Waterford avanza a cuartos en la Club Orange FAI Men's Cup
Waterford FC ya está en los cuartos de final de la Club Orange FAI Men's Cup, pero tuvo que sudar hasta el último suspiro en el RSC para doblegar 2-1 a un Athlone Town valiente, incómodo y que coqueteó con la prórroga hasta el minuto final. El sueño de alzar el trofeo por primera vez desde 1980 sigue vivo, aunque nadie en casa podrá decir que fue un paseo.
Un favorito obligado a remar
El conjunto de Premier Division arrancó como claro favorito, con más balón y más intención desde el inicio. Sin embargo, se topó con un Athlone muy ordenado, juntando líneas y cerrando espacios, que obligó a Waterford a circular sin filo durante los primeros minutos.
El primer aviso serio llegó al cuarto de hora, y casi de la nada. Kevin Long despejó desde muy atrás, casi desde su propia área, y ese balón se convirtió en un envío perfecto para la carrera de Jorgen Voilas por la derecha. El delantero atacó el espacio, encaró portería y se preparaba para medir a Brendan Clarke, pero James Crawford apareció con un cruce magnífico para bloquear un gol que parecía hecho.
Del córner posterior nació el 1-0. Benny Couto, convertido en un arma letal a balón parado en las últimas semanas, colgó un envío medido al corazón del área. Allí irrumpió Padraig Amond, que leyó el vuelo del balón mejor que nadie y conectó un cabezazo poderoso desde unos ocho metros. Imparable para Clarke. Minuto 16 y ventaja para los Blues.
Empate polémico y partido nuevo
Lejos de hundirse, Athlone reaccionó con carácter. Jonathan Kehir probó a Arlo Doherty con un disparo que obligó al meta local a intervenir y marcó el tono de lo que venía. El premio visitante llegó en el 25’, envuelto en polémica desde la perspectiva de Waterford.
Saque de esquina de Mark Connolly desde la izquierda, barullo en el área y la sensación clara de que John Mahon era obstaculizado cuando intentaba despejar. El árbitro, Alan Patchell, dejó seguir. El balón suelto cayó perfecto para Cillian Tollett, que no dudó: latigazo a bocajarro al techo de la red. 1-1 y protesta generalizada en el RSC.
Ese gol cambió el paisaje. Athlone se soltó, empezó a combinar con más confianza y a discutirle el partido a Waterford. Los locales, incómodos, apenas encontraron espacios claros hasta el descanso. La primera parte se cerró con igualdad en el marcador y con la sensación de una eliminatoria mucho más abierta de lo que dictaban los pronósticos.
La joya de Couto devuelve el mando
Nada más volver de vestuarios, Waterford encontró el golpe de calidad que necesitaba. Minuto 50. Saque de banda en la derecha, balón para Couto, que controla, se perfila hacia dentro y ve una rendija. No lo duda: zurdazo con efecto, precioso, que supera a Clarke y se clava ajustado al palo largo. Un golazo que devolvió la ventaja y el pulso a los de casa.
Ese tanto liberó a Waterford. El equipo empezó a mandar con más autoridad, a jugar en campo rival y a generar ocasiones para sentenciar. Couto volvió a ser protagonista en el 65’, esta vez desde la izquierda, con un centro tenso al primer palo que Amond peinó con intención. El balón se fue rozando el poste.
Tres minutos después, los cambios casi surten efecto inmediato. Tommy Lonergan y Dean McMenamy, recién ingresados, se asociaron en la frontal. Lonergan vio el espacio y cedió atrás; McMenamy golpeó de primeras, pero el disparo tocó en un defensa y se perdió por encima del larguero por cuestión de centímetros.
Athlone se niega a caer
Athlone, sin embargo, no se rindió. Aaron Connolly, dueño de muchos de los mejores balones visitantes en la medular, probó fortuna en el 71’ con un disparo potente desde fuera del área que obligó a Doherty a una estirada baja, firme, a su izquierda. Aviso serio: el partido seguía vivo.
Waterford tuvo el 3-1 en el 78’. Conan Noonan peleó una pelota casi perdida cerca de la línea de fondo, la rescató y la colgó perfecta para la entrada de Hayden Cann. El central se elevó y conectó un cabezazo brutal que parecía gol cantado. Clarke, en cambio, sacó una mano de reflejos felinos para negarle el tanto. En el rechace, McMenamy apareció solo, pero su volea desde muy cerca se marchó por encima del travesaño. Dos ocasiones en pocos segundos, cero recompensa.
La tensión creció cuando el público reclamó una posible mano de Clarke fuera del área al salir a cortar un balón en el que Amond se disponía a encarar en solitario. Patchell dejó seguir, y el enfado en la grada se hizo notar.
Clarke siguió sosteniendo a Athlone en los minutos finales, con intervenciones ante Noonan y Voilas mientras Waterford buscaba con insistencia el gol de la tranquilidad que nunca llegó.
Un susto final y un billete a cuartos
Con el tiempo cumplido y el RSC conteniendo la respiración, Athlone rozó la prórroga. Sean Brennan armó un disparo violento desde larga distancia que se dirigía al ángulo. Doherty voló y, con la yema de los dedos, desvió el balón por encima del larguero en una parada de enorme categoría.
Fue la última gran sacudida de una noche tensa. Waterford resistió, cerró el 2-1 y aseguró su presencia entre los ocho mejores de la competición. No fue un triunfo cómodo, ni brillante de principio a fin. Pero en un torneo que no perdona despistes, quizá este tipo de victorias sufridas sean el mejor aviso de lo que aún está por venir para los Blues.






