Jamal Musiala y su diagnóstico de epilepsia de ausencias
El fútbol se detuvo dos veces en pocos días cuando Jamal Musiala se desplomó sobre el césped. Primero en el amistoso contra RB Leipzig el sábado. Después, de nuevo, el martes ante 1. FC Heidenheim. Dos escenas breves, casi silenciosas, que encendieron todas las alarmas en el Bayern y en la selección alemana.
A varios kilómetros de distancia, frente a una pantalla, una neuróloga tuvo una idea inmediata de lo que estaba viendo.
“Pensé enseguida en una crisis epiléptica”
La doctora Regina Becker, que trabajó en la clínica de neurología del Hospital Universitario de Múnich de la Ludwig-Maximilians-Universität y dirige ahora el “Munich Schwabing Neuro Centre”, no necesitó muchas repeticiones.
“Como ocurrió de forma tan repentina y después se recuperó tan rápido, como neuróloga pensé de inmediato en una crisis epiléptica”, explica.
Tras el segundo episodio, Musiala confirmó las sospechas. En un comunicado público habló de “ausencias breves temporales causadas por una disfunción neurológica”. Detrás de esa formulación técnica se esconde un diagnóstico concreto: epilepsia de ausencias.
Cuando el cerebro se desconecta por segundos
¿Qué está ocurriendo exactamente en el interior de la cabeza de un futbolista de élite de 23 años?
La doctora Becker lo detalla: la epilepsia de ausencias se origina en el tálamo, en el diencéfalo, la región que controla el estado de consciencia. Cuando esa zona falla, el cerebro entra en un estado excepcional. Las neuronas comienzan a disparar de forma descontrolada y se interrumpe la comunicación entre el tálamo y la corteza cerebral, donde percibimos de forma consciente lo que nos rodea.
El resultado es brutalmente simple: el paciente deja de registrar el entorno. Se queda con la mirada perdida, “congelado”. En casos como el de Musiala, incluso llega a caer al suelo. Para quien mira desde fuera, parece un corte de corriente.
Lo más inquietante es cómo lo vive el propio jugador. “La mayoría de los pacientes no tiene aviso previo. Les llega de golpe y no tienen posibilidad de reaccionar. A veces ni siquiera se dan cuenta de la crisis en sí. Después, simplemente continúan como si nada hubiera pasado”, explica Becker.
¿Podría desplomarse antes de lanzar un penalti?
Esa imprevisibilidad abre un escenario que asusta a cualquiera que haya visto las imágenes: ¿y si una ausencia le llega en pleno sprint, en un salto, o cuando corre hacia el punto de penalti?
“Sí, eso es concebible”, admite la neuróloga sin rodeos.
Por ahora, en sus dos colapsos en partido, Musiala fue sustituido de inmediato. Desde la grada puede parecer una decisión conservadora. Desde la medicina, no hay debate.
“El paciente, en sí mismo, no tiene un problema cardiovascular, los órganos funcionan con normalidad. Aun así, en el deporte profesional, seguir jugando no es posible por motivos de responsabilidad y deber de cuidado”, subraya Becker. El calor, la hiperventilación, la deshidratación… todos esos factores pueden favorecer nuevas crisis, incluso aunque el jugador se sienta bien pocos minutos después.
Un diagnóstico tardío para una enfermedad que suele ser infantil
Musiala tiene 23 años. Hasta ahora no se conocían episodios de este tipo en su carrera. ¿Cómo aparece de repente una epilepsia de ausencias a esta edad?
“Normalmente, esta forma de epilepsia se da entre los cuatro y los diez años”, recuerda Becker. Existe, no obstante, la llamada epilepsia de ausencias juvenil, que se manifiesta más tarde. Aun así, los 23 años siguen siendo una edad alta para un primer diagnóstico.
La neuróloga introduce un matiz clave: nadie puede asegurar que no hubiera pequeñas ausencias antes, quizá tan breves o tan espaciadas que pasaran inadvertidas, hasta que la frecuencia aumentó y todo quedó expuesto ante millones de ojos.
