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Trent Alexander-Arnold espera comprensión de la afición del Liverpool

Trent Alexander-Arnold aún espera “un grado de comprensión” de la afición del Liverpool. Han pasado 14 meses desde que dejó Anfield rumbo al Real Madrid y el lateral inglés admite que los insultos no han cesado. Ni en la calle digital ni en algunas gradas. Y duelen.

A los 27 años, tras una primera temporada irregular en España y quedarse fuera de la lista de Inglaterra para el Mundial, el defensa explicó al Mirror que la reacción a su marcha del club de su vida le ha golpeado más de lo que muchos imaginan. Él sigue pegado a la pantalla cada vez que juega el Liverpool. No se ha desconectado.

“Veo todos los partidos del Liverpool”, dejó claro, insistiendo en que su club de la infancia siempre tendrá “un lugar en mi corazón”. Esa frase no borra los abucheos, pero sí explica el conflicto interno de un futbolista que siente que dio todo por un escudo que ahora, parte de su gente, le recrimina la decisión de marcharse.

Veinte años de entrega… y abucheos en casa

Alexander-Arnold no esquiva la crítica. La asume. “Los abucheos y la decepción de los aficionados del Liverpool es algo que puedo soportar absolutamente. Puedo entenderlo, a mi manera”, explicó. Pero en la misma línea lanzó su petición: “Espero que algún día haya un grado de comprensión sobre las decisiones que quise tomar respecto a mi propia vida”.

Ahí está la herida. “Duele por todo lo que he dado al club durante 20 años y los sacrificios que hice por el club en ese periodo”, confesó. Dos décadas en la estructura del Liverpool, desde niño hasta estrella mundial, no le han blindado contra el juicio de una parte de la grada.

Su regreso a Anfield con la camiseta del Real Madrid, en la derrota por 1-0 en la Champions de noviembre, lo dejó claro: abucheos cada vez que tocaba el balón. La noche fue áspera. Sin embargo, Trent asegura que ha aprendido a separar ese ruido del trato que recibe cuando vuelve a Merseyside para ver a su familia.

“Ni una sola interacción que he tenido en persona refleja el tipo de cosas que ves online o en redes sociales”, apuntó. Dos mundos distintos: el estadio encendido y la ciudad que le vio crecer, más templada cara a cara.

Redes, insultos y una línea que se cruza

Alexander-Arnold, que participó en 35 de los 62 partidos del Real Madrid la pasada temporada en todas las competiciones, admite que el abuso online se ha convertido en “una parte triste de la vida” en 2026. Y reconoce que algunos mensajes “han cruzado la línea”.

“Decido mantener esas cosas lejos de mí porque no se sienten reales”, explicó. Su manera de protegerse pasa por relativizar lo que lee en la pantalla y recordar de dónde viene. “Puedo racionalizarlo sabiendo que no es representativo de un club de fútbol que amo, LFC, y no es representativo de mi ciudad natal”.

No se engaña: sabe que no todos en Liverpool le han perdonado. “Esto no es decir que todo el mundo en Liverpool esté bien con que me fuera del club, por supuesto que no. Pero eso es muy diferente de las cosas que van más allá del fútbol”, subrayó. Una cosa es el enfado deportivo; otra, el ataque personal.

El teléfono que no trajo el Mundial

El verano tampoco le dio tregua. Alexander-Arnold lo afrontó sin planes cerrados, con la esperanza de que Thomas Tuchel contara con él para el Mundial. Esperó esa llamada. Llegó, pero no con el mensaje que deseaba.

“Voy a ser sincero, estaba lleno de esperanza”, admitió. Cuando colgó, se derrumbó. “Cuando colgué el teléfono, estaba realmente destrozado. Espero que el cuerpo técnico esperara y entendiera que yo estaba enfadado”.

La última de sus 34 internacionalidades con Inglaterra se remonta a junio de 2025, cuando entró desde el banquillo en una victoria por 1-0 ante Andorra. Demasiado tiempo fuera para un jugador que se ve todavía en el centro del proyecto de su selección.

“Él [Tuchel] quiere jugadores que estén desesperados por jugar para Inglaterra. Yo soy uno de ellos”, insistió. No se siente fuera del mapa. Se siente en pausa.

“Hasta que me retire, seguiré siendo jugador de Inglaterra”

Durante el Mundial, Alexander-Arnold siguió cada partido de Inglaterra desde la distancia. No se desconectó ni un segundo del torneo ni del equipo. Y asegura que la decepción no ha erosionado su ambición.

“Hasta que me retire, sigo siendo jugador de Inglaterra, me seleccionen o no”, afirmó. “Siempre estoy disponible si y cuando el seleccionador me necesite. No hay mayor honor”.

El reto, ahora, es convertir el golpe en gasolina. Nada de recrearse en la frustración. “Quiero usarlo como combustible para volver a entrar en las convocatorias de Inglaterra y luego volver a vestir la camiseta de Inglaterra. Es uno de mis objetivos y espero conseguirlo”, sentenció.

Entre los abucheos en Anfield, los mensajes que “cruzan la línea” y la llamada que le dejó fuera del Mundial, Alexander-Arnold entra en la nueva temporada con algo más que talento en las botas: carga con una mezcla de orgullo herido y ambición feroz. La pregunta es cuánto tardará en transformar todo eso en otra ovación, esta vez de pie, ya sea en Anfield o bajo el himno de Inglaterra.