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Nigeria afila las garras para la WAFCON 2023

Nigeria no piensa soltar la corona sin pelear. Justine Madugu ha hecho su elección para la defensa del título continental y ha optado por la continuidad: el esqueleto del equipo que levantó la décima Women’s Africa Cup of Nations sigue intacto. Rasheedat Ajibade, Chiamaka Nnadozie y Asisat Oshoala encabezan una lista de 25 futbolistas que mezcla jerarquía, carácter y una nueva ola de talento que ya reclama protagonismo.

El reto es doble y enorme: volver a mandar en África en Marruecos y asegurar el billete al FIFA Women’s World Cup 2027. Todo, sin una de sus líderes silenciosas en la zaga.

Una defensa sin Plumptre, pero con mucha historia detrás

La gran ausencia tiene nombre propio: Ashleigh Plumptre. La defensora, clave en la solidez del último ciclo, no ha superado la lesión que sufrió en marzo y se cae de la lista. Ella misma lo explicó en redes sociales, admitiendo que el cuerpo pide más tiempo y que ha decidido escucharlo. No estará en Marruecos, pero dejó un mensaje claro: apoyar al grupo, pedir paciencia para ellas y prometer que volverá cuando esté lista para competir.

Nigeria, sin embargo, no viaja desprotegida. Madugu mantiene una columna vertebral curtida en mil batallas. En la retaguardia aparecen nombres ya familiares: Osinachi Ohale, Michelle Alozie, Rofiat Imuran, Glory Ogbonna, Oluwatosin Demehin, Sikiratu Isah y Christy Ucheibe, esta última capaz de moverse también en la sala de máquinas. Es un bloque que conoce el peso de la camiseta y el ruido de los grandes escenarios.

Ajibade, Nnadozie y Oshoala: el núcleo duro

En el centro del proyecto se mantiene Rasheedat Ajibade, capitana y símbolo de esta generación. A su lado, Chiamaka Nnadozie, considerada por muchos como la mejor guardameta del continente, vuelve a ser la gran garantía bajo palos. Delante, el nombre que siempre genera expectación: Asisat Oshoala, la veterana del gol, la referencia ofensiva que todavía impone respeto en cualquier defensa africana.

Junto a ellas, Halimatu Ayinde, Toni Payne, Ucheibe, Ohale y Alozie conforman ese grupo de veteranas que sostienen el vestuario y marcan el estándar competitivo. Son las que saben lo que significa llegar a una final, sufrirla y ganarla.

La nueva ola: talento joven con responsabilidades reales

No se trata solo de experiencia. Nigeria llega a Marruecos con una generación emergente que ya no está para mirar desde el banquillo. Jennifer Echegini y Deborah Abiodun en el mediocampo, junto a atacantes como Gift Monday, Esther Okoronkwo y Omorinsola Babajide, forman el núcleo joven llamado a cargar con más peso en este torneo y en los próximos ciclos.

Son futbolistas que han ido ganando minutos y confianza, y que ahora deberán responder en un escenario donde Nigeria no tiene margen para la duda. El objetivo inmediato no admite interpretaciones: llegar, como mínimo, a semifinales para sellar el pasaporte a Brasil 2027.

Madugu lo dejó claro: primero, el Mundial; después, el trono africano. El orden de prioridades no es casual.

Un gigante con historia y presión

Nigeria es una anomalía de consistencia en el fútbol femenino mundial. Es la única selección africana que ha disputado todas las ediciones del FIFA Women’s World Cup desde 1991 y una de solo siete selecciones en el planeta con ese registro perfecto. Mantener esa racha se ha convertido en una seña de identidad. Perderla, un escenario que el grupo ni contempla.

El formato del torneo en Marruecos lo refuerza todo: 16 equipos, más competencia, más trampas. Los cuatro semifinalistas obtendrán el billete directo a Brasil 2027, mientras que la quinta clasificada tendrá que jugar un repechaje intercontinental. Para una selección del peso de Nigeria, caer a esa repesca sonaría a paso atrás.

En África, nadie manda como las Super Falcons: 10 títulos de la WAFCON, récord absoluto. Ahora buscan algo que todavía falta en su palmarés: ser las primeras campeonas en revalidar el trofeo en el formato ampliado de 16 selecciones. No es solo ganar otra vez; es marcar una nueva era.

Grupo C: trampa disfrazada de favoritismo

El sorteo ha colocado a Nigeria en el Grupo C junto a Egipto, Zambia y la debutante Malawi. Todos los partidos de la fase de grupos se disputarán en Rabat. Sobre el papel, las Super Falcons parten como favoritas claras, pero el contexto avisa: Zambia viene en crecimiento y Egipto siempre compite duro en torneos cortos. Malawi llega sin historial, pero con la energía propia de quien no tiene nada que perder.

Nigeria no puede permitirse un arranque dubitativo. Cada punto cuenta, porque más allá del título está la clasificación mundialista, y un tropiezo temprano puede complicar el camino hacia esas semifinales que el cuerpo técnico ha marcado como frontera mínima.

Una selección global con alma local

La lista de Madugu vuelve a mostrar la dimensión global del fútbol femenino nigeriano. Solo una jugadora milita en la liga local: la guardameta Fatima Oloko, de Abia Angels. El resto llega desde clubes de Europa, Norteamérica, Asia y Oriente Medio. Es una diáspora futbolística que alimenta al equipo nacional con ritmos, estilos y experiencias distintas.

En la portería, junto a Nnadozie, aparecen Comfort Erhabor y la propia Oloko. En la defensa, Ohale, Alozie, Shukurat Oladipo, Imuran, Ogbonna, Demehin, Isah y Ucheibe. En el centro del campo, Ajibade, Ayinde, Abiodun, Payne y Echegini. Y por delante, Oshoala y el resto del frente de ataque, donde Gift Monday, Okoronkwo y Babajide están llamados a marcar diferencias.

La estructura está clara, la jerarquía también. Falta la respuesta en el césped.

Nigeria viaja a Marruecos con algo más que un trofeo en juego. Defiende una corona, una racha mundialista y un estatus construido durante décadas. La pregunta ya no es si puede volver a ganar, sino si alguien en el continente está realmente preparado para destronar a las Super Falcons cuando huelen el Mundial tan de cerca.