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El Manchester United y su nuevo centro del campo: de Anderson a Santos

El verano del Manchester United no ha saltado por los aires, pero el guion inicial ya no existe. No hay que buscar mucho para ver por qué: Elliot Anderson rumbo al Manchester City por 116 millones de libras, Mateus Fernandes al Tottenham por 85 millones, el acuerdo por Éderson con el Atalanta, de unos 35 millones, abortado tras las pruebas médicas. Cada vez que el club ha creído tener una pieza clave atada, el mercado ha levantado una barrera nueva.

Omar Berrada, director ejecutivo, había avisado antes de abrirse la ventana: el club tendría que ser “flexible”. Sonaba a tópico de despacho. Hoy suena a advertencia premonitoria. El diseño del nuevo centro del campo se ha movido de Anderson y Fernandes a Andrey Santos, fichado del Chelsea por 48 millones (más 2 en variables), y Youri Tielemans, incorporado desde el Aston Villa por 35 millones gracias a una cláusula de rescisión que encajaba en la calculadora.

De Anderson a Santos: aprender la lección City

En Old Trafford asumieron pronto que Anderson, prioridad número uno para el mediocampo, se escapaba. La combinación de la presión del Manchester City y la postura firme del Nottingham Forest, decidido a acercarse a los 120 millones, convertía la operación en una subasta que el United no quería alimentar.

Había un recuerdo reciente que pesaba: el caso Antoine Semenyo en enero. El United se veía bien posicionado por el extremo del Bournemouth tras conversaciones positivas con su entorno. Todo cambió en cuanto el jugador se sentó con el City. De repente, las exigencias salariales subieron un escalón que el United no estaba dispuesto a subir. Semenyo acabó en el Etihad por 64 millones y en Manchester rojo quedó la sensación de que igualar ofertas no basta cuando el otro lado de la ciudad entra en escena.

Con Anderson no quisieron repetir la historia. Entendieron el escenario, midieron el riesgo de una puja que disparara salarios y precio final, y enfriaron el interés antes de quedar atrapados.

Fernandes, el sí que nunca llegó

La otra vía principal era Mateus Fernandes. El United había reservado entre 80 y 90 millones para un mediocentro de alto nivel y estaba en disposición de igualar la apuesta del Tottenham. Sobre el papel, cuadraba. En la práctica, faltaba algo esencial: una señal inequívoca del jugador.

Durante las conversaciones, en el club nunca sintieron que Old Trafford fuera la elección firme de Fernandes. Cuando llegó el momento de decidir si aceptar las exigencias del West Ham United, surgieron dudas internas: ¿merecía la pena asumir un desembolso de ese calibre sin la certeza de que el futbolista estuviera completamente volcado en el proyecto?

En los despachos recordaban el contraste con el verano anterior. Bryan Mbeumo y Matheus Cunha, pretendidos por varios clubes, algunos con plaza en la Champions League, trasladaron un mensaje rotundo: solo querían vestir de rojo. Dentro del club están convencidos de que esa determinación ayudó a que ambos se adaptaran con rapidez.

También existe la cicatriz del fichaje de Jadon Sancho por 73 millones. Hay voces en la entidad que todavía creen que parte de sus dificultades se explican porque nunca terminó de estar seguro de dejar el Borussia Dortmund. Esa experiencia ha calado.

Con Fernandes, la sensación fue la contraria. Y el United prefirió apartarse antes de hipotecar su margen de maniobra.

Tielemans, el sí inmediato y la cláusula que evita el “impuesto United”

Youri Tielemans marcó todas las casillas que el club buscaba. Experiencia amplia en la Premier League, perfil técnico complementario y, sobre todo, claridad absoluta desde el primer momento: quería jugar en el United.

A eso se sumó un factor que Berrada valora especialmente: la presencia de una cláusula de rescisión. En Old Trafford la llaman una manera de esquivar el “impuesto United”, ese sobreprecio que muchos vendedores intentan aplicar cuando negocian con el club. Los 35 millones fijados en el contrato del belga con el Aston Villa hicieron el resto. Operación limpia, sin subasta, sin semanas de regateos.

El fichaje se aceleró justo después de que el United decidiera detener el acuerdo por Éderson con el Atalanta. Había un principio de entendimiento cerrado antes del Mundial, por una cifra cercana a los 35 millones. Las pruebas médicas, sin embargo, detectaron un problema que llevó al club a frenar en seco. Desde dentro no descartan retomar la operación más adelante este mismo verano, pero por ahora el movimiento está congelado.

