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Newcastle United cae ante Everton en amistoso de pretemporada

El locutor del estadio de Murrayfield estaba desatado. «Esperen pasión y fútbol de clase mundial desde el primer silbato», rugió antes de que Newcastle United y Everton se midieran en este amistoso de pretemporada en la casa del rugby escocés.

La frase sonó grande. Demasiado grande para lo que se vio después. Pero para Matthias Jaissle, recién aterrizado en el banquillo del Newcastle, la noche iba de otra cosa: medir a un equipo en construcción ante un rival de la élite inglesa a apenas semana y media del inicio del curso.

El 3-1 encajado fue un recordatorio crudo. Falta trabajo en el césped. Y falta trabajo en el mercado.

Un Newcastle valiente… y frágil

El arranque engañó. Newcastle salió con un aire renovado y, de nuevo, Bazoumana Toure encendió la banda izquierda con su velocidad y descaro. El fichaje se atrevió, encaró, ganó metros. Parecía una declaración de intenciones.

Pero todo se quedó ahí. En intención. Las ocasiones se fueron acumulando sin premio y, mientras tanto, la zaga empezaba a dar síntomas de debilidad. Cada pérdida, cada balón dividido, olía a peligro.

El castigo llegó en el minuto 27, con una jugada tan simple como demoledora. Un balón largo de James Tarkowski bastó para desordenar a la defensa. Thierno Barry se anticipó a un dubitativo Sven Botman, ganó la carrera y se plantó en ventaja. Lewis Hall logró llegar para meter la pierna y despejar, pero solo consiguió dejarla muerta en la frontal. Harrison Armstrong levantó la cabeza, encontró de nuevo a Barry en el área y este definió con calma ante Lukas Hornicek.

En la banda, Jaissle golpeó la palma de su mano, furioso, antes de ordenar a los suyos que se levantaran. Lo habían hecho días atrás, remontando ante Valencia en su primer amistoso. Esta vez, la respuesta fue muy distinta.

El castigo, en cadena

El golpe del 1-0 todavía resonaba cuando llegó el segundo. Iliman Ndiaye convirtió un penalti señalado tras una acción de Joelinton sobre Kiernan Dewsbury-Hall dentro del área. La decisión pareció dura para el brasileño, pero el árbitro no dudó. Ndiaye no perdonó desde los once metros.

Desde la grada, los aficionados del Everton olieron la sangre. «Going down, going down, going down», cantaron, burlándose de un Newcastle que veía cómo el amistoso se le escapaba sin remedio.

La segunda parte confirmó la tendencia. El equipo de Jaissle intentó estirarse, pero el partido ya tenía dueño. Y el marcador, también.

En el minuto 73, Tyrique George firmó el 3-0 con un disparo seco, raso, que terminó por vaciar parte del sector visitante. Muchos hinchas del Newcastle se levantaron de sus asientos y se encaminaron hacia las salidas. No era para ver el eclipse solar. Era para no ver más.

Aun así, hubo un último chispazo. Harvey Barnes, salido desde el banquillo, apareció en el segundo palo para fusilar un centro tenso de Jacob Murphy y colocar el 3-1 definitivo. Demasiado tarde para cambiar el guion, pero suficiente para dejar al menos una nota positiva en ataque.

Barnes y Murphy ya habían estado sobre el césped en la derrota liguera ante Everton el pasado febrero, bajo las órdenes de Eddie Howe. Esta vez, sin embargo, el contexto era otro. Y el equipo, casi otro.

Un vestuario joven y un vacío evidente

El once inicial del Newcastle en Murrayfield fue el reflejo de un verano de cambios profundos en Tyneside. Ocho titulares tenían 25 años o menos. Joelinton, capitán por la noche, y Yoane Wissa eran los veteranos del grupo con 29 años, una diferencia notable respecto al resto.

Faltan nombres importantes por volver: Dan Burn, Lewis Miley, Tino Livramento. Tres piezas que difícilmente coincidirán de inicio en la jornada inaugural ante Liverpool, pero cuya ausencia se nota. Y aun con ellos, el diagnóstico es claro: esta plantilla necesita más peso, más jerarquía, más oficio.

Ross Wilson, director deportivo, siguió el partido desde la grada de Murrayfield. No necesitó que nadie le explicara nada. Tampoco Jaissle.

El técnico alemán volvió a hablar de un «vacío», por segunda vez en apenas dos días, tras las salidas de Bruno Guimarães, Sandro Tonali, Anthony Gordon y Kieran Trippier este verano. «No puedes cambiar las cosas muy rápido», recordó. «Es un equipo muy joven ahora mismo, así que hay vacíos donde los jugadores tienen que dar un paso al frente. Llenamos esas posiciones que perdimos con jugadores experimentados, pero eso también forma parte del proceso».

El plan en el mercado es claro: un lateral derecho, un centrocampista central de más edad y, según la evaluación final de Jaissle, quizá un refuerzo adicional antes del cierre el 1 de septiembre. El tiempo, sin embargo, corre en contra.

El reloj del mercado ya aprieta

Newcastle aún tiene un par de amistosos por delante antes de recibir a Liverpool en St James’ Park la próxima semana. El margen de maniobra es mínimo.

Jaissle lo sabe y lo puso en palabras: los fichajes que llegan al final de la ventana suelen necesitar un periodo de adaptación, y la Premier League no perdona ese retraso. Cada semana sin encajar las piezas es una ventaja que se regala a los rivales.

«Lo tenemos en cuenta, pero seguimos siendo positivos. Todos queremos ir en la dirección correcta», insistió el entrenador. «Tenemos estos objetivos y hay muchas piedras en el camino, pero tenemos que quitarlas».

En Murrayfield, una de esas piedras quedó bien a la vista. La cuestión, ahora, es si Newcastle tendrá tiempo —y recursos— para apartarlas antes de que la temporada arranque de verdad.