha gente ahora se pregunta qué más podría estar pasando detrás de escena. Las decisiones polémicas, especialmente favoreciendo a figuras grandes, se ven como parte de un guion, como si todo estuviera planeado.

Queremos dejar claro que no hay pruebas de esto y nos parece absurdo, pero la opinión pública y los memes en redes sociales reflejan esta sospecha creciente. Ignorar esta percepción es peligroso, pues se está extendiendo.

En la Premier League sucede algo parecido con acusaciones de corrupción, coincidiendo con la estrategia de "lawfare". En FIFA, cruzar la línea de la integridad deportiva provoca una crisis de legitimidad, que pesa aún más cuando el fútbol y la emoción en el campo han sido tan genuinos.

El torneo también revela desigualdades económicas

Irónicamente, este Mundial está condicionado financieramente. De los ocho cuartofinalistas, seis son selecciones europeas con gran poder económico: Francia, España, Inglaterra, Suiza, Bélgica y Noruega.

En EE.UU. se critica el modelo "pay to play" para jóvenes futbolistas, mientras que estos países europeos aprovechan sus recursos maximizando la formación técnica, algo que Estados Unidos no ha logrado, enfocado en ganancias a corto plazo.

Marruecos destaca como una nueva fuerza, gracias a un proyecto estatal enorme similar al de Viktor Orbán en Hungría.

FIFA redistribuye parte de la riqueza del fútbol mundial bajo una campaña liderada por Arsène Wenger para elevar los estándares globales, aunque también sirve como mecanismo político que genera problemas. La dinámica parece salida de una sátira política, lo que encaja con lo cinematográfico que ha sido este Mundial.