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Aston Villa regresa a la Champions League: Superando Limitaciones Financieras

Aston Villa está de vuelta en la Champions League. Confirmado. Sellado con una noche furiosa en Birmingham: 4-2 a Liverpool, vigente campeón de la Premier League, y un mensaje nítido al resto de Europa. El equipo de Unai Emery regresa al máximo escenario continental y lo hace a su manera: desafiando a la lógica, a las estadísticas y, sobre todo, a sus propias limitaciones económicas.

De la herida de Old Trafford al salto definitivo

Hace un año, el relato era muy distinto. Aston Villa se quedó fuera de los cinco primeros por diferencia de goles en la última jornada. Aquella tarde en Old Trafford dejó una cicatriz: un error del árbitro Thomas Bramall negó a Morgan Rogers un gol que habría abierto el marcador ante Manchester United; el partido terminó 2-0, con Emiliano Martínez expulsado y un billete europeo que se escapaba por milímetros.

Aquello dolió. Y no poco.

Esa herida pedía respuesta. La obtuvieron esta temporada, adelantando a Liverpool en la tabla para instalarse en un cuarto puesto que les devuelve a la Champions y los deja fuera del alcance de un Bournemouth que venía empujando desde atrás. No es solo una clasificación; es una reparación moral.

Mientras tanto, el calendario no les ha dado tregua: la mente ya apunta a Estambul, donde el miércoles disputarán ante Freiburg la final de la Europa League, su primera gran final europea desde que levantaron la European Cup en 1982. Un salto generacional.

El equipo que desafía a los números

Lo más llamativo de este Aston Villa no es solo dónde está, sino desde dónde ha llegado. Según la tabla esperada de Opta, el equipo de Emery debería ocupar el puesto 12. En realidad, está ocho posiciones por encima y suma 15 puntos más de los que “debería”. Ningún otro club de la Premier League sobrepasa tanto sus previsiones.

Solo Sunderland y Everton también rinden más de lo que dictan los modelos, y ninguno se acerca a la magnitud de Villa.

Las cifras ofensivas no gritan “superpotencia”. Sus 54 goles los colocan séptimos del campeonato, por detrás incluso de un Chelsea décimo con 55 tantos. Han firmado 471 disparos, apenas el noveno registro más alto de la liga, menos que cualquier equipo del top 6 y también que Chelsea. Sus tiros a puerta los sitúan octavos, por detrás del resto de los seis primeros, Brighton y Newcastle United.

Y, sin embargo, cuando Villa apunta, suele hacer daño. Su tasa de conversión es del 11%, solo superada por Brentford (14%), Manchester City (13%) y Arsenal (13%). En términos de goles por encima de su xG, únicamente Tottenham (+8,33) mejora el rendimiento de los de Emery.

La xG de Aston Villa es de 46,42. Han marcado 7,58 goles más de los esperados. Lo llamativo es que ese volumen de ocasiones “esperadas” es muy inferior al de sus rivales directos: todos los integrantes del top 6 superan los 58 goles esperados. Villa vive en el filo, pero lo domina.

Hay un dato que explica parte de esa diferencia: el disparo lejano. Quince de sus goles han llegado desde fuera del área, un 28% del total. Solo Bournemouth (21%) y Fulham (21%) superan el 20% en este apartado. Es un equipo que no necesita pisar el área para amenazar.

Paradójicamente, cuando hablamos de “grandes ocasiones”, Villa se desploma. Ha generado 84 grandes oportunidades y solo ha convertido 24. Un 29% de acierto, el peor porcentaje de toda la Premier League. En el extremo opuesto, Nottingham Forest convierte un 46% de sus grandes ocasiones. Villa, en cambio, vive de la precisión en momentos menos obvios y de una pegada que rompe las previsiones.

Emery, exigencia sin excusas

Todo esto lo ha conseguido Aston Villa mientras compaginaba la Premier League con un largo recorrido en Europa que ahora desemboca en una final continental. Emery nunca ha querido escuchar excusas.

“Soy muy exigente. Competir jueves y domingo no son excusas”, ha repetido. Tres años de trabajo, objetivos cumplidos uno tras otro, y una idea clara: construir un camino propio, con los recursos que tiene el club, para enfrentarse a los mejores de la liga y del continente. El técnico asegura tener “un buen equilibrio” en su cabeza sobre lo que están haciendo. La tabla y el billete a la Champions parecen darle la razón.

