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Xhaka y el pequeño Arsène Wenger en Sunderland

Granit Xhaka ha trabajado con algunos de los entrenadores más influyentes del fútbol europeo. Arsène Wenger, Unai Emery, Mikel Arteta, Xabi Alonso. Nombres que marcan carreras. Y, sin embargo, cuando el suizo habla del técnico que hoy le dirige en Sunderland, la comparación que elige no es menor.

“Le llamo el pequeño Arsène Wenger”, confesó a TNT Sports al referirse a Régis Le Bris.

La frase no es gratuita ni busca el titular fácil. Viene de alguien que ha pasado por Arsenal, Bayer Leverkusen, Basel y Borussia Mönchengladbach, y que ha visto de cerca tres grandes ligas europeas y varios estilos de liderazgo.

“Como ser humano, es top. Es muy calmado, no es un tipo que grita, tiene todas las soluciones y, tácticamente, es increíble. Y para él, tener un equipo nuevo, ahora otra vez con nuevos jugadores, creo que no es fácil”, explicó Xhaka. “Pero ha demostrado que es un gran entrenador, ha demostrado que puede mejorar a este equipo, a los jugadores. Y yo estoy muy agradecido de poder tener un entrenador como él”.

El fichaje que cambió el tono del Sunderland

Le Bris llevó a Xhaka al Stadium of Light el verano pasado, fichándolo desde Leverkusen en un movimiento que dejó claro el mensaje del club: Sunderland no volvía a la élite para pasearse. Quería competir.

En su primera temporada de regreso a la Premier League, el suizo se puso el brazalete y empujó al equipo hacia una séptima plaza tan inesperada como contundente. Clasificación para la Europa League y un techo de expectativas roto en mil pedazos.

¿Qué diferencia a Le Bris de los otros técnicos de élite que ha tenido Xhaka? El capitán de Suiza no duda: el nivel de detalle.

“Es muy detallista. Cuando analiza algo –no solo al rival, también a nosotros, y más en las reuniones individuales– es muy detallista”, relató.

“Entra en detalles que no he visto a menudo en un entrenador. Así que cada jugador aquí ha mejorado en los últimos 16 meses y creo que todavía hay margen para que todos sigan mejorando”.

En el día a día, eso se traduce en sesiones de entrenamiento minuciosas, planes de partido diseccionados al milímetro y correcciones constantes. Nada se deja al azar. Ni una carrera, ni un giro de cuerpo, ni una línea de pase.

El puente entre el banquillo y el vestuario

Xhaka es la extensión natural de Le Bris sobre el césped. El más experimentado del vestuario, el que marca el tono. Su influencia va mucho más allá de su rango de pase: es el puente entre las exigencias tácticas del técnico y un grupo joven que todavía se está acostumbrando a vivir en la parte alta de la tabla.

“Si yo no soy el tipo que da el primer paso, ¿quién me va a seguir?”, lanzó el centrocampista. “Soy alguien que se exige mucho a sí mismo. Es lo primero que me exijo”.

Y fue más allá: “Nunca señalo con el dedo a otros antes de señalármelo a mí mismo. A veces la gente olvida la diferencia entre exigir y quejarse porque, para mí, son dos pares de zapatos distintos. Yo quiero ganar. Quiero ganar cuando estoy en casa, quiero ganar cuando estoy en el campo en los entrenamientos y quiero ganar en los partidos del fin de semana. Así soy”.

Esa mentalidad competitiva encaja con la obsesión de Le Bris por el detalle. Uno aprieta desde el banquillo, el otro desde el círculo central. El mensaje baja claro: aquí nadie se relaja.

Un examen frente al viejo amor

El calendario ha querido que el gran examen llegue ahora, contra un viejo conocido. Sunderland se mide a Arsenal, el club que marcó la etapa más larga de Xhaka en la Premier League y donde coincidió con Arteta, hoy al frente de unos Gunners que mantienen un inicio de temporada perfecto.

El duelo, para el suizo, va mucho más allá de un simple partido de liga. Es una vara de medir. ¿Hasta dónde ha llevado Le Bris a este Sunderland? ¿Cuánto se ha acercado este “pequeño Wenger” a los gigantes del campeonato?

Para competir con el bloque de Arteta hará falta exprimir al máximo esa preparación quirúrgica de la que presume el técnico francés. El triángulo de mediocampo que forman Xhaka, Diarra y Sadiki será clave para romper el ritmo de su antiguo club, cortar líneas de pase y obligar a Arsenal a jugar incómodo.

El contexto es exigente, el rival es de élite y el foco, inevitablemente, apunta al banquillo y al brazalete. Pero Xhaka no se esconde. Antes de reencontrarse con el equipo de Arteta, dejó un último mensaje para una afición que ha vuelto a creer: “Nunca nos rendiremos”.

El resto, ahora, se decidirá donde más le gusta: en el césped, en un partido grande, con todo en juego.