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Boulahrouz y Janssen critican a Meerdink tras derrota del AZ

AZ salió de su estreno en la Europa League con algo más que una derrota por 1-0 ante Sunderland. Salió con la sensación de haber dejado vivo a un rival al que tuvo contra las cuerdas. Y en el centro de todas las miradas quedó Mexx Meerdink.

El equipo de Alkmaar generó ocasiones de sobra para, como mínimo, sumar un punto. No lo hizo. Falló en el área rival, en los metros donde se deciden las noches europeas. Y ahí, según Khalid Boulahrouz, no hay perdón.

A diez minutos del final, Meerdink tuvo la oportunidad que todo delantero sueña: balón franco para empatar, tiempo para decidir, espacio para rematar. Pero dudó. Esperó demasiado y terminó estrellando el disparo contra la pierna estirada de Robin Roefs. La ocasión se esfumó, y con ella la reacción de AZ.

En el estudio de Ziggo Sport, Boulahrouz no escondió su frustración: para él, el partido pedía otra frialdad en el área. Recordó todas las oportunidades de AZ y fue tajante: a este nivel, al menos una tiene que acabar dentro.

Sobre la acción de Meerdink, el exdefensa fue directo al detalle: el tiro, demasiado flojo, raso, sin convicción. Para Boulahrouz, un delantero implacable ahí rompe la red, apunta al techo de la portería y no deja margen al portero. Citó a su compañero de plató, Theo Janssen, para reforzar la idea: un ‘9’ debe convertirse en un “killer”, más aún si sueña con llegar a la selección de Países Bajos. Son esas situaciones, subrayó, en las que un atacante se diferencia del resto.

Boulahrouz también puso el foco en la toma de decisiones. Ese toque extra, ese segundo de más, para él es síntoma de que el delantero no se coloca bien, de que ya no puede armar el disparo como quiere. Lo definió sin rodeos como desperdiciar una ocasión del cien por cien. Y amplió el análisis: vio a Meerdink demasiado descuidado durante el encuentro, poco fiable como referencia ofensiva y, cuando por fin le llegaron las oportunidades, incapaz de rematarlas.

Meerdink no se escondió tras el pitido final. Admitió que en varios momentos perdió el balón con demasiada facilidad, aunque también rescató algunas acciones positivas en su actuación. Señaló que su gran reto es sostener ese buen nivel de forma constante. Y coincidió con los analistas de Ziggo: ese balón del tramo final debía acabar dentro, sin pensar, golpeando con el empeine. En el área, dijo, tiene que ser —y convertirse— en un delantero letal.

Janssen, sin embargo, no quedó satisfecho con el tono de la autoevaluación del atacante. Le llamó la atención que Meerdink saliera de la noche con la sensación de haber firmado un partido “bastante decente” y relativamente contento. Su consejo fue claro: que se siente con calma a ver de nuevo el encuentro, porque todo se reduce a una serie de momentos clave en los que un delantero tiene que ser mortal y dar pausa y seguridad a su equipo. Esos pocos destellos, remató, no bastan.

El excentrocampista fue tan duro como elogioso. Describió a Meerdink como un futbolista muy agradable de ver, técnicamente fino, con todas las condiciones para convertirse en un gran jugador. Pero le falta algo que no se entrena con el balón: hambre. Para Janssen, un atacante de élite debe hacerlo todo por exprimir su talento, vivir al límite en cada acción. Y ahí, confesó, a veces echa en falta ese plus en Meerdink.

El mensaje quedó flotando en el aire: AZ ya sabe que puede competir y generar peligro en Europa. La cuestión es si su joven delantero dará el salto que le exigen, o si noches como la de Sunderland se convertirán en una oportunidad perdida más en su carrera.