Pochettino: “Soy argentino, pero voy a dar mi vida por Estados Unidos”
Mauricio Pochettino dirige a la selección de Estados Unidos en este Mundial, pero su corazón sigue latiendo al ritmo de Argentina y del hombre que marcó una era en su carrera: Lionel Messi. En Seattle, a horas del segundo partido del Grupo D ante Australia en el Lumen Field, el técnico dejó claro que su apoyo a la Albiceleste y a su exdirigido convive con un compromiso absoluto con su nuevo vestuario.
El contexto no es menor. La familia Messi difundió un comunicado en el que explicó la situación de salud de Jorge Messi, padre del capitán argentino, después de que se desataran rumores tras el 3-0 de Argentina en su debut ante Argelia. Aquellas lágrimas de Lionel al marcar el primero de sus tres goles encendieron las especulaciones sobre un posible vínculo con el estado de su padre.
La familia fue tajante: expresó su “profundo malestar por la falta de sensibilidad, respeto y escrúpulos” con los que se trató “una situación estrictamente privada y familiar”. Confirmó que Jorge atraviesa “una situación de salud”, que está “bajo monitoreo médico, recuperándose y evolucionando favorablemente dentro del cuadro que presenta”, y subrayó que solo el círculo más cercano dispone de información real y precisa. Todo lo demás, advirtieron, no debe considerarse “válido ni veraz”.
Pidieron responsabilidad, prudencia y humanidad. Nada de especulaciones, nada de morbo. Agradecieron las muestras de cariño y solicitaron preservar la privacidad y la intimidad de Jorge y de toda la familia. Cualquier novedad, remarcaron, saldrá de ellos y de sus canales.
En ese clima, Pochettino tomó la palabra ante los medios. Exinternacional argentino, exentrenador de Paris Saint-Germain, conocedor del universo Messi desde dentro. Y fue directo.
“Lo más importante es ser genuino y honesto. Soy argentino y disfruto mucho del rendimiento de Argentina, pero voy a dar mi vida por Estados Unidos”, lanzó, sin rodeos, el técnico de 54 años.
Luego se detuvo en Messi. Y ahí el tono cambió, se hizo más íntimo, casi reverencial.
“Es difícil describir a Messi. Seis Mundiales, todo lo que consiguió en su carrera, en distintos clubes, a nivel colectivo e individual. Es el mejor. Seguro que sí”, afirmó. No hubo matices ni comparaciones. Solo una certeza.
Pochettino aprovechó para enviar un mensaje directo al ’10’ y a su entorno: “Fue increíble verlo. Quiero mandarle todo mi apoyo porque es una situación difícil, una situación familiar. Quiero darle mi apoyo. Lo conozco de París y a su familia. Quiero mostrar y mandar mis mejores deseos para su familia”.
No habló solo del jugador. Habló del hombre que hoy carga con un Mundial en el bolsillo, otro a la vista y la preocupación por su padre en la cabeza.
El entrenador también se rindió ante la estructura que rodea a Messi en esta Copa del Mundo. “Argentina es un equipo increíble. Ganaron el Mundial hace cuatro años. Ahora, cada jugador es campeón del mundo. El entrenador, Lionel, es para mí el mejor entrenador hoy en este Mundial. El cuerpo técnico, el staff, que conozco muy bien. La afición, increíble. Y luego su guinda con Messi. Es una combinación difícil para jugar contra ellos”.
Es el retrato de una potencia consolidada, la misma que Pochettino admira desde siempre y a la que, en algún punto, pertenece por identidad y recorrido. Pero su presente lo obliga a otra cosa.
“Ahora soy argentino, pero estoy defendiendo a Estados Unidos, y voy a dar todo lo que tengo, todo lo que tenemos, para crear grandes recuerdos aquí”, remató.
Entre la bandera celeste y blanca y las barras y estrellas, Pochettino camina una delgada línea. Respeta sus raíces, protege a Messi en uno de los momentos más sensibles de su vida familiar y, al mismo tiempo, se compromete a fondo con un vestuario que sueña con hacer historia en este Mundial. El próximo capítulo se escribirá en Seattle, pero el eco de sus palabras ya dejó claro de qué lado va a dejar la piel.






