Nemo Rangers se impone a Fermoy en un partido lleno de altibajos
En Glenville, en una noche que pareció dos partidos en uno, Nemo Rangers se impuso a Fermoy por 4-13 a 3-10 en el duelo del McCarthy Insurance PIFC. El marcador final engaña: al descanso aquello parecía un paseo, no un partido.
Al intermedio, Nemo mandaba por 3-12 a 0-3. Dominio absoluto. Fermoy irreconocible.
Un primer tiempo de un solo color
El arranque fue un vendaval. A los dos minutos, Dylan O’Connor filtró un balón perfecto para Callum O’Neill y llegó el primer gol de Nemo. Desde el saque siguiente, Dave Calnan sumó otro punto. Fermoy ni olía la pelota.
Con solo cuatro minutos jugados, llegó el 2-0: Dara O’Sullivan culminó otra acción incisiva y el conjunto de Trabeg se colocó 2-1 a 0. Fermoy respondió por fin un minuto después, con un punto de Shane Aherne y otro de David Lardner desde un libre, pero fue apenas un suspiro.
Nemo volvió a pisar el acelerador. Jack Coogan y Jack Horgan añadieron puntos para estirar la ventaja. Y en el minuto 10, el desastre para Fermoy: un error en la reanudación defensiva, balón suelto, Conor O’Donovan atento, asistencia a O’Sullivan y tercer gol. 3-3 a 0-2. Un abismo.
Martin Brennan anotó el tercer punto de Fermoy al 14’, y sería el último de los suyos en toda la primera parte. A partir de ahí, solo hubo una camiseta en el campo. O’Neill volvió a acertar para los de la ciudad y Horgan rozó otro gol, pero el guardameta Dale Dawson respondió con una gran parada para evitar otra bandera verde.
O’Sullivan siguió castigando con un punto más, y O’Donovan encadenó dos tantos para agrandar todavía más la brecha. A cinco minutos del descanso llegó un detalle poco habitual: el portero de Nemo, Donagh O’Leary, subió y convirtió un libre de dos puntos. Golpe anímico y numérico.
Matthew Keenan se sumó a la fiesta con otro punto para el 3-10 a 0-3, y de nuevo O’Leary, otra vez desde un libre de dos puntos, cerró una primera parte brutal: 3-12 a 0-3. Fermoy, contra las cuerdas.
Cambios, orgullo y una remontada que casi incomoda
Algo tenía que cambiar, y cambió. Fermoy movió el banquillo y las piezas. Arlen Aherne entró al descanso y dejó huella. Tomás Clancy adelantó metros, Shane Aherne salió a la zona central y empezó a ganar balones. El equipo, de repente, creyó.
El primer punto del segundo tiempo fue precisamente de Arlen Aherne. Un pequeño destello. Pero Nemo respondió con lo que parecía el golpe definitivo: cuarto gol, esta vez obra de Jack Coogan, que encontró la red y llevó el marcador a una distancia casi humillante.
O’Sullivan añadió un punto en el minuto 37. Nadie en Glenville imaginaba que ése sería el último tanto de Nemo en todo el encuentro.
Desde ahí, Fermoy se soltó. Y cambió el tono de la noche.
David Lardner marcó el primer gol de los suyos y encendió la chispa de la remontada. Siguió con un punto y luego firmó su segundo gol, para colocar el electrónico en 2-6 a 4-13 en el minuto 42. Ya no era un trámite: Nemo había dejado de sentirse cómodo.
Shane Aherne y Martin Brennan sumaron puntos, y Fionn Lardner añadió un valioso lanzamiento de dos puntos que recortó aún más la diferencia. Fermoy jugaba con una intensidad que brilló por su ausencia en la primera media hora.
En la última acción del partido, Arlen Aherne apareció de nuevo para anotar el tercer gol de Fermoy. Último toque, última jugada, y una sensación clara: el marcador final 4-13 a 3-10 no contaba toda la historia.
Números que explican el vaivén
Para Nemo Rangers, Dara O’Sullivan lideró con 2-2, ambos goles y dos puntos (dos de ellos desde libre). Callum O’Neill y Jack Coogan aportaron 1-1 cada uno. Donagh O’Leary dejó una tarjeta llamativa con 0-4 desde balón parado, incluidos dos lanzamientos de dos puntos. Conor O’Donovan firmó 0-2, mientras que Dave Calnan, Jack Horgan y Matthew Keenan sumaron un punto cada uno.
En Fermoy, David Lardner encabezó la reacción con 2-2 (dos libres incluidos). Arlen Aherne cerró con 1-2, mientras que Shane Aherne, Martin Brennan y Fionn Lardner, este último con un lanzamiento de dos puntos, terminaron con 0-2 cada uno.
Nemo se queda con la victoria y con la sensación de haber jugado un partido casi perfecto… durante 37 minutos. Fermoy se marcha con la derrota, pero también con una pregunta que pesará en el vestuario: qué habría pasado si hubieran empezado como terminaron.






