Mancini regresa al banquillo de Italia con Ranieri como director técnico
Italia vuelve a mirar al pasado para intentar corregir su futuro. Roberto Mancini regresa al banquillo de la selección italiana y lo hace acompañado por otra figura de peso: Claudio Ranieri asumirá el cargo de director técnico.
Es un giro potente en la cúpula azzurra. Dos entrenadores campeones, dos personalidades muy distintas, reunidas en un mismo proyecto.
Mancini, que venía de conquistar la Stars League con el Al-Sadd catarí, deja atrás su última aventura de club para regresar al escenario que mejor define su madurez como entrenador: la gestión de una selección. A sus 61 años, se encuentra de nuevo ante el reto de ordenar un ciclo, marcar una línea y devolver estabilidad a un entorno que en las últimas semanas ha estado agitado.
Porque esta dupla no llega en un vacío. El anuncio se produce tras el intento frustrado de incorporar a Andrea Pirlo, una apuesta que apuntaba a una renovación generacional en los despachos y en el banquillo. Ese movimiento, bloqueado, abrió una grieta: Paolo Maldini y Leonardo presentaron su dimisión tras el fracaso de la operación, dejando un vacío de liderazgo que obligó a una reacción inmediata.
La respuesta ha sido contundente: Mancini al mando, Ranieri como arquitecto en la sombra.
El exentrenador del Manchester City, que ya sabe lo que es manejar egos, presiones y reconstrucciones profundas, se reencuentra así con el traje de seleccionador. Ranieri, por su parte, asume un rol menos visible, pero clave: marcar la línea técnica, definir criterios, sostener el proyecto cuando lleguen los inevitables temblores.
Es una apuesta por la experiencia pura. Nada de experimentos, nada de apuestas románticas. Dos entrenadores que han vivido casi todo, llamados a ordenar un presente convulso y a responder una pregunta que sobrevuela el fútbol italiano desde hace tiempo: ¿basta con mirar a sus viejos maestros para construir el próximo gran ciclo?






