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La tormenta que amenaza el Mundial: Francia–Irak bajo riesgo

El balón todavía no ha echado a rodar y el Mundial ya mira hacia arriba. El Francia–Irak, programado para las 22.00 horas en Filadelfia, corre serio riesgo de verse interrumpido —o ni siquiera empezar a tiempo— por un frente eléctrico que los meteorólogos locales describen como “apocalíptico”.

No es una exageración. Se esperan varias tormentas encadenadas, vientos dañinos, aparato eléctrico intenso y hasta riesgo de tornados aislados sobre la ciudad. Un cóctel que choca de frente con el protocolo de seguridad de la FIFA: en cuanto se detecte un rayo a menos de ocho millas del estadio, el partido se detendrá y las gradas se vaciarán hacia las zonas interiores y de refugio.

Lauren Lambrugo, directora de operaciones de Philadelphia Soccer 2026, lo explicó con crudeza logística: “Comenzarán a evacuar el estadio hacia el ‘concourse’ principal y a buscar refugio de emergencia. Y luego hay que esperar 30 minutos antes de volver a sacar a todos al campo”. Cada descarga eléctrica cerca del recinto reinicia ese reloj. Media hora más. Y otra. Y otra.

El escenario es claro: jugadores retenidos en vestuarios, aficionados hacinados bajo techo, un Mundial pendiente del radar meteorológico. Y una gran cita, la de la vigente subcampeona del mundo contra Irak, colgando de un hilo que no tiene nada que ver con táctica ni talento, sino con la naturaleza.

Salah, el rugido de Egipto en Vancouver

Mientras el cielo de Filadelfia se oscurece, en Vancouver la noche fue de luz para Egipto. Por fin. Después de décadas de intentos fallidos, el país africano celebró su primera victoria en un Mundial: 1-3 ante Nueva Zelanda, remontando un 1-0 adverso al descanso.

Finn Surman había adelantado a los oceánicos con un cabezazo de manual, de esos que se repiten en las escuelas de fútbol: se zafa del marcador, gana el salto y rompe la red. Pero Egipto salió del vestuario como si no hubiera mañana. Zizo encendió la mecha, Mohamed Salah dio la vuelta al marcador con una acción marca de la casa —pared corta y disparo raso, seco, inevitable— y Trezeguet cerró la noche con el tercero.

Las imágenes posteriores lo cuentan mejor que cualquier crónica: Salah, ya lejos del ecosistema Liverpool, cantando y bailando en las calles de Vancouver, rodeado de aficionados egipcios. Una estrella mundial viviendo como hincha el primer triunfo de su país en la historia del torneo. No es un simple resultado; es un punto de inflexión para toda una generación.

El impacto se extiende por el grupo: Nueva Zelanda sigue sin conocer la victoria en un Mundial tras nueve partidos. Egipto, en cambio, se mete de lleno en la pelea con un golpe de autoridad y un líder que no se esconde ni dentro ni fuera del campo.

España se desata con Lamine Yamal y se acerca a los cruces

En Atlanta, la historia fue otra: menos épica fundacional y más ajuste de cuentas. España, lastrada por el 0-0 inicial frente a Cabo Verde, necesitaba una respuesta. La encontró con un 4-0 contundente ante Arabia Saudí, con Lamine Yamal en el foco.

El joven talento del Barcelona abrió el marcador en su primera titularidad mundialista. Mikel Oyarzabal, muy señalado tras el debut, se reivindicó con un partido de futbolista grande: asistencia en el 1-0 y doblete antes de la primera pausa de hidratación. España pasó de la ansiedad a la fluidez en apenas 20 minutos.

El cuarto tanto llegó con un toque de fortuna, pero resume la superioridad española: disparo de Marc Cucurella y desvío infortunado de Hassan Al Tambakti hacia su propia portería. Octavo autogol del torneo, pero sobre todo la confirmación de que el campeón de Europa ya pisa con otra seguridad. Un quinto gol de Ferran Torres se anuló por fuera de juego tras una larga revisión de VAR, pero el partido ya estaba cerrado.

