Kevin McHugh rompe el silencio sobre Finn Harps
Durante casi tres décadas, Kevin McHugh fue sinónimo de Finn Harps. Goles, ascensos, temporadas de sufrimiento y de resistencia. Ídolo en el césped, arquitecto silencioso en la base del club. Ahora, su salida ha destapado una grieta mucho más profunda que una simple mala racha deportiva.
El domingo por la noche, Finn Harps anunció oficialmente su marcha. Un comunicado frío. Correcto. De manual. Pero el histórico delantero no estaba dispuesto a dejar que la historia se contara solo desde el despacho. Su respuesta, cargada de decepción y dureza, ha puesto el foco sobre el corazón mismo de Finn Park.
Líneas se han cruzado
En declaraciones a Donegal Daily, McHugh no se anduvo con rodeos. Después de casi treinta años conviviendo con el “caos y las tonterías” habituales alrededor del club, aseguró que esta vez se ha ido demasiado lejos.
“Líneas se han cruzado muy por encima de lo que estoy dispuesto a dejar pasar”, afirmó, dejando claro que no se trata solo de resultados o de una mala racha, sino de algo más profundo: principios.
McHugh, que asumió el banquillo en abril de 2025 tras la salida de Darren Murphy, llevaba 15 meses doblando funciones: entrenador del primer equipo y, desde 2017, responsable de la Finn Harps Academy. Dos trabajos a la vez, con “las dos manos atadas a la espalda”, como él mismo describe, para sostener al club en un periodo complicado.
La gota que colmó el vaso no fue una derrota ni un gol encajado en el descuento. Fue, según su versión, la falta de “honestidad, decencia y apoyo” desde dentro de Finn Park.
Señalados el presidente y parte del consejo
El tono del exdelantero, autor de 186 goles en 439 partidos con la camiseta de Harps, no deja espacio a malentendidos. Apunta directamente a la cúpula.
“Estoy extremadamente decepcionado con el presidente y algunos de sus miembros de junta más cercanos que se supone deben dirigir este club”, lamentó. Lo que más le duele, insiste, es la conducta de las últimas semanas, precisamente cuando el equipo y el cuerpo técnico necesitaban respaldo.
Finn Harps atraviesa un tramo oscuro en el césped: malos resultados, caída al fondo de la First Division, un vestuario debilitado. En las últimas seis semanas se marcharon Max Johnston, Idir Zerrouk, Perrault Tokam, Daniel De Lacerda y Temi Ajibola. La plantilla se desangró y, con ella, el presupuesto de McHugh se redujo drásticamente.
Aun así, él estaba dispuesto a “aguantar las olas” con la vista puesta en un posible futuro más brillante bajo un nuevo propietario. Pero la sensación de abandono interno terminó pesando más que cualquier proyecto a medio plazo.
Lesser men would have walked months ago
El técnico de 46 años no quería airear los trapos sucios. Lo dice abiertamente. Pero siente que no le han dejado otra opción si quiere respaldar a su equipo de trabajo.
Asegura que sus asistentes han mostrado “compromiso total, profesionalidad y dignidad” en circunstancias que, a su juicio, no estaban a la altura de un club que pretende competir a este nivel. “Hombres menores se habrían marchado hace meses con las condiciones en las que se nos dejó para competir”, sentencia.
Él y su cuerpo técnico decidieron aguantar. Por los jugadores. Por la afición. Por esa gente que, semana tras semana, se planta en Finn Park o recorre kilómetros para seguir al equipo lejos de casa. “La gente merece algo mejor”, subraya.
Un nuevo dueño en el horizonte
La salida de McHugh coincide con un momento clave en los despachos. El empresario filipino Freddy Gonzalez negocia la compra del club, una operación que se espera sea sometida a los accionistas en las próximas semanas.
Incluso después de dejar el cargo, McHugh ya ha mantenido conversaciones con el posible nuevo propietario. Habla de “cambio completo dentro del club” si la compra recibe luz verde. Palabras que suenan a ruptura con el pasado reciente.
El comunicado oficial de Harps apuntaba a que McHugh asumiría un nuevo rol “como parte de la transición del club hacia una estructura profesional”. El propio técnico, sin embargo, matiza: no hay nada cerrado. Solo una conversación franca con Gonzalez, en la que este le expuso sus planes a corto y largo plazo y le concedió tiempo para decidir si quiere subirse o no a ese tren.
“Necesito tiempo para valorar todo antes de hablar de posibles funciones”, admite. No promete nada. No cierra la puerta. Pero deja claro que la decisión será suya.
Entre la herida y la esperanza
Lo más llamativo es que, pese a la dureza de sus críticas, McHugh habla del futuro de Finn Harps con una mezcla de ilusión y alivio. Confía en que, con Gonzalez al mando, el rumbo será “enormemente positivo” y destaca, sobre todo, la “claridad total” de sus planes.
Para alguien que debutó con el primer equipo en agosto de 1998, en un duelo de League Cup ante Fanad United, este posible giro de guion tiene un significado especial. No solo piensa en sí mismo ni en el vestuario actual. Piensa en “cada aficionado, voluntario y miembro del personal, pasado y presente”, que ha sufrido por el club durante años.
McHugh sueña con ver a Finn Harps FC salir por fin del “modo supervivencia” y entrar, por primera vez en mucho tiempo, en “modo desarrollo”. Él no sabe todavía si formará parte de ese viaje. Lo que sí ha dejado claro es que, para llegar ahí, había que señalar dónde, cómo y quiénes habían cruzado la línea. Y lo ha hecho sin esconderse.






