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Declan Rice: del confort de adidas a un nuevo mercado

En agosto, algo tan pequeño como unas botas encendió todas las alarmas. En un entrenamiento de Arsenal, Declan Rice dejó a un lado sus habituales adidas COPA Pure y apareció con unas llamativas Nike Tiempo Maestri blancas, rojas y doradas. Para los cazadores de detalles, el mensaje era claro: algo se mueve en el futuro comercial del centrocampista.

Durante siete años, Rice ha sido hombre de las Three Stripes. Antes no. El inglés arrancó su carrera profesional como atleta Nike, luciendo precisamente Tiempos en sus años de irrupción en West Ham, hasta que en 2019 firmó por adidas. Volver a la bota que ya conoce de memoria no sería un salto al vacío, sino un regreso a un terreno familiar. La Tiempo es, en esencia, la respuesta de Nike a la línea COPA: herencia, comodidad, control.

Un escaparate de pruebas en London Colney

Tras aquel entrenamiento con Nike en agosto, Rice volvió brevemente a sus COPA. La calma duró poco. A principios de septiembre, en London Colney, se le vio con unas botas completamente blancas, sin marca visible. En los partidos, por obligación contractual, siguió usando adidas. En los entrenamientos, en cambio, empezó a hablar con sus pies.

Los especialistas en material no tardaron en desenmascarar la silueta misteriosa: no eran otras Nike, ni un prototipo de adidas. Todo apunta a que se trata de las nuevas Under Armour Magneto 6, lanzadas a finales de agosto. Una elección mucho más lateral, casi de nicho, en un mercado dominado por los gigantes.

Cuando un jugador pasa a botas blancas o negras sin logo, casi siempre significa lo mismo: contrato cerca de expirar, ruptura pactada o búsqueda activa de nuevo proveedor. En el caso de Rice, cada cambio de modelo parece una comparativa en directo antes de tomar una decisión que, salvo giro inesperado, lo alejará de adidas.

¿Por qué romper con un gigante?

Lo que todavía no está claro es el motivo exacto de este giro. Tras siete años, puede ser simplemente cansancio y necesidad de cambio. También puede ser dinero. O visibilidad. O todo a la vez.

Rice ha sido uno de los rostros de la gama COPA, menos ostentosa que otras líneas de adidas, y ha aparecido en varias campañas. Pero cuesta situarlo entre las grandes banderas de la marca. En el fútbol masculino, ese escaparate lo ocupan hoy nombres como Lionel Messi, Lamine Yamal o Jude Bellingham.

Su ausencia reciente en campañas importantes alimenta las dudas. En el cortometraje mundialista de cinco minutos de adidas, ‘Backyard Legends’, con Timothée Chalamet y el trío estrella de la marca, se dio espacio a Ousmane Dembélé, Pedri, Raphinha o Florian Wirtz. Rice no apareció. Lo mismo ocurrió antes de la Euro 2024, cuando Bellingham acaparó el foco en la campaña previa al torneo.

El contraste es llamativo. En la Premier League, Rice es un personaje grande, carismático, uno de los mejores centrocampistas del planeta. Su impacto global, sin embargo, no parece haber despegado al ritmo de su fútbol. Es lógico pensar que el propio jugador se pregunte si un nuevo proveedor podría ayudarle a dar ese salto de imagen.

El peso del estatus… y del cheque

El contexto del mercado tampoco ayuda a adidas. Su cartera está llena de estrellas, y en otra marca Rice pasaría, de inmediato, a ocupar un lugar mucho más destacado. En Nike sería uno de los nombres fuertes de su centro del campo. En Under Armour, directamente, uno de los grandes referentes de la marca.

No hay que descartar, tampoco, que la decisión no haya sido suya. Los proveedores suelen comunicar a los futbolistas, en el último año de contrato, si no habrá renovación. A partir de ahí, el apoyo económico y la promoción suelen reducirse, mientras la inversión se redirige a otros perfiles. Eso explicaría su ausencia en las últimas campañas de adidas, con otros nombres priorizados.

La pandemia dejó huella en la industria. Tras el Covid-19, Nike cortó acuerdos con varios futbolistas de élite para concentrar esfuerzos en sus rostros más rentables: Cristiano Ronaldo, Kylian Mbappé, Marcus Rashford. Un movimiento que marcó tendencia. Según fuentes citadas por The Athletic, muchos jugadores de primer nivel miran hacia otras marcas porque “requieren más atención y promoción de la que a veces reciben de las más grandes”. Rice encaja perfectamente en ese perfil de estrella que puede sentirse infrautilizada.

Y luego está el dinero. Los contratos de botas, en sus versiones más jugosas, pueden alcanzar el 10-15% del salario que el jugador cobra de su club. Si otro proveedor pone sobre la mesa mejores condiciones, es normal que las cabezas giren.

Más control, menos dependencia

El caso de Rice se enmarca en una corriente más amplia: futbolistas que reclaman más control sobre su imagen. Vinicius Junior jugó con botas Nike completamente negras en 2022 como gesto de desafío ante unas nuevas condiciones que consideraba insuficientes tras expirar su contrato. Entonces, una fuente explicó que el brasileño buscaba una marca “dispuesta a invertir en su marca a través de campañas y activaciones a nivel mundial”. Al final, Nike cedió.

Ahora se habla de un posible movimiento sísmico: Mbappé, heredero del trono de Nike Football tras Cristiano, podría romper con la marca después de dos décadas para irse a un “nuevo” actor del mercado, rumoreado como la firma suiza ON. El francés tendría participación accionarial, voz en la estrategia de producto y libertad para co-diseñar su propia línea de botas.

En un escalón inferior, muchos futbolistas se sienten atraídos por liderar proyectos de proveedores de segundo nivel: PUMA, Under Armour, New Balance, Mizuno. Neymar, Kai Havertz, Bukayo Saka, Eberechi Eze o Ibrahima Konaté ya han dado el paso de dejar atrás a Nike o adidas para ocupar un rol más central en estas marcas emergentes.

Otros, directamente, rompen el molde. Michael Olise, estrella del Bayern Munich y de Francia, no tiene contrato de botas. Hector Bellerín llegó a comprarlas por internet por su cuenta. Autonomía absoluta.

¿Capítulo final con adidas… o giro de guion?

Pese a todas las señales, la puerta de adidas no está cerrada del todo para Rice. El guion ya se ha visto otras veces: jugadores que prueban otros modelos, que tapan los logos, que coquetean con la competencia… y acaban renovando con su proveedor original. Erling Haaland lo hizo. Vinicius, también.

Mientras tanto, el centrocampista de Arsenal sigue enviando mensajes con cada entrenamiento. Un día Nike, otro Under Armour, luego COPA, después botas en blanco. Cada elección alimenta la intriga en un mercado donde la bota que llevas dice casi tanto como el escudo que defiendes.

De momento, Rice mantiene a todos en vilo. Y en un negocio donde la próxima gran cara vale millones, la pregunta ya no es solo qué botas le sientan mejor, sino quién estará dispuesto a convertirlo, por fin, en uno de los rostros de su marca.