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Arsenal conquista la Premier League y se prepara para Budapest

Arsenal por fin levantó la Premier League. Lo hizo con un 2-1 trabajado ante Crystal Palace en Selhurst Park, en el último partido doméstico de la temporada. El pitido final desató años de frustración acumulada: jugadores abrazados, Arteta con su familia sobre el césped, una grada visitante que no quería irse. Tres subcampeonatos seguidos habían dejado cicatriz. Este título la empieza a cerrar.

Pero la fiesta duró lo justo. Mikel Arteta no tardó en cambiar el discurso del festejo al desafío. El sábado espera PSG, en Budapest, en la que será la noche más grande de la era reciente del club. La Champions League, el trofeo que nunca ha vestido de rojo y blanco, se ha convertido en la verdadera obsesión.

“El error sería frenar esa energía”

El técnico español no quiere que el éxito en la Premier adormezca el hambre de su vestuario. Lo dejó claro en su mensaje: el título no es una meta, es gasolina.

“Necesitamos que esa energía fluya y, ir en contra de eso, creo que sería un gran error”, avisó.

El vestuario ya ha hablado del plan para Budapest, de cómo canalizar “toda la energía increíble” que arrastra el equipo hacia la final. “Mañana empezaremos a prepararla”, subrayó, marcando el cambio inmediato de chip.

El contexto lo explica todo. Para un equipo que había chocado tres años seguidos contra el mismo techo, la Premier supone un salto gigantesco. Pero en el mapa europeo sigue faltando una marca: la orejona. Arsenal nunca ha ganado la máxima competición de clubes del continente y Arteta sabe que está ante una oportunidad histórica de convertir a este grupo en leyenda.

“No podemos esperar para escribir un nuevo capítulo en la historia de nuestro club y levantar la Champions League”, lanzó, sin rodeos, dejando clara su intención de firmar un doblete doméstico y continental que cambiaría para siempre la dimensión del Arsenal moderno.

De las cicatrices al “campeón” como escudo

Arteta, que ya levantó la FA Cup en su primera temporada en 2020, ha atravesado varios años de casi, de proyectos que se quedaban a un paso del éxito total. Esta Premier es su punto más alto, pero también, según él, un punto de partida.

Está convencido de que el nuevo estatus de “campeones” puede jugar un papel decisivo cuando el equipo salga al césped de Budapest. No solo por la etiqueta, sino por lo que implica en la mente de sus jugadores.

“Les dije a los chicos que esta camiseta ahora representa algo distinto”, explicó.

“Somos los campeones, y eso aporta mucha confianza y un tipo de presencia y energía diferente. Pero también otro tipo de responsabilidad”. A partir de ahí, se marcó su propia misión: “Mi trabajo ahora, y el de todos en el club, es elevar esos estándares y lograr mucho más, porque creo que somos capaces de hacerlo”.

El mensaje es claro: el título no relaja, exige. El escudo pesa más, no menos.

Alivio, validación y una obsesión cumplida

Sobre el césped de Selhurst Park, rodeado de su familia, Arteta dejó ver algo que pocas veces enseña: alivio puro. Durante meses había recurrido a técnicas de visualización, imaginándose con el trofeo en las manos. Ahora, con la copa real entre los brazos, siente que el camino elegido ha tenido sentido.

“Soy el mismo, pero más feliz y aliviado, diría”, confesó.

El recorrido hasta aquí no ha sido lineal. “A lo largo de este viaje hemos dado pasos enormes. Hemos logrado muchas cosas que, en mi opinión, tienen mucho valor”. Pero él mismo recordó el verdadero baremo por el que se mide a un club como Arsenal: “Al final del día, estamos aquí para ganar grandes trofeos. Ese era el objetivo último”.

Las heridas recientes siguen frescas. “Estuvimos muy cerca y, en tres ocasiones, nos quedamos cortos al final, y eso fue muy doloroso”, reconoció. Esas caídas, sin embargo, han actuado como motor. “Creo que eso nos ha empujado a todos a encontrar nuevas formas de mostrar de qué estamos hechos. Por eso dije que la manera en la que lo hemos conseguido lo hace aún mejor”.

La Premier ya está en las vitrinas. El relato ha cambiado: Arsenal vuelve a mandar en Inglaterra. Ahora falta la página que siempre se resistió. Budapest dictará si este equipo se queda en campeón… o se convierte en eterno.