Éxito con freno de mano: el peso del PSR

Para entender la dimensión de lo que ha logrado Aston Villa hay que mirar las cuentas. Desde que Emery llegó en 2022, solo Wolves, Brentford, Brighton y Everton presentan un gasto neto inferior al de Villa, que se queda en 73,5 millones de libras. Muy poco para un aspirante a Champions en la Premier League actual.

No es una decisión deportiva, es una obligación. El club camina sobre la cuerda floja del Profit and Sustainability Rules (PSR), las reglas de beneficios y sostenibilidad. Cada libra cuenta. Cada operación se mide al milímetro.

La escena es elocuente: mientras la plantilla celebraba la clasificación a la Champions en mayo de 2024, Emery y Damian Vidagany, jefe de operaciones de fútbol, se sentaban en la cena de final de temporada con otra preocupación en la cabeza: cómo evitar una infracción del PSR. La respuesta fue drástica y rápida: venta de Douglas Luiz a Juventus por 43 millones de libras.

Antes ya había salido Jacob Ramsey rumbo a Newcastle por 40 millones. Y dentro del club se asume que otra estrella puede marcharse este verano. Morgan Rogers, fichado desde Middlesbrough por 16 millones hace dos años, se ha disparado en rendimiento. Si firma un gran Mundial con Inglaterra, Aston Villa podrá pedir cerca de 100 millones por él.

La clasificación para la Champions refuerza la posición negociadora del club, pero la realidad es tozuda: vender un jugador importante cada año se ha convertido en la vía más sencilla para cuadrar las cuentas.

El impacto de la Champions en las cuentas

Los números delatan la dependencia. En la temporada 2024-25, con el equipo ya disputando la Champions League, el club presentó un beneficio de 17 millones de libras. Un giro radical si se compara con la pérdida de casi 90 millones del curso anterior.

Todavía más revelador: Aston Villa perdió 120 millones en el ejercicio 2022-23. El salto de ingresos que trae la Champions no es un lujo, es casi una tabla de salvación.

La dirección del club ha empujado fuerte para aumentar los ingresos, aunque eso haya tensionado la relación con parte de la afición por la subida del precio de las entradas. La facturación ha escalado hasta los 378 millones de libras. No es casualidad. Es la única forma de acercarse a los gigantes contra los que ahora compite.

En Villa Park ya ha comenzado la reconstrucción de la North Stand, con previsión de finalizar las obras a finales del próximo año. El estadio superará entonces los 50.000 asientos. El nuevo espacio de ocio Warehouse en el propio recinto ya está terminado. Más aforo, más oferta, más días de actividad: más ingresos en cada partido. Cada ladrillo es una respuesta a la brecha económica que separa a Aston Villa de los colosos de la Champions.

Mercado, normas y la batalla del SCR

Nada de esto ha evitado que el club se vea obligado a jugar al límite en el mercado. El intento por fichar a Conor Gallagher es un buen ejemplo. Tras meses de trabajo, la operación acabó en manos de Tottenham, que pudo poner el dinero sobre la mesa para cerrar el acuerdo con el mediocampista procedente de Atlético de Madrid, mientras Villa se quedaba corto.

Dentro del club hay un malestar creciente con el marco regulatorio. La Premier League y la UEFA manejan normas financieras distintas. A partir de la próxima temporada, los clubes de la máxima categoría inglesa han aprobado un sistema de “squad-cost ratio” (SCR), que permitirá gastar hasta el 85% de los ingresos en costes de plantilla. En Europa, la UEFA fija el límite en el 70%.

Vidagany ha defendido públicamente la necesidad de una regulación financiera en el fútbol, pero considera que la coexistencia de reglas domésticas y europeas, con criterios diferentes, genera un rompecabezas difícil de gestionar. Aston Villa ha competido estos años con el freno de mano echado.

Ahora, con la clasificación a la Champions por segunda vez en tres años, el club por fin vislumbra la posibilidad de soltarlo. La pregunta ya no es si pertenece a la élite. Es cuánto tiempo podrá mantenerse allí sin tener que vender una pieza clave cada verano.