Lamine Yamal brilla en el 4-0 de España contra Arabia Saudí
España necesitaba una respuesta. No solo un triunfo, sino un golpe en la mesa después del soporífero 0-0 ante Cabo Verde. La encontró en Atlanta, con un 4-0 incontestable a Arabia Saudí y con dos nombres propios subrayados en rojo: Lamine Yamal y Mikel Oyarzabal.
La presión era asfixiante tras uno de los mayores tropiezos de la historia reciente del torneo. Esta vez, La Roja no dudó. Circulación rápida, agresividad con balón, colmillo en el área y una sensación clara: el equipo por fin ha llegado al Mundial.
El niño que vio 2022 desde clase y ahora manda en 2026
Lamine Yamal regresó al once tras su irrupción en el debut y, desde el primer toque, cambió el tono del partido. No necesitó una obra de arte para estrenarse en la Copa del Mundo. Le bastó un instinto de nueve.
A los 10 minutos, Oyarzabal sacó un centro raso y tenso desde la izquierda. El balón cruzó el área y, en el segundo palo, Yamal se estiró en un ángulo imposible para empujar la pelota a la red. Primer partido como titular en un Mundial, primer gol. El talento precoz convertido en ejecutor.
Después contaría en DAZN que en 2022 veía los partidos desde su aula, y que marcar ahora, con su madre y su familia en la grada, es “un sueño hecho realidad”. El contraste explica mejor que cualquier análisis la velocidad de su ascenso.
Su impacto no se limitó al gol. Regates, centros, disparos. Desde el inicio, marcó el ritmo. Cuando Yamal anotó, España ya había encadenado 39 pases en la jugada, una cifra que ningún equipo había alcanzado en esta edición. El gol fue la culminación de una idea, pero también el chispazo que le faltó a la selección ante Cabo Verde.
Oyarzabal firma la calma en 12 minutos
El tanto de Yamal desató a España. Y Oyarzabal se encargó de convertir el dominio en una goleada temprana.
En el minuto 21, una acción embarullada en el área terminó con el delantero llegando al segundo palo para empujar el 2-0. Gol feo, pero decisivo. Arabia Saudí ya estaba contra las cuerdas.
Apenas dos minutos después, la herida se abrió del todo. Oyarzabal volvió a aparecer en el área pequeña, esta vez con un remate más limpio, girando el cuerpo para batir de nuevo al guardameta desde muy cerca. 3-0 antes de la pausa de hidratación. España volaba, Arabia se desmoronaba.
El atacante rozó el hat-trick en el minuto 36. Un mal pase atrás de Mohammed Al Owais lo dejó solo, pero su disparo de primeras se estrelló en la parte superior del larguero. El estadio ya cantaba el tercero en su cuenta cuando el balón se marchó por encima.
Luis de la Fuente, que celebró su 65º cumpleaños el domingo, decidió no tentar a la suerte. En el descanso retiró a Yamal y Oyarzabal. Gestión fría en medio de una noche caliente: con Uruguay en el horizonte, no era el día para exprimir a sus dos hombres más determinantes.
El propio seleccionador, también en DAZN, subrayó el nivel de ambos y deslizó que Oyarzabal arrastraba un pequeño problema físico, “de los que no se pueden contar”, pero que siempre cumple. Sobre Yamal, fue claro: está ya “en perfectas condiciones” para asumir partidos completos, aunque también es bueno sacarlo “dejándolo con hambre de más”.
De la bronca interna a la verticalidad que pedía el partido
El mensaje estaba claro dentro del vestuario. De la Fuente reconoció que habían revisado con los jugadores el empate ante Cabo Verde y todos coincidieron: faltaban verticalidad e intensidad. Ante Arabia Saudí, el equipo respondió.
Desde el primer minuto, España ahogó la salida rival, los encerró en su área y buscó portería con determinación. Los tiros llegaban, los centros también. La sensación era radicalmente distinta: esta vez no había especulación, solo un equipo empujando sin tregua.
El seleccionador habló de una “primera parte excepcional” y de una segunda “buena”, con la vista ya puesta en lo que viene: Uruguay, un examen mucho más duro. Pero el paso dado en Atlanta, dijo, era “importante para lo que está por venir”.
El cuarto, por insistencia… y por mala suerte ajena
Con 3-0 y los dos protagonistas en el banquillo, el ritmo bajó un punto. España siguió mandando, pero sin la misma electricidad. Aun así, el marcador se movió pronto tras el descanso.
En el minuto 49, un córner prolongado en el primer palo acabó en los pies de Marc Cucurella. Su disparo fue bien repelido por Al Owais, pero el rebote golpeó en Hassan Al Tambakti y se coló en su propia portería. 4-0 y otro capítulo más en la curiosa estadística del torneo: ya son ocho los autogoles en este Mundial, a un ritmo de casi uno cada cuatro partidos, una marca nunca vista a estas alturas.
España incluso llegó a celebrar el quinto en el descuento. Ferran Torres empujó un centro de Fabián Ruiz en el 90+2, pero el festejo se congeló. El VAR revisó la jugada durante varios minutos y, en el 90+5, anuló el tanto por fuera de juego. El marcador no se movió más.
España se coloca al mando… y se cita con Uruguay
El 4-0 coloca a España en lo más alto del Grupo H, a la espera de lo que haga Uruguay frente a Cabo Verde. Arabia Saudí cae al fondo de la clasificación, golpeada por un inicio de torneo que la deja contra las cuerdas.
Más allá de la tabla, el mensaje es otro: la selección que se vio en Atlanta se parece mucho más a la que se espera en un Mundial. Fluida, agresiva, respaldada por un talento generacional como Lamine Yamal y por un ejecutor fiable como Oyarzabal.
“Ahora hemos llegado y vamos a por más”, avisó el joven delantero. La pregunta ya no es si España ha despertado. La cuestión es hasta dónde le alcanzará este despertar cuando el nivel suba y aparezca Uruguay en el camino.






