jornadadeportiva full logo

Hull desafía las expectativas y deja a Coventry tocado

Ollie McBurnie salió del CBS Arena con una sonrisa afilada y una frase que resume el momento del Hull: “Para ser el peor equipo de la historia de la Premier League, no es un mal comienzo de los chicos”. Broma con veneno para los críticos, respaldo absoluto para un vestuario que ha arrancado la temporada a contracorriente de todos los pronósticos.

Dos partidos, dos victorias. Primero ante Manchester United, ahora en el campo de un rival directo por la permanencia. El regreso del Hull a la Premier League ya no es un cuento efímero: empieza a parecer un proyecto con colmillo.

Hull se siente de Primera

En Coventry no hubo brillo, hubo oficio. Donde el debut fue una declaración de intenciones, esta vez el Hull mostró la cara áspera que exige la categoría. Aguantó, se protegió, esperó su momento… y lo encontró con Liam Millar en el minuto 82.

Hasta entonces, el plan fue de acero. Semi Ajayi se adueñó del centro de la zaga, impuso su físico y desactivó a unos Sky Blues que se quedaron sin ideas a medida que avanzaban los minutos. Nobel Mendy y Lucas Gourna-Douath dominaron por arriba y por abajo, y McBurnie se convirtió en una molestia constante, un delantero que no deja respirar ni a centrales ni a mediocentros.

“Estamos ahí por mérito, merecemos estar ahí, no tenemos nada que demostrarle a nadie. Ha sido un gran comienzo”, insistió McBurnie. El mensaje es claro: nada de complejo de invitado. Este Hull se ve como equipo de la Premier, no como intruso.

En la grada visitante, el cántico “we're going to win the league” sonó más como celebración desatada que como objetivo real, pero retrata el estado de ánimo. Hace unos meses, tras vencer a Middlesbrough en la final del play-off de Championship, muchos daban por hecho que serían carne de descenso. Hoy, el Hull mira la clasificación desde la segunda plaza y con historia a su favor… y en contra.

Solo tres equipos descendieron en la máxima categoría tras ganar sus dos primeros partidos. Uno fue el propio Hull en la temporada 2016-17. Los otros, Wolves en 2011-12 y West Brom en 2017-18. El dato sirve de advertencia, no de condena.

Nueve años llevaba la Premier sin ver a un recién ascendido ganar sus dos primeros encuentros. El último fue Huddersfield, que en 2017-18 logró la permanencia con cuatro puntos de margen. Ese es el listón que se marca Sergej Jakirovic: salvarse, sin adornos.

Un partido áspero, decidido por un destello

El choque en el CBS Arena fue todo menos un festival. Coventry tuvo casi el 70% de la posesión, empujó, circuló, buscó huecos. No los encontró. Cada ataque chocaba contra un Hull compacto, paciente, que no se desordenó ni cuando el ambiente empezó a apretar.

El punto de tensión se vio en el propio Hull: Mendy, el fichaje más caro del club, explotó de frustración al ser sustituido en el minuto 60. Manos al aire, camiseta sobre la cabeza. El centrocampista quería seguir, pero el plan de Jakirovic pedía piernas frescas y cabeza fría.

El tiempo jugaba a favor de los visitantes. “Cuanto más tiempo estuvo 0-0, más presión había sobre ellos para ganar el partido. Un empate no era un mal resultado para nosotros”, explicó McBurnie. Y tenía razón. Con el reloj corriendo, la ansiedad cambió de camiseta.

Hasta que apareció Millar. Minuto 82, una ocasión clara, un golpeo certero. Gol. Silencio en el CBS Arena, estallido en la esquina visitante. Coventry ya no tuvo respuesta.

El golpe para Coventry: de la euforia al aviso serio

Para Coventry, el regreso a la Premier después de 25 años no podía empezar de manera más cruda. Dos partidos, dos derrotas. La primera, un 3-0 en casa del campeón Arsenal, dentro de lo asumible. La segunda, esta caída ante un rival directo, duele mucho más. Y deja la sensación de que la temporada será una pelea continua.

El plan del calendario parecía claro: entre la visita al Arsenal y el viaje al campo del subcampeón Manchester City, el duelo en casa ante Hull era la oportunidad para sumar algo de oxígeno. No llegó. El propietario Doug King observó serio desde el palco cómo el reloj corría y su equipo no encontraba forma de responder al gol de Millar.

El equipo mantuvo el esqueleto del curso pasado: siete titulares de aquel 0-0 ante Hull que abrió la campaña en Championship repitieron ahora en la Premier. Persistentes, sí. Pero limitados. Falta chispa, falta colmillo. Y falta gol, una paradoja para un campeón de segunda división que el curso pasado firmó 97 tantos.

La lesión en el muslo de Haji Wright, que lo mantendrá varias semanas fuera, no ayuda a recuperar esa pegada. Sin su referencia ofensiva, Coventry pierde amenaza y se ve obligado a inventar soluciones sobre la marcha.

Frank Lampard detectó el problema más allá de lo físico. “Sentí un poco de tensión, esa calidad de pase y jugar seguro en lugar de jugar hacia adelante. Quizá sea aprensión”, admitió. No quiso abrazar la excusa: “La semana pasada era válida por el nivel del rival, la ocasión, 25 años fuera y muchos debuts. Hoy no deberíamos usarla”.

El técnico fue directo al orgullo del grupo: “Es un partido contra un equipo al que nos enfrentamos dos veces el año pasado y terminamos muchos puntos por encima de ellos. La Premier League te da ese filo y tendremos que acostumbrarnos rápido. La lección es no esperar nada en la Premier. Depende de cuánto quieras que esto sea un golpe mental. Quedan 36 partidos, llevamos dos. Depende de cómo quieras reaccionar a las derrotas”.

El peso de la tabla y lo que viene

Ashley Williams, que sabe lo que significa subir y asentarse en la Premier tras hacerlo con Swansea en 2011, apuntó al impacto psicológico. “Arrasaron en la Championship el año pasado y llegaron llenos de confianza. Pero después de dos derrotas todo se vuelve mucho más difícil”, analizó.

Hay un dato que invita a no caer en el pánico: diez equipos ascendidos perdieron sus dos primeros partidos de Premier y lograron salvarse, el último Aston Villa en la 2019-20. El problema es cómo se siente el vestuario cuando mira la clasificación. “No es agradable verte abajo. Ver que ya están seis puntos por detrás de Hull es un golpe en los dientes”, añadió Williams.

Esos “pequeños” golpes son los que pueden agrandar las dudas. Y el calendario no ofrece consuelo inmediato: el próximo rival es Manchester City, fuera de casa. Un examen feroz para un equipo que aún busca su sitio.

Mientras tanto, Hull viaja en dirección opuesta. Sin estridencias en el discurso, pero con hechos contundentes. Dos victorias, una defensa sólida, un vestuario que se siente legitimado y una afición que ya se permite cantar sin pudor. La historia dice que los inicios perfectos no garantizan nada.

La pregunta es otra: ¿cuánto tiempo podrá este Hull seguir desmontando el guion que otros escribieron por él antes de que el balón empezara a rodar?

Hull desafía las expectativas y deja a Coventry tocado