PSG vs Aston Villa: UEFA Super Cup 2023 en Salzburgo
Ni tres semanas han pasado desde la final del Mundial y ya se pone en juego el primer título de la temporada europea. En el Salzburg Stadium, bajo la luz de agosto, Paris Saint-Germain y Aston Villa se citan este miércoles (21:00, 19:00 GMT) para decidir la UEFA Super Cup. Un duelo que llega pronto, casi sin respiro, pero con mucho en juego.
Para PSG, campeón de la Champions League, el partido es algo más que un trámite veraniego: la opción de convertirse en el segundo equipo en la era moderna en retener la Supercopa, un privilegio que solo ha disfrutado Real Madrid (2016 y 2017). El conjunto parisino ya sabe lo que es sufrir en este escenario: el año pasado necesitó los penaltis para tumbar a Tottenham.
Esta vez, el rival es un Aston Villa que llega con el sello de Unai Emery, campeón de la Europa League tras un contundente 3-0 ante Freiburg en la final. Un equipo que ha cambiado piezas importantes, pero que mantiene una idea muy reconocible.
PSG: regreso escalonado y una banda izquierda con galones
La pretemporada de PSG ha sido un rompecabezas de fechas. El regreso de los internacionales ha ido a distintas velocidades, marcado por la carga del Mundial y, en algún caso, por ausencias llamativas.
El lunes se reincorporó la gran estrella reciente del fútbol francés, Ousmane Dembélé, Balón de Oro y autor de seis goles y dos asistencias con Francia en el torneo. Volvió junto a sus compatriotas Desire Doué y Bradley Barcola, también mundialistas. A ellos se sumó el cerebro de la campeona del mundo, Fabián Ruiz, clave en la semifinal que España le ganó precisamente a Francia.
En el otro extremo del espectro está Khvicha Kvaratskhelia. Georgia no se clasificó para el Mundial y el extremo ha disfrutado de más semanas de trabajo con Luis Enrique. Se nota. Todo apunta a que será titular en su banda izquierda, su territorio natural, convertido en uno de los focos del juego ofensivo. En la derecha podría asomar el fichaje que más curiosidad despierta: Maghnes Akliouche, llegado desde Monaco.
La llegada de Akliouche, sin embargo, se cruza con un posible adiós. Barcola, veloz, vertical, y autor de tres goles en el Mundial, está fuertemente vinculado a un traspaso a Liverpool. Si el movimiento se concreta, la Supercopa podría ser una de sus últimas noches europeas vestido de parisino, o quizá el punto final.
Hay otra cara conocida en la convocatoria: Lucas Digne. O, más bien, un regreso. PSG cerró el domingo su fichaje desde Aston Villa por unos 10 millones de euros, devolviendo al lateral zurdo de 33 años al club donde comenzó a hacerse nombre. Nacido en la periferia de París, Digne llegó en 2013 procedente de Lille, antes de pasar por Roma y Barcelona, y luego consolidarse en la Premier League con Everton y el propio Villa, donde disputó 182 partidos y fue uno de los hombres más fiables de Emery.
Luis Enrique podría alinear a Digne ante su exequipo. Un detalle que añade un matiz emocional a un partido ya cargado de historias cruzadas.
El técnico español, no obstante, no llega con el plantel al completo. Bradley Barcola, Ousmane Dembélé, Desire Doué, Fabián Ruiz, Achraf Hakimi, Lucas Hernandez y Warren Zaïre-Emery arrastran problemas físicos y son duda. De confirmarse las ausencias, la estructura prevista apunta a:
PSG (probable):
Safonov; Zabarnyi, Marquinhos, Willian Pacho, Nuno Mendes; Joao Neves, Vitinha, Dro Fernandez; Mbaye, Mayulu, Kvaratskhelia.
No es el once soñado, pero sí un esqueleto competitivo, con un centro del campo joven y dinámico y una banda izquierda que puede marcar diferencias.
El nuevo Villa de Emery, sin su sala de máquinas
El Aston Villa que aparece en Salzburgo no es exactamente el mismo que levantó la Europa League. Emery afronta su cuarta temporada completa al mando, pero lo hace con una medular reconstruida.
Se han marchado piezas clave: Morgan Rogers rumbo a Chelsea, Youri Tielemans a Manchester United, y también Digne, ahora en el vestuario rival. Tres salidas que obligan a rehacer la columna vertebral de un equipo que vivía mucho de su equilibrio interior.
El club ha respondido con refuerzos de peso. Ha llegado el suizo Johan Manzambi, una de las figuras de su selección en el Mundial, y el brasileño Joao Gomes, procedente de un Wolverhampton descendido. Pero Manzambi no podrá debutar: una lesión de rodilla lo deja fuera de la Supercopa.
