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Pausas de hidratación que cambian el ritmo del fútbol

Los aficionados de Curazao enloquecieron. Los alemanes se quedaron helados.

Livano Comenencia acababa de marcar para la nación más pequeña por población que jamás se haya clasificado a un Mundial, y lo hizo nada menos que ante la tetracampeona Alemania. En Houston, con el 1-1 en el marcador, el estadio olía a gesta histórica. Por un instante, el gigante tambaleó.

Entonces llegó la pausa de hidratación.

El partido se detuvo, se enfrió el ambiente, se cortó el hilo emocional que sostenía a Curazao. A la reanudación, Alemania volvió con otro semblante. Dos goles antes del descanso, un vendaval después. El 7-1 final dejó el sueño convertido en pesadilla.

“En realidad sentí pena por ellos”, confesó Alan Shearer en el pódcast The Rest is Football. “Marcaron y quizá 30 segundos después se paró todo. Mató su impulso”.

El exdelantero inglés puso palabras a lo que muchos veían: las nuevas pausas de hidratación de la FIFA, pensadas para proteger a los futbolistas del calor del verano en Estados Unidos, Canadá y México, están alterando el pulso de los partidos.

Pausas que cambian partidos

El argumento médico es evidente: en varias sedes se superan los 32 grados y la humedad aprieta. Pero el fútbol vive de su ritmo, de esa continuidad que no entiende de interrupciones programadas. Y ahí se abre la grieta.

Roy Keane lo resumió con su estilo habitual en The Overlap, el pódcast que comparte con Gary Neville: “Estamos en América, ¿no? Es como un tiempo muerto. Amamos el fútbol por el ritmo del juego… lo que hace esto es detener el flujo, el impulso”. No hablaba solo del agua.

Las pausas, fijadas en torno al minuto 22 de cada tiempo y de tres minutos de duración, se han convertido en pequeños talleres tácticos a pie de césped. No son solo botellas y toallas. Son pizarras invisibles.

Ronald Koeman lo admitió sin rodeos: “Puedes usar la pausa para decir a los jugadores qué deben mejorar, qué está bien, qué hacer mejor. Puedes usarla de diferentes maneras a tu favor, y eso es lo que haremos”. No es una sospecha, es una estrategia.

Los primeros datos respaldan la sensación. En ocho de los primeros 16 partidos del torneo se marcaron goles en los diez minutos posteriores a la pausa de hidratación. No es un detalle menor, es un patrón.

Curazao se derrumbó tras el parón ante Alemania. Marruecos, que había sometido a Brasil en New Jersey y se adelantó justo antes de la primera pausa, vio cómo Vinicius Junior igualaba menos de diez minutos después de la reanudación. Canadá, Estados Unidos, Australia, Escocia, Suecia e Irán también han encontrado oro ofensivo justo después de esos tres minutos de respiro.

Los mapas de impulso del juego muestran cómo la inercia cambia bruscamente tras estos cortes. El fútbol, que siempre fue un río, se juega ahora a tramos.

El enfado de la grada y la sombra de la televisión

En las gradas, el experimento tampoco entra suave. En Foxborough, Massachusetts, el público abucheó la primera pausa de hidratación en el Iraq–Noruega. El partido estaba vivo, el ambiente caliente… y, de repente, todo se detuvo.

La FIFA ha ido incluso más allá: las pausas se aplican haga el tiempo que haga, en cualquier estadio. Ni el techo ni el aire acondicionado salvaron el España–Cabo Verde en Atlanta de un parón programado. El argumento oficial es “garantizar condiciones iguales para todos los equipos, en todos los partidos”.

Luis de la Fuente entiende la lógica cuando el calor es extremo, pero se resiste a verla como norma universal. “Pausa, refrescarse y seguir. Mañana, con la temperatura que tendremos en este estadio, fresca, quizá estas pausas no son tan necesarias, pero tenemos que cumplir las reglas”, explicó el seleccionador español.

Staale Solbakken, técnico de Noruega, fue en la misma línea. Acepta la medida cuando el termómetro se dispara, como en Greensboro, Carolina del Norte, con 35 grados y el aire vibrando. Fuera de ese contexto, la considera innecesaria.

Y mientras entrenadores y jugadores discuten sobre táctica y salud, otro actor ha entrado en escena: la televisión. En Estados Unidos, Fox aprovecha cada pausa de hidratación para lanzar anuncios. Telemundo, la cadena hispanohablante, ha optado por no hacerlo. La fractura es clara.

El fútbol, a diferencia del béisbol, el baloncesto o el fútbol americano, siempre se había resistido a los cortes publicitarios durante el juego. El descanso era sagrado… y único. Ahora, cada partido se abre a dos ventanas más.

Virgil van Dijk, capitán de Países Bajos, lo ve desde el sofá cuando no juega. No le convence: “Ir a anuncios cada vez no es algo que me guste mucho. Para los espectadores neutrales en televisión tampoco es ideal”. El neerlandés pone el foco en el aficionado, el gran olvidado de muchos debates.

