Manchester United cae ante Brighton en la Carabao Cup
La última vez que Manchester United desperdició un 2-0 en Old Trafford y acabó derrotado, Sir Alex Ferguson entrenaba a St Mirren. No a Aberdeen, no al United. St Mirren. Aquello fue en 1976, con John Pratt firmando el gol de la remontada para Tottenham. Los miembros de la Class of ’92 llevaban pañales.
Ese es el marco temporal de la caída que el United sufrió ante Brighton en la tercera ronda de la Carabao Cup. Casi medio siglo después, el club vuelve a tocar una de sus notas más bajas en su propio estadio.
Un Old Trafford harto
La atmósfera venía cargada desde antes del pitido inicial. Tres días antes, ante Manchester City, ya había habido protestas dentro y fuera del estadio. Contra los dueños, contra la deriva del equipo, contra casi todo. La derrota ante un City con diez hombres solo avivó la sensación de declive.
El miércoles, la paciencia se rompió de otra forma. Al final del partido, mientras los jugadores intentaban completar la tradicional vuelta de agradecimiento, la mayoría de aficionados eligió la puerta de salida. Silencio de asientos vacíos como respuesta al último bochorno.
Los que se quedaron no optaron por el silencio. Primero llegaron los abucheos, los mismos que ya habían tronado 21 minutos antes del final, cuando el United se vio por detrás en el marcador. Después, ya cerca del túnel y de la grada de animación, las palabras fueron más directas. “¿Qué ha sido eso?”, preguntaban a Michael Carrick y a sus futbolistas, con un vocabulario bastante más crudo que el que se escuchó en televisión.
En medio de ese ruido, un nombre apenas asomaba: JJ Gabriel. El chico de 15 años que decidió darle la espalda al club en plena polémica por su situación. Nada de lo que vio en Old Trafford le haría pensar que se equivocó. Y, con el partido roto, su prometido debut casi seguro habría desaparecido del plan, más aún cuando Bruno Fernandes entró en la recta final para intentar rescatar el resultado.
Un debut brillante… y sepultado
Entre los escombros del partido, solo una luz: Shea Lacey. Ocho minutos necesitó en su primera titularidad con el primer equipo para marcar. Control, definición y un dato para la historia: el primer adolescente que anota en su debut como titular con el United desde Marcus Rashford en febrero de 2016.
El problema para Lacey es que su gran noche quedó enterrada bajo el enfado general. Carrick lo lamentó con sinceridad: “Es una pena que el momento de Shea, tan grande para él, para su familia, sus amigos y toda la academia, se pierda un poco”, reconoció. “Para él no se perderá cuando todo se calme, pero ahora mismo parece que fue hace mucho tiempo”.
El gol no tapó las grietas. Carrick hizo ocho cambios respecto al último once y, atrás, el experimento salió mal. Diogo Dalot fue uno de los tres que mantuvo su sitio, pero su nivel ha caído en picado. Noussair Mazraoui, lateral zurdo de emergencia, volvió a alimentar el debate sobre la decisión de no fichar un lateral izquierdo antes del cierre del mercado. Leny Yoro y Ayden Heaven dejaron claro que aún son centrales en formación. En el centro del campo, el United fue arrollado.
Marcus Rashford volvió a ser un espejismo: amenaza constante, cero gol, cero asistencia. Tuvo la mejor ocasión para empatar cuando se plantó solo ante Jason Steele, pero el portero de Brighton ganó el duelo.
Del otro lado, el análisis fue sencillo. “Cuanto más avanzó el partido, más control tuvimos”, resumió el técnico de Brighton, Fabian Hurzeler. “Creo que merecimos ganar”. Carrick no discutió ese veredicto.
Carrick, entre la calma y la tormenta
La estadística golpea: el United solo ha ganado dos veces esta temporada, y no precisamente en noches de autoridad. Remontó en casa ante el recién ascendido Ipswich y venció a Sabah FK, campeón de Azerbaiyán, en la Champions League. Las derrotas ya son tres, más de las que acumuló Carrick en los 17 partidos que dirigió tras reemplazar a Ruben Amorim en enero.
“Claro que podemos darle la vuelta, tenemos muy buenos jugadores”, defendió el técnico. “Se siente mal porque no hemos tenido una gran semana o dos, o tres semanas”.
Conoce la casa, sabe cómo se multiplica la presión cuando se encadenan malos resultados. Aun así, asegura que no se siente acorralado: “No me siento bajo presión. De cualquier manera, no me molesta lo más mínimo. Entiendo lo que pasa fuera y cómo funciona el mundo, pero no me afecta. Lo que me preocupa es ganar partidos, tener una buena sensación en el club y en el grupo, saber que nos movemos en una buena dirección”.
El problema es que nada sugiere esa buena dirección. Ni en el juego, ni en los resultados, ni en el ambiente.
Carrick también tuvo que abordar el caso JJ Gabriel: “Es un chico joven, tiene 15 años, y para mí, y para el club, cuidar de nuestros jugadores jóvenes, su bienestar, su exposición, es clave. Tenemos que ser muy conscientes de eso en esta situación”, explicó. Pero al final, todo se reduce a lo mismo: marcadores.
“Estar aquí te endurece con el tiempo”, apuntó. “Depende de cómo lo afrontes. Tienes que hacerlo de una forma que te permita sobrellevarlo y sacar lo mejor de ti. Como sea que lo hagas, con tu motivación y la confianza profunda de que podemos ganar partidos”.
Y dejó una frase que resume el clima: “Hemos quedado fuera de la copa esta noche, y la sensación alrededor del club es más grande que eso. Soy lo bastante honesto para decir que así se siente. Pero no tiene por qué ser así. Si volvemos a ganar partidos, puede ir en otra dirección”.
Un vestuario señalado y un partido clave
El calendario no espera. Antes del parón internacional, el United visita a Fulham el domingo. Más que un partido, una obligación. Por pura salud del club.
Desde el plató de Sky Sports, Jamie Redknapp fue tajante: no está convencido de que el United vaya a responder. “Ahora mismo están lejísimos”, dijo el excentrocampista de Inglaterra. “No importa lo bueno que sea el entrenador, si no tienes a los jugadores adecuados es muy difícil. Hay una razón por la que otros entrenadores han sufrido. Tarde o temprano, la presión siempre llega”.
Para Redknapp, el duelo en Craven Cottage se ha convertido en un examen mayúsculo: “Este fin de semana se vuelve un partido enorme. No necesita otro mal resultado, porque de repente te vas al parón y todo el mundo habla de ti. Los ganadores esta noche son los jugadores que no jugaron”.
Old Trafford ya ha hablado. Ahora le toca al vestuario. Y al United, que empieza a quedarse sin margen para seguir cayendo.