Con un presupuesto reforzado por la clasificación para la Champions League, el United sabe que no puede permitirse errores caros. Fernandes estaba inicialmente en una franja estimada de 40-50 millones, especialmente si el West Ham descendía. Ver cómo su traspaso se disparaba casi al doble encendió alarmas: ese tipo de operación amenaza con arrastrar al alza todo el mercado. Santos, por 48 millones más variables, se interpretó como una apuesta más sensata.

El factor Tottenham y un mercado que se descontrola

Mientras el United reajustaba sus planes, el Tottenham irrumpía con una agresividad inesperada. Pocos en Old Trafford imaginaban a los londinenses invirtiendo 185 millones en Fernandes y Sandro Tonali, otro mediocentro que el United había seguido de cerca.

El departamento de reclutamiento en Manchester dedica buena parte de su trabajo a anticipar los movimientos de otros grandes. Esta vez, el Tottenham rompió las quinielas. Su gasto temprano alteró el paisaje y obligó al United a reordenar prioridades.

La idea inicial era clara: financiar el gran fichaje del mediocampo con salidas calculadas. Rasmus Højlund, traspasado al Napoli por 40 millones, debía ser una de las piezas clave. A él podían sumarse Marcus Rashford, Manuel Ugarte, Joshua Zirkzee y Altay Bayindir, con la previsión de alcanzar unos 90 millones en ventas.

El plan se resquebrajó. El Barcelona decidió no ejecutar la compra definitiva de Rashford por 25 millones. Ugarte, lesionado de gravedad en la rodilla con Uruguay durante el Mundial, quedará fuera de los planes de mercado al menos durante buena parte del año. De golpe, el margen económico se estrechó.

En este contexto, cada libra cuenta y cada decisión se mide dos veces.

Un tercer mediocampista en el horizonte

Pese a las restricciones, en el United no descartan un tercer fichaje para el centro del campo, precisamente por la baja de Ugarte y por la exigencia física que traerá la Champions League. El radar está encendido.

Gustan Alex Scott y Tyler Adams, del Bournemouth, y Sander Berge, del Fulham. Adam Wharton, del Crystal Palace, lleva tiempo bajo observación detallada. También João Gomes, del Wolves, Manu Koné, de la Roma, y el marroquí Ayyoub Bouaddi, talento de 18 años del Lille y una de las irrupciones del último Mundial.

Eduardo Camavinga ha sido ofrecido a varios clubes de la Premier League, entre ellos el United, aunque su situación depende de decisiones ajenas. En paralelo, el club ya comprobó el verano pasado que Brighton no estaba dispuesto a negociar por Carlos Baleba por menos de una cifra cercana a los 100 millones que el Chelsea pagó por Moisés Caicedo en 2023. Otra pared de mercado difícil de escalar.

Más que el mediocampo: laterales, bandas y un nueve suplente

El rompecabezas no se limita al centro del campo. El United busca un jugador zurdo que pueda actuar como lateral o extremo, y también un segundo delantero que alivie la carga del punta titular.

En la portería, el movimiento está encaminado: el internacional galés Karl Darlow, de 25 años, llegará desde el Leeds United para ser el guardameta de experiencia que respalde al actual número uno, Senne Lammens. Una pieza silenciosa, pero necesaria, en una temporada en la que el calendario apretará más que nunca.

Porque el objetivo no es solo elevar el nivel del once inicial tras el tercer puesto de la campaña pasada. La profundidad de la plantilla se ha convertido en una obsesión. Con la Champions en el horizonte, el desgaste físico será brutal y los huecos en el banquillo se notarán en cuanto lleguen las lesiones y las sanciones.

Calma tensa en Old Trafford

Pese a los giros, las operaciones caídas y la sensación de que el gran fichaje de relumbrón aún no ha aterrizado, desde dentro del club se transmite serenidad. Hay frustración entre parte de la afición, que esperaba un golpe de efecto en el mediocampo desde las primeras semanas de mercado. La respuesta en los despachos es otra: la ventana se juzga el 1 de septiembre, no en julio.

Quedan seis semanas para que arranque la nueva Premier League el 22 de agosto y siete para que se cierre el mercado el 1 de septiembre. Un margen corto para un verano largo, lleno de desvíos inesperados.

Los mejores planes han cambiado, sí. Pero el trabajo para reconstruir al United sigue en marcha. La cuestión es sencilla y brutal a la vez: cuando se baje la persiana del mercado, ¿habrá hecho el club lo suficiente para que este verano de ajustes no se convierta en otra oportunidad perdida?