Rodrigo De Paul defiende a la selección argentina tras la caída en la final
La herida aún está fresca. Argentina dejó escapar la oportunidad histórica de retener la Copa del Mundo 64 años después del último bicampeón, derrotada 1-0 por España en la final tras la prórroga en el MetLife Stadium. El sueño del equipo de Lionel Scaloni se apagó tarde, después de haber forzado el tiempo extra y de pelear hasta el límite. Pero el ruido posterior no se detuvo en el resultado.
Desde el pitido final, el debate se desvió hacia el comportamiento de la selección: acusaciones de juego al límite, gestos, protestas, discusiones con el árbitro. Cuestionamientos sobre el carácter de un grupo que había hecho de la intensidad y la personalidad una marca registrada en cada torneo grande.
En medio de ese vendaval, apareció Rodrigo De Paul.
Un mensaje con destinatario claro
El mediocampista, uno de los símbolos emocionales de esta era de la selección, eligió su cuenta de Instagram para romper el silencio. No buscó términos tibios ni se refugió en frases de manual. Apuntó directamente a quienes, según él, esperaban la caída de Argentina.
De Paul acusó a hinchas rivales de haber pasado todo el torneo aguardando un tropiezo albiceleste, listos para desatar críticas y teorías conspirativas en cuanto el equipo se quedara sin la Copa. Para él, no se trató solo de una derrota deportiva, sino de un festejo ajeno ante el derrumbe del campeón.
Al mismo tiempo, dejó claro que el golpe más duro no fue perder la final, sino fallar en el intento de volver a llevar el trofeo a casa. La carga emocional se nota: venían de la gloria máxima y se quedaron a un paso de repetir una gesta reservada para muy pocos.
El dolor de no volver con la Copa
En su mensaje, De Paul puso el foco en la relación con la gente. Admitió que lo que más le duele es no haber podido entregar otra vez la Copa del Mundo al país, a esos hinchas que llenaron estadios, calles y pantallas durante todo el torneo.
Según él, si había alguien que merecía revivir esa explosión de felicidad colectiva, era el pueblo argentino. Esa idea atraviesa cada línea: la sensación de deuda con una hinchada que se había acostumbrado a ver a su selección en la cima del mundo.
Sin embargo, el volante también reconoce que, con el paso de las horas, algo distinto empezó a aparecer entre tanto lamento. Dice que desde afuera les hacen llegar un mensaje: la identificación con este grupo ya no depende solo de un trofeo. Va más allá de la vitrina, del resultado puntual, del festejo en una noche de final.
Y ahí, confiesa, intenta aferrarse. A esa conexión que sobrevive a la derrota para poder atravesar este momento.
Contra las teorías y las sonrisas incómodas
De Paul no se quedó en lo emocional. Fue directo contra el clima que rodeó a Argentina durante el torneo. Habló de teorías conspirativas “sin fundamento” que, según él, se propagaron durante todo el Mundial para restarle mérito al campeón defensor, para minimizar cada victoria, para explicar el éxito ajeno desde la sospecha.
En su mirada, muchos eligieron ese camino por pura frustración: por no poder vivir lo que vivían los argentinos con su selección. Porque el disfrute del otro incomoda. Porque ver a un grupo sonreír, celebrar y competir con una intensidad desbordante irrita a quienes quedaron fuera de la fiesta.
“Porque nuestras sonrisas les molestan, porque nuestras formas se les meten debajo de la piel”, escribió. Una frase que resume el espíritu combativo de este ciclo: un equipo que no pide permiso para ser como es, que no suaviza el carácter para gustar más.
Un grupo cuestionado, pero firme
La final perdida ante España dejó preguntas futbolísticas y tácticas, pero el fuego cruzado se centró en el temperamento del plantel. La selección de Scaloni, que había hecho de la rebeldía una virtud en títulos anteriores, ahora se ve señalada por cruzar el límite en protestas y actitudes dentro del campo.
De Paul, lejos de esquivar el tema, se posiciona del lado del grupo. No entra en detalles sobre jugadas puntuales ni sanciones, pero marca una línea: siente que hay una parte del mundo del fútbol que estaba esperando este tropiezo para pasar factura, para señalar con el dedo y reducir todo a un relato de “antihéroes”.
Su defensa no es fría ni calculada. Suena a alguien que todavía tiene la final en la cabeza, pero que entiende que este equipo ya no se explica solo por los trofeos que levanta. La identidad construida en estos años —la comunión con la gente, el sentido de pertenencia, la idea de “grupo” por encima de todo— parece, para él, el verdadero legado.
Argentina no pudo repetir la hazaña y el mundo del fútbol ya mira hacia otro ciclo, otro Mundial, otra oportunidad. De Paul, en cambio, eligió detenerse un segundo y dejar algo claro: podrán haber perdido la Copa, pero no están dispuestos a ceder ni un centímetro en la forma en que viven y defienden la camiseta. Y ese, para muchos, será el verdadero debate de los próximos años.





