Terremoto político en la selección italiana de fútbol
La selección italiana vive un terremoto político antes incluso de elegir a su nuevo seleccionador. Paolo Maldini, mito absoluto de la Azzurra y nombrado hace apenas dos semanas director técnico de la Federación, presentó su dimisión el lunes. No lo hizo solo: a su lado se marchó también su principal asesor, Leonardo. El motivo, tan simple como explosivo: no les dejaron elegir al entrenador.
Choque frontal por el banquillo de Italia
El pulso se desató en torno a un nombre: Andrea Pirlo. Maldini y Leonardo apostaban por el excentrocampista como nuevo seleccionador. La FIGC, presionada por las reacciones políticas, bloqueó la operación. La condición de Pirlo como embajador de una casa de apuestas rusa encendió alarmas fuera del terreno deportivo y Giovanni Malagò, presidente del CONI y figura clave en el tablero federativo, frenó el nombramiento.
Ahí no se detuvo el desencuentro. Maldini y Leonardo no se limitaron a Pirlo. Propusieron también a Thiago Motta, recién salido de experiencias notables en Juventus y Bologna. De nuevo, la respuesta fue negativa. Malagò descartó también esa vía.
La brecha ya era evidente.
Conte y Mancini, nombres que no convencen
Con Pirlo vetado y Thiago Motta rechazado, Malagò intentó reconducir la situación. En una última reunión el lunes, el presidente trató de convencer a Maldini y Leonardo para que mirasen hacia otros perfiles, con dos nombres en mayúsculas sobre la mesa: Antonio Conte y Roberto Mancini.
La respuesta fue un no rotundo.
En el caso de Mancini, Maldini y Leonardo defendieron que sus credenciales deportivas no borran la forma en que abandonó el cargo en 2023: dimitió en plena fase de clasificación para la Eurocopa 2024 para firmar pocas semanas después con la selección de Arabia Saudí. Para ellos, elegirle ahora supondría exponerse a las mismas dudas de fiabilidad que, según la Gazzetta, se habían esgrimido contra Pirlo.
Conte generaba otro tipo de recelo. Su historial reciente habla de ciclos cortos, cambios de club cada dos años, tensión máxima y desgaste. Con el Mundial 2030 en el horizonte, a cuatro años vista, Maldini y Leonardo veían un riesgo estructural en confiar un proyecto largo a un técnico con tendencia a estancias breves.
Es decir: los dos nombres que más seducían a la cúpula federativa eran precisamente los que menos convencían a la dupla encargada, en teoría, de diseñar el futuro deportivo.
Autonomía cuestionada, dimisión inmediata
El punto de ruptura llegó cuando Maldini y Leonardo interpretaron que el veto a Pirlo y el rechazo a Thiago Motta no eran simples decisiones técnicas, sino una intromisión directa en su margen de maniobra. Sintieron que su autonomía quedaba dinamitada antes incluso de empezar a trabajar.
Sin control sobre la elección del seleccionador, su cargo perdía sentido. La dimisión fue la consecuencia lógica de un conflicto que se consumió en apenas dos semanas de mandato.
Mientras tanto, Malagò se mueve rápido. El nuevo seleccionador podría ser confirmado hoy mismo, coincidiendo con la reunión del Consejo de la FIGC fijada a las 12:00 CET (11:00 GMT). Todo apunta a una decisión inminente, con Conte y Mancini todavía en el centro del debate.
Italia busca entrenador. Pero, sobre todo, busca un rumbo claro en medio de una batalla de poder que ya se ha llevado por delante a Paolo Maldini, uno de los símbolos más respetados de su historia reciente.