¿Qué puede disparar ese aumento? Siempre que exista una predisposición genética, factores ambientales como altas temperaturas, deshidratación o estrés pueden hacer que las crisis se repitan más o incluso provoquen la primera.
Un dato que muchos aficionados se preguntan: ¿tiene algo que ver la grave lesión que sufrió hace un año, cuando se fracturó el peroné? La respuesta de Becker es tajante: “No, eso no tiene nada que ver”.
“Hay medicamentos muy prometedores”
En su mensaje, Musiala insistió en una palabra que trajo algo de calma al entorno del Bayern: “tratables”. No lo escribió por consuelo, sino porque es cierto.
“Sí, hay medicamentos muy prometedores para la epilepsia de ausencias. La mayoría de los pacientes queda completamente libre de crisis”, confirma la especialista.
La terapia se basa en fármacos que suprimen las crisis, diseñados para impedir el disparo descontrolado de las neuronas. No se toman solo cuando aparece un episodio, sino a diario, como medida preventiva. En un plazo de dos a tres semanas se alcanza la concentración necesaria en sangre. Durante ese tiempo, los médicos controlan con regularidad los niveles y ajustan la dosis si es necesario. Una vez logrado el nivel adecuado, la protección frente a nuevas crisis suele ser suficiente.
El tratamiento no es un sprint. Es un fondo. Aunque las crisis desaparezcan pronto, la medicación se mantiene durante meses o incluso años. En niños, existe la posibilidad de que en la edad adulta queden libres de crisis sin fármacos. Cuando la enfermedad se manifiesta más tarde, la terapia puede ser de por vida. No hay una respuesta estándar: cada caso sigue su propio camino.
Ethosuximida, efectos secundarios y ajustes finos
¿Qué está tomando exactamente Jamal Musiala? La doctora Becker no entra en detalles sobre el caso concreto, pero sí sobre la práctica habitual.
“El tratamiento de elección es la ethosuximida”, explica. Es un medicamento, en principio, muy bien tolerado, aunque puede provocar dolor de cabeza y cansancio. Otra opción muy eficaz es el ácido valproico, con un perfil de efectos secundarios más marcado: aumento de peso, caída de cabello, somnolencia. La elección no es automática; se prueba de forma individual hasta encontrar el fármaco que mejor encaje con cada paciente. La buena noticia: la mayoría tolera bien ambas opciones.
Durante esta fase de ajuste, el cuerpo necesita margen. Y ahí entra el fútbol.
¿Peligran su carrera y su estilo de juego?
La pregunta que sobrevuela cualquier conversación sobre Musiala es inevitable: ¿puede seguir siendo el mismo futbolista?
Para Becker, la respuesta es clara. “Con esta forma de epilepsia no tengo preocupaciones sobre su futura carrera profesional”, afirma. Sí avisa de una etapa delicada a corto plazo: en la fase de ajuste de la medicación, que presumiblemente empieza ahora, tendrá que bajar un poco el ritmo para que el organismo se adapte.
No se trata solo de piernas, ni de músculo. Es un periodo en el que el cuerpo entero aprende a convivir con un nuevo equilibrio neurológico. Para un jugador que vive del cambio de ritmo, del regate eléctrico y de la creatividad en espacios reducidos, el reto es tan mental como físico.
En los últimos años, Musiala ha trabajado con frecuencia en entrenamiento de neuro-atletismo y ha hablado de ello con entusiasmo. Una apuesta por exprimir al máximo su cerebro futbolístico. Hoy, ese mismo cerebro se ha convertido en el centro de todas las miradas.
La medicina le ofrece un camino claro y herramientas sólidas. El resto dependerá de algo que no se mide en resonancias ni en electroencefalogramas: cómo responde un talento generacional cuando el partido más difícil se juega dentro de su propia cabeza.