Lamine Yamal, al término del encuentro, lo resumió con sencillez: estar en un Mundial y marcar en su primera titularidad es “un sueño”. Hace apenas un torneo lo veía desde clase; ahora obliga a reescribir la jerarquía ofensiva de la selección.

Cabo Verde no se baja del sueño: otro golpe a Uruguay

Si hay una selección que se ha ganado un hueco en este Mundial a base de personalidad, esa es Cabo Verde. En Miami, el equipo africano volvió a desafiar la lógica: 2-2 ante Uruguay, otro punto que sabe a mucho más.

Kevin Pina abrió el marcador con un misil de falta directa desde unos 30 metros, un disparo seco, recto, imparable. Uruguay reaccionó con rabia y dio la vuelta al resultado con dos zarpazos: primero Araujo, atento al rechace tras un cabezazo al poste, y después Canobbio, empujando un centro prolongado por el propio Araujo.

Parecía que el peso de la historia se imponía. Pero este Cabo Verde no baja la cabeza. Helio Varela, recién ingresado, cazó un error monumental de Fernando Muslera, que salió a destiempo y quedó en tierra de nadie. Varela solo tuvo que empujarla a puerta vacía. Otro momento histórico para un país que se ha plantado en el torneo sin complejos.

El empate deja a Uruguay en terreno pantanoso. Dos puntos en dos partidos, dudas en el juego y un vestuario que, según se filtra desde Sudamérica, ya muestra fisuras internas. Marcelo Bielsa confirmó que ni Giorgian de Arrascaeta ni Ronald Araujo estarán disponibles para el último duelo de grupo ante España, ni para un hipotético cruce de octavos. Y ese “hipotético” pesa: si pierden frente a los europeos y Cabo Verde o Arabia Saudí ganan su partido, Uruguay podría acabar tercera con solo dos puntos, una cifra que difícilmente bastará para entrar entre las ocho mejores terceras.

Bielsa necesita una reacción inmediata. Cabo Verde, en cambio, sabe que una victoria ante Arabia Saudí puede meterla en la fase de eliminatorias. Para una debutante, ya no es una quimera; es un objetivo tangible.

Empate gris en Los Ángeles: Bélgica e Irán se complican la vida

En Los Ángeles, la noche dejó un 0-0 áspero entre Bélgica e Irán que no convenció a nadie. Roy Keane, desde la televisión británica, no se mordió la lengua: calificó el partido de “basura” en términos de calidad, criticando la falta de precisión en el pase, la movilidad y la toma de decisiones.

El encuentro tuvo, eso sí, su dosis de drama. Mehdi Taremi vio cómo le anulaban un gol por fuera de juego tras revisión de VAR. Más tarde, Nathan Ngoy dejó a Bélgica con diez al ver la roja directa por derribar al propio Taremi cuando encaraba portería sin oposición cercana. Aun así, Irán no supo aprovechar la superioridad numérica.

Bélgica dispuso de la ocasión más clara en las botas de Maxim De Cuyper, que remató de primeras al cuerpo de Alireza Beiranvand. También protagonizó un barullo en el área pequeña con hasta tres opciones de remate en pocos segundos. Irán sobrevivió como pudo y se llevó un punto que sabe a poco.

El balance es demoledor para ambos: dos puntos en dos partidos y la obligación de ganar en la última jornada. Bélgica se enfrentará a Nueva Zelanda; Irán, a un Egipto en plena euforia tras su primera victoria mundialista. El margen de error se ha agotado.

Inglaterra, entre el laboratorio de Tuchel y el parte médico

A miles de kilómetros de todo eso, Inglaterra vive entre el campo de entrenamiento y la enfermería. Thomas Tuchel ha impuesto un régimen estricto en la concentración, con toque de queda incluido. Dan Burn relató cómo varios jugadores tuvieron que abandonar antes de tiempo un concierto de la artista country Ella Langley para cumplir con el horario marcado por el seleccionador.

El ambiente interno, al menos hacia fuera, parece sólido. Harry Kane ejerce de DJ de vestuario con vinilos de música country, y el grupo aprovecha los escasos ratos de desconexión. Pero el calendario no espera y el segundo partido de grupo, ante Ghana en Boston, llega con dudas físicas.

