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Romeo Lavia: de lesiones a líder en Chelsea

Romeo Lavia habla con una serenidad que no encaja con todo lo que ha pasado su cuerpo en los últimos años. Pero la frase que repite lo explica todo: se siente “libre” otra vez. Y quiere “cambiar la narrativa” que le ha acompañado desde que llegó a Chelsea.

A sus 22 años, el centrocampista belga está a las puertas de algo que para muchos sería rutina, pero para él es casi un hito: si completa 60 minutos ante Brentford este viernes, firmará su tramo más largo de continuidad sin lesión con el club, superando los 518 minutos que había encadenado hasta ahora, contando incluso partidos de pretemporada.

Para entender lo que significa, hay que rebobinar.

Un inicio en Stamford Bridge marcado por el dolor

Su primera temporada en Chelsea fue casi un borrón. Solo una aparición oficial, ahogada por una grave lesión en los isquiotibiales que frenó en seco la ilusión que había generado su fichaje.

La segunda campaña tampoco fue amable. Encadenó recaídas, se perdió 33 partidos —eso sí, menos que los 42 del curso anterior— y quedó instalado en esa etiqueta incómoda de jugador frágil, siempre en la enfermería, rara vez en el césped.

El giro llegó el año pasado. Lavia logró participar en aproximadamente la mitad de los encuentros de Chelsea y, sobre todo, empezó a ganar algo que no se ve en las estadísticas: confianza en su propio cuerpo. Esta temporada ha dado un paso más. Ha estado disponible durante toda la pretemporada y en las primeras semanas del nuevo curso. Para un futbolista con su historial, eso ya es una pequeña victoria.

“Hay muchísimo que pasa detrás de cámaras”, contó a BBC Sport. Tiene incluso una lista de comprobación personal, una rutina que va marcando punto por punto para asegurarse de que llega en las mejores condiciones posibles a cada partido. “Es un proceso grande, pero ahora mismo lo estamos haciendo bien”.

Romper el bloqueo mental

Las lesiones no solo le dejaron cicatrices físicas. También le crearon un muro en la cabeza. Miedo a forzar. Miedo a volver a empezar desde cero. Miedo a que cada sprint fuese el último.

Xabi Alonso, su entrenador, lo vio claro. En un amistoso de agosto ante AC Milan, le pidió que derribara ese “bloqueo mental” y completara los 90 minutos. No era solo un tema de piernas. Era una prueba de carácter.

“Aprendí que siempre puedes ir más lejos de lo que piensas. Siempre puedes empujar tus límites, especialmente cuando sientes que todo va en tu contra”, reflexiona Lavia. “Es fácil pensar en rendirte, o creer que hagas lo que hagas vas a volver al mismo punto de partida”.

Ahí entró en juego su círculo cercano. Compañeros, cuerpo técnico, personal del club y la gente que le rodea fuera del fútbol. Entre todos, ayudaron a construir lo que él llama una “burbuja”, un entorno en el que solo importa lo que puede controlar. Nada más.

En esa burbuja también caben nombres propios que conocen bien el camino: Reece James y Wesley Fofana, dos ejemplos recientes en Chelsea de cómo se puede regresar después de un largo tiempo fuera y reescribir la propia historia.

Nuevo rol, nueva responsabilidad

Hoy, Lavia ya no es un proyecto a largo plazo. Es presente. Se ha asentado en el centro del campo de Alonso, formando sociedad con el capitán Reece James, que empezó su carrera como lateral derecho y ahora manda por dentro.

Su peso en el equipo ha crecido todavía más esta temporada. Moisés Caicedo apenas ha disputado 14 minutos y Enzo Fernández se marchó a Manchester City en el último día de mercado por 125 millones de libras. El vacío en la medular pedía liderazgo. Lavia lo ha aceptado sin temblar.

“Es parte de mi juego asumir responsabilidad y tener carácter”, explica. Lejos de sentirse aplastado por el contexto, lo disfruta: “Me encanta estar en esa posición y estar en este club. Tener esta responsabilidad no es ni presión, es un privilegio, así que en realidad estoy viviendo un sueño”.

No suena a tópico. Suena a alguien que ha pasado demasiadas horas en el gimnasio, en la camilla y en la soledad del trabajo invisible como para no saborear cada minuto de césped.

“Para esto has estado jugando y entrenando todos estos años, así que solo tienes que salir y disfrutarlo”.

Un Chelsea más maduro y con más colmillo

Dentro del vestuario, Lavia siente “el cariño” de sus compañeros. El club, tanto en privado como en público, le ha respaldado como una pieza clave de futuro incluso cuando las lesiones no le dejaban despegar. Ahora, con un Chelsea que ha afinado su estrategia de fichajes, el contexto le favorece.

El club ha mezclado mejor juventud y experiencia. Ha llegado Morgan Rogers por 117 millones de libras, el fichaje más caro de la historia del club, procedente de Aston Villa. Lavia lo conoce bien: compartieron vestuario en la academia de Manchester City. A su alrededor, nombres como Cole Palmer y Joao Pedro han encendido la chispa ofensiva.

El resultado: 18 goles en seis partidos entre todas las competiciones. Un ataque que divierte a la grada y engancha también al espectador neutral.

“Es sinceramente increíble”, admite Lavia. “Obviamente conocía a Morgan, pero la forma en la que ha entrado y cómo todos han conectado ahí arriba… A veces desearía poder ir a la grada y disfrutar viéndolos”.

Para un mediocentro, es un lujo: “Te hace el trabajo más fácil, porque es como: ‘vosotros id y haced vuestra magia y nosotros hacemos el resto’. Estamos muy, muy felices de tenerlos y ojalá podamos lograr grandes cosas juntos”.

Sin euforia, con objetivos claros

El discurso, pese a todo, no se va a los extremos. Lavia no se deja arrastrar por la euforia. Reconoce que este grupo ya ha pecado de “demasiado inmaduro” en el pasado y pide ser “realistas” sobre lo que supone “convertirse en el equipo que nosotros y todos piensan que podemos ser”.

Su método es sencillo: ir tachando hitos. Uno de ellos ya lo cumplió en el 4-3 ante Brighton, cuando marcó su primer gol con la camiseta de Chelsea.

“Fue un momento en el que me sentí libre”, recuerda. “Sientes que todo el trabajo que estás poniendo empieza a darte la recompensa, así que fue un momento muy emocional”.

También tuvo un punto simbólico. Su primer tanto en la Premier League fue precisamente contra Chelsea, con la camiseta de Southampton, en 2022. “Siempre me pareció un poco extraño”, admite. Ahora, el círculo se ha cerrado.

“Veía a todos mis compañeros marcar y estaba esperando que llegara mi turno. Cuando pasó, estaba muy, muy feliz y emocionado. Quería expresarlo lo máximo posible con los aficionados y lo disfruté muchísimo”.

Lavia mira ahora al calendario con otra mirada. Menos miedo, más ambición. Si su cuerpo le respeta, si esa burbuja de la que habla se mantiene firme, la pregunta ya no es si podrá aguantar 60 minutos ante Brentford. La verdadera cuestión es cuánto puede cambiar el rumbo de este Chelsea si su nuevo mediocentro, por fin, deja de ser una promesa interrumpida y se convierte en el motor constante que siempre quiso ser.