Didier Deschamps, en cambio, asume la transformación sin nostalgia. “Ya no son dos tiempos, son básicamente cuatro cuartos. Esto es lo que se ha decidido y los jugadores y entrenadores se adaptan a esta nueva realidad”, sentenció el seleccionador francés. El juego se trocea, el negocio se reorganiza, la costumbre se rompe.

La gran incógnita es cuánto durará este experimento. No hay decisión tomada sobre si las pausas seguirán en futuros Mundiales, pero la Federación Inglesa ya ha dejado entrever que no las contempla para la Eurocopa de 2028, que organizarán Reino Unido e Irlanda. El debate, lejos de cerrarse, acaba de empezar.

Cristiano, el sexto Mundial y una selección sin complejos

Mientras el reglamento reescribe el guion del torneo, Portugal llega a este Mundial con una certeza vieja y a la vez inédita: Cristiano Ronaldo sigue en el centro del escenario. A los 41 años, camino de su sexta Copa del Mundo, el capitán portugués se prepara “como si fuera la primera”, según su seleccionador, Roberto Martínez.

El técnico español no ahorra elogios. En plena discusión pública sobre si Ronaldo sigue siendo una influencia positiva o si su peso condiciona demasiado al equipo, Martínez es tajante. “Es un ejemplo y una referencia para el fútbol. Para todos esos niños en la calle que empiezan a sentir amor por el deporte, seguir el ejemplo de Cristiano Ronaldo es maravilloso”, afirmó en rueda de prensa, en la previa del debut ante la RD Congo.

Los números del delantero son incontestables: 143 goles con la selección. Su sequía reciente en grandes torneos —nueve partidos sin marcar— y su escasa aportación defensiva alimentan las dudas. Martínez, sin embargo, no ve alternativa mejor para liderar el ataque.

“Dentro del equipo es un jugador vital porque es el finalizador, el jugador del área, el que tiene esos movimientos que abren espacios para otros. En nuestro juego ofensivo, sus números reflejan la importancia que tiene”, explicó el seleccionador. Portugal, armado con una generación brillante, se presenta como uno de los candidatos a levantar por primera vez el trofeo.

Bruno Fernandes, flamante mejor jugador de la Premier League, creció con Ronaldo como referencia. Su primer gran recuerdo de un torneo fue la Euro 2004, en casa, con un Cristiano de 19 años llevando a Portugal hasta la final. Hoy comparten vestuario y ambición.

“Todos en esta selección hemos crecido viendo jugar a Cristiano Ronaldo y para nosotros es un honor jugar ahora a su lado en el mismo equipo”, reconoció el capitán del Manchester United. “Estamos aquí para apoyarle y para apoyar a Portugal para llegar lo más lejos posible”.

El centro del campo portugués es uno de los más temidos del Mundial. Vitinha y Joao Neves llegan tras conquistar su segunda Champions consecutiva con el Paris Saint-Germain. Bernardo Silva, rumbo a un Real Madrid que lo espera después de nueve años llenos de títulos en el Manchester City, aporta pausa, último pase y jerarquía.

“Tenemos un equipo muy fuerte, una gran calidad individual, y más allá de eso somos un equipo muy cohesionado, muy unido”, subrayó Fernandes. El objetivo no se disimula. “Obviamente nuestro sueño es estar ahí, ganando el Mundial, y soñar no está prohibido”.

En la fase de grupos, Portugal se medirá a Uzbekistán, Colombia y la debutante RD Congo en el Grupo K. Sobre el papel, el favoritismo es claro. Martínez, sin embargo, se niega a mirar más allá del primer obstáculo. El empate sin goles de España ante Cabo Verde en su estreno es la advertencia perfecta.

“Desde fuera, mañana tenemos muy poco que ganar. Si ganas a Congo, es lo esperado. Si ganas por uno, es un problema. Si empatas, es una catástrofe. Si pierdes, es el fin del mundo”, resumió el técnico. La presión es asimétrica. “Ellos vienen sin expectativas, disfrutando de estar aquí. Hemos visto actuaciones increíbles de equipos como Qatar, Cabo Verde, ejemplares, que demuestran que no hay partidos fáciles en un Mundial”.

El propio Martínez confirmó que su ciclo tiene fecha de caducidad. “Mi contrato termina después del Mundial. No es noticia, es un hecho”, aclaró. Su mente, dice, está solo en el presente: “Ahora estamos centrados en terminar el trabajo que empezamos hace tres años y medio. Cuando llegué a Portugal, el objetivo era intentar ganarlo todo, pero, sobre todo, preparar el Mundial.”

El escenario ya está montado: un torneo partido en cuartos por las pausas de hidratación, una selección portuguesa cargada de talento y un Cristiano Ronaldo que se niega a despedirse en silencio. La pregunta es si esta vez el reloj del Mundial, con sus nuevos parones y viejas presiones, marcará la hora de Portugal o la de otro aspirante.

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