jornadadeportiva full logo

Omar Artan: del Mundial a la Supercopa de la UEFA

Omar Artan debía vivir el sueño de cualquier colegiado en 2024: arbitrar un Mundial. En lugar de eso, acabó retenido en un aeropuerto de Estados Unidos, señalado por sospechas de terrorismo y devuelto a casa sin haber pisado un solo estadio. Este miércoles, el somalí tendrá otro tipo de escaparate: será el árbitro principal de la Supercopa de la UEFA entre Paris Saint-Germain y Aston Villa.

Un giro radical en apenas unos meses.

Del foco equivocado a un gran escaparate

Antes de que arrancara el Mundial en junio, el nombre de Artan ya había saltado a los titulares. No por una decisión polémica ni por un partido caliente, sino por lo ocurrido en su llegada al aeropuerto internacional de Miami. Pese a estar en la lista oficial de árbitros elegidos por la FIFA, las autoridades estadounidenses le negaron la entrada al país.

Tenía 34 años, un billete hacia la cima de su carrera y una acreditación mundialista. Se encontró con una puerta cerrada.

“Fue un periodo muy duro”, reconoció en una entrevista publicada por la UEFA. “Mucha gente siente simpatía por mí, porque cuando alguien ha trabajado muchos años y se supone que va a hacer algo, y luego no puede hacerlo, es muy difícil”.

Un funcionario del Departamento de Estado de Estados Unidos explicó a la agencia AFP que el colegiado estaba “asociado con presuntos miembros de organizaciones terroristas”, lo que lo hacía “no admisible” en territorio estadounidense. La acusación, nunca probada, fue rechazada de plano por el propio Artan y desató indignación en Somalia, donde fue recibido como un héroe a su regreso.

Infantino, la FIFA y una herida abierta

El caso no pasó desapercibido en Zúrich. “Es desafortunado lo que le ocurrió al árbitro de Somalia”, admitió en su momento el presidente de la FIFA, Gianni Infantino. “No controlamos todo”, añadió, marcando distancias con una decisión que escapaba a la organización pero que la dejaba en una posición incómoda.

Para Artan, el daño ya estaba hecho. Perdió el Mundial. Perdió el torneo para el que se había preparado durante años. Ganó, eso sí, una visibilidad inesperada y un respaldo masivo en su país, donde su figura se convirtió en símbolo de agravio, pero también de resistencia.

La respuesta de la UEFA

Ahí apareció la UEFA. El organismo europeo decidió mover ficha y anunció que el somalí sería el árbitro de la Supercopa de Europa, el duelo que enfrenta al campeón de la Champions League, PSG, con el vencedor de la Europa League, Aston Villa.

El mensaje era claro: Artan tendría su gran noche.

“Tuve suerte, pero he trabajado muy duro para estar aquí y estoy muy orgulloso”, explicó al organismo europeo. “Como pueden imaginar, crecí en una situación difícil, pero eso no me impidió perseguir mis sueños”.

No es una designación cualquiera. Artan fue el primer somalí en arbitrar en la Copa Africana de Naciones en 2024. Ahora, dará otro salto: será su primer partido en Europa. Un escenario nuevo, otra frontera derribada.

“Vivir aventuras, crear recuerdos y aprender cosas nuevas siempre es fantástico”, añadió. “Cuando recibimos esta llamada fue, para mí y para mi familia, un momento realmente muy, muy feliz”.

Gesto deportivo, mensaje político

La UEFA justificó la elección apoyándose en el acuerdo firmado a finales de abril con la Confederation of African Football (CAF), un pacto para reforzar la cooperación entre ambas confederaciones. Intercambio de árbitros, experiencias compartidas, crecimiento conjunto.

Pero el contexto le da una lectura más profunda. El nombramiento de Artan también es un gesto político. Un movimiento de la UEFA en un momento de tensión abierta con la FIFA y con Infantino en particular.

Durante las últimas dos semanas, el conflicto entre ambas partes se ha agudizado por el fallido plan para abrir el Mundial a inversores privados. El proyecto naufragó, en gran parte, por la revuelta liderada desde Europa. La UEFA no solo frenó la iniciativa, también mantiene sobre la mesa la amenaza de un boicot a los torneos de la FIFA —incluidos los Mundiales— como forma de presión para forzar la salida de Infantino.

En ese tablero, el silbato de Omar Artan en la Supercopa no será solo el de un árbitro que vuelve a la élite tras una injusticia. Sonará también como un recordatorio de poder: el de una UEFA dispuesta a marcar su propio criterio, dentro y fuera del campo.