Declan Rice terminó tocado el estreno frente a Croacia y es seria incógnita. Bukayo Saka arrastra problemas en el tendón de Aquiles desde el tramo final de temporada con Arsenal. El extremo entrenó al margen el sábado, con un plan específico para gestionar la dolencia, pero el domingo completó la sesión a puerta cerrada en Kansas City y se declara en condiciones.

Tuchel, sin embargo, ya había deslizado que quizá no arriesgaría con Saka hasta el último partido de grupo ante Panamá. El entrenamiento completo le plantea ahora un dilema: apostar por el talento del ‘7’ para cerrar la clasificación ante Ghana o reservarlo pensando en el largo recorrido del torneo. Un triunfo metería a Inglaterra en octavos y podría asegurar el liderato del grupo.

Doku, entre la paternidad y el Mundial

En el otro gran foco europeo, Bélgica, el nombre propio es Jeremy Doku. El atacante de Manchester City se perdió el duelo ante Irán por una infección en el pecho, pero la conversación gira en torno a algo más íntimo: el nacimiento de su primer hijo, previsto para la segunda semana de julio.

El propio Doku dejó clara su postura: es su primer hijo y quiere estar presente. Reconoce, eso sí, que el fútbol obliga a tener en cuenta otros factores y que la federación belga le ha mostrado comprensión. El debate estalló cuando la presentadora francesa France Pierron, en un canal de televisión, criticó con dureza la idea de abandonar un Mundial por acudir al parto, calificando el momento del nacimiento como “asqueroso” y restando importancia al papel del padre. Sus palabras provocaron un rechazo generalizado y han derivado en su suspensión, además de una posterior disculpa pública.

Desde dentro del vestuario, la respuesta ha sido muy distinta. Ollie Watkins, delantero inglés y padre de dos hijos, salió en defensa del belga: “Solo pasa una vez, tu primer hijo. Darle la bienvenida al mundo es una bendición y no vuelves a tener esa oportunidad”. Para Watkins, la decisión pertenece exclusivamente al jugador y nadie de fuera debería juzgarla.

En paralelo, el caso ha destapado otro detalle reglamentario del torneo: la FIFA mantiene una política estricta contra símbolos militares en banderas dentro de los estadios. Una bandera de Inglaterra con un submarino fue vetada en el estreno ante Croacia. El club Barrow FC respondió con humor en redes sociales, pixelando el submarino en una imagen, pero el mensaje del organismo es nítido: ni alusiones bélicas ni mensajes políticos en las gradas.

Irán, entre la protesta y el césped

El Mundial no vive aislado de la realidad. Irán lo demuestra en cada aparición. En el segundo partido, el himno volvió a ser recibido con abucheos desde parte de la grada. Afuera del estadio de Los Ángeles, los aficionados iraníes mantienen sus protestas, reclamando el fin de la República Islámica y denunciando que la selección no les representa.

Uno de ellos lo explicó con claridad a un medio británico: para los hinchas críticos, el equipo nacional sí es un símbolo político, porque —a su juicio— respalda al régimen. Las pancartas y consignas buscan enviar un mensaje al mundo tanto como al poder en Teherán.

Dentro del campo, Alireza Jahanbakhsh intenta sostener un equilibrio casi imposible. El capitán insiste en que juegan “para todos los iraníes, dentro y fuera del país, sea cual sea su ideología o preferencias”, y que la mejor forma de unir es rendir al máximo sobre el césped. Habla de respeto a todas las opiniones y de un compromiso simple: poner el corazón en cada partido. El ruido político no va a desaparecer; la pregunta es cuánto podrá blindarse el vestuario mientras el torneo avanza.

Entre rayos, banderas censuradas, debates morales y gestas inesperadas, el Mundial en Norteamérica se mueve al borde del caos controlado que tanto alimenta su magnetismo. Y mientras en Filadelfia todos miran al cielo para saber si habrá Francia–Irak a la hora prevista, la sensación es inequívoca: este torneo ya ha dejado de ser solo fútbol. La cuestión es quién sabrá manejar mejor la tormenta, dentro y fuera del campo.