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Neymar regresa al césped: Brasil se aferra a la esperanza

Neymar tardó un mes en volver a sentir el césped bajo las botas. El martes, en Morristown, New Jersey, el ’10’ dejó por fin el gimnasio y apareció en la banda del campo de entrenamiento de la selección brasileña. No tocó balón, pero no hizo falta: su sola presencia, con las botas atadas y el gesto concentrado, fue suficiente para encender una selección y un país que llevan semanas mirando el parte médico más que el calendario del torneo.

La Confederação Brasileira de Futebol (CBF) lo definió con una frase corta, pero cargada de intención: Neymar “dio un paso más en su proceso de recuperación”. Detrás de esa línea, un mensaje claro: Brasil no renuncia a su gran estrella.

Del gimnasio al césped: un avance medido al milímetro

Las imágenes difundidas por la CBF mostraron al ex de Barcelona y Paris Saint-Germain realizando sus primeros trabajos de carrera desde la lesión en el gemelo derecho. Nada de esprints suicidas ni cambios de ritmo bruscos. Trote controlado, gestos medidos, y siempre acompañado muy de cerca por un miembro del cuerpo técnico de Carlo Ancelotti.

El contexto obliga a la prudencia. Neymar llegó a la concentración con un diagnóstico serio: lesión muscular de grado II en el gemelo, sufrida el 17 de mayo con Santos. Una zona traicionera para cualquier futbolista, letal para un jugador que vive del arranque, del freno y del engaño. El departamento médico trabaja con una hoja de ruta estricta, diseñada para minimizar riesgos y evitar la recaída que podría arruinar no solo el torneo, sino buena parte de la próxima temporada.

Por eso cada zancada se mide casi como un gol. Un mes sin pisar césped. Un mes de gimnasio, fisioterapia y paciencia. El martes, por fin, algo cambió.

Un plan pensado para el mata-mata

En Brasil, el debate ya no es si Neymar debe jugar, sino cuándo. La prensa local coincide en que el cuerpo médico prioriza un objetivo: tenerlo en plenitud para las rondas de eliminación directa. Esa estrategia, si se mantiene, lo dejaría prácticamente descartado para los dos últimos partidos del Grupo C, ante Haití y Escocia.

ESPN informó de nuevas pruebas médicas realizadas el lunes para evaluar la cicatrización del músculo. La CBF, de momento, guarda silencio sobre los resultados, un silencio que suena más a cautela que a alarma. Nadie quiere precipitar una decisión que puede marcar el torneo.

El mensaje implícito es claro: Neymar no se toca para la fase de grupos. Se cuida para cuando los márgenes se estrechan y cada error te manda a casa.

Ancelotti, entre la paciencia y la necesidad

Desde el banquillo, Carlo Ancelotti maneja el discurso con la calma de quien ha vivido casi todo en los banquillos, pero sabe que su selección cambia de rostro con Neymar en el campo. El sábado, en el 1-1 ante Marruecos, el delantero siguió el partido desde el banquillo, sin camiseta de juego, un espectador de lujo todavía atrapado en la rehabilitación.

Antes de ese encuentro, el técnico fue claro sobre el papel del ’10’ en esta concentración: Neymar está “trabajando muy duro para recuperarse lo antes posible” y la expectativa del cuerpo técnico es que se reintegre al trabajo con el grupo “la próxima semana”. Ancelotti subrayó que lo incluyeron en la lista no solo por su talento —“indiscutible”—, sino también por su experiencia y el ejemplo que ofrece a los más jóvenes.

Esa doble función se vio ante Marruecos: sin poder jugar, pero presente, hablando con los compañeros, corrigiendo, animando. Brasil lo necesita en el césped, pero mientras tanto también lo exprime como líder de vestuario.

Una Copa del Mundo contra el reloj

Para Neymar, este Mundial tiene algo de juicio personal. No solo se enfrenta a los rivales, sino a un cuerpo castigado por los últimos años. No juega con la absoluta desde el 17 de octubre de 2023, cuando se rompió el ligamento cruzado anterior y el menisco en un clasificatorio ante Uruguay. Aquel golpe abrió una secuencia interminable de quirófanos, muletas y dudas.

En total, cerca de 700 días entre lesiones, recaídas y procesos de recuperación. Demasiado tiempo lejos del foco para un futbolista acostumbrado a vivir en él desde adolescente. Hoy, cada paso que da sobre el césped se lee como una pequeña victoria contra ese historial.

La realidad inmediata, sin embargo, sigue siendo fría: todo indica que continuará como espectador cuando Brasil se mida a Haití este viernes. El plan no se mueve. El riesgo no se negocia.

La pregunta es otra: ¿cuánto tiempo más podrá Brasil sostener su sueño sin la magia de Neymar en el campo?