La enfermería de Villa está demasiado concurrida para el gusto de Emery. Leon Bailey (problema muscular), el propio Manzambi (rodilla) y Amadou Onana (rodilla) son baja segura. A eso se suman las dudas de Alejandro Garnacho (golpe facial), John McGinn (rodilla) y tres nombres capitales: Emiliano Konsa, Emiliano Martínez y Ollie Watkins, todos con problemas de condición física.
Con ese panorama, el once probable se dibuja así:
Aston Villa (probable):
Bizot; Cash, Lindelof, Pau Torres, Maatsen; Joao Gomes, Kamara; McGinn, Buendía, Garnacho; Abraham.
Un equipo con talento, pero con muchos condicionantes. Si McGinn y Garnacho llegan a tiempo, Villa ganará carácter y desborde entre líneas. Si no, Emery tendrá que improvisar en un escenario que no perdona errores.
Recuerdo reciente: Villa ganó, pero no alcanzó
El precedente inmediato entre ambos equipos deja una lectura curiosa. La temporada pasada se cruzaron en la UEFA Champions League. Aston Villa ganó 3-2 el partido de vuelta, un triunfo de prestigio, pero insuficiente para voltear el 3-1 con el que PSG había golpeado en la ida.
Aquellos dos encuentros son los únicos choques oficiales entre los clubes. El balance global favorece a los franceses, pero Villa ya sabe lo que es tumbarlos en una noche europea. Esa memoria pesa. Y alimenta la confianza.
Banquillos con historia y una estadística que aprieta
La Supercopa también enfrenta a dos entrenadores con pasado cruzado y cuentas pendientes con este trofeo.
Unai Emery ha perdido las tres Supercopas de Europa que ha disputado. Tres finales, tres golpes. Al otro lado, Luis Enrique ha ganado las dos que ha dirigido. La estadística es fría, pero dibuja bien el contraste: uno persigue por fin su primera Supercopa, el otro sabe cómo cerrarla.
Para PSG, el reto es doble. No solo quiere levantar el título, quiere entrar en un club muy reducido: el de los equipos capaces de retener la Supercopa. Sería el cuarto en conseguirlo.
Un árbitro en el centro de una batalla política
La elección del colegiado convierte este partido en algo más que fútbol. Omar Artan, árbitro somalí, estará en el centro del césped. Su nombre se ha convertido en símbolo en la pugna soterrada entre UEFA y FIFA.
Artan fue vetado por Estados Unidos a pocos días del inicio del Mundial por “preocupaciones de filtrado”, acusándolo de supuestos vínculos con organizaciones terroristas, sin presentar pruebas. La decisión lo apartó del torneo y provocó un fuerte malestar en buena parte del estamento arbitral.
La respuesta llegó desde Europa. UEFA, que lo consideró el mejor árbitro de África la pasada temporada, lo ha designado para dirigir la Supercopa. Una designación celebrada en buena parte de la comunidad futbolística y leída también como un movimiento político calculado.
El contexto no ayuda a la paz institucional. La relación entre UEFA y FIFA se ha deteriorado aún más en los últimos meses, con la confederación europea liderando la ofensiva para desalojar a Gianni Infantino de la presidencia de FIFA tras su fallido intento de vender una participación en el Mundial.
En medio de esa tormenta, Artan pitará un partido que todo el mundo verá, con cada decisión bajo lupa.
La máquina de datos se moja: PSG, favorito… pero no tanto
El algoritmo también quiso jugar su partido. La supercomputadora de Opta simuló el choque 10.000 veces. En el 45 por ciento de esos escenarios, PSG levantaba el título en los 90 minutos. Aston Villa se llevaba la copa en tiempo reglamentario en un 29,6 por ciento de las simulaciones. El empate, con prórroga y posible tanda de penaltis, se quedaba en un 25,5 por ciento.
La ventaja es clara, pero no abrumadora. El campeón de Europa parte por delante, aunque Villa tiene margen real para golpear.
Una Supercopa con más ruido de lo habitual
Entre regresos apresurados del Mundial, un mercado aún agitado, un vestuario de Villa en reconstrucción, la vuelta de Lucas Digne a casa y un árbitro convertido en bandera política, la Supercopa de este año llega cargada de capas.
Para PSG, es la oportunidad de confirmar jerarquía desde el primer día y añadir otra pieza a su nueva era. Para Aston Villa, la ocasión de demostrar que su Europa League no fue un accidente, sino el inicio de algo más grande.
En una temporada que apenas empieza, no hay muchos partidos que definan tanto, tan pronto. Salzburgo dictará sentencia. Y la pregunta es sencilla: ¿quién se atreverá a mandar el primer gran mensaje del curso al resto de Europa?






