Milos Kerkez: De heredero de Robertson a líder en Liverpool
El verano en el que Milos Kerkez dejó de ser “el heredero de Robertson” para empezar a ser simplemente Milos Kerkez no empezó en un campo de entrenamiento, sino en Vrbas, su ciudad natal, a las puertas de una iglesia.
Allí, traje oscuro, sonrisa amplia y una novia del brazo. La foto voló por redes sociales. Las felicitaciones también. Hasta que el protagonista decidió poner orden.
“¡No! Esto está mal, todos lo entienden mal”, protesta entre risas, en la azotea del hotel de concentración de Liverpool en Estados Unidos. “Era mi hermano mayor. En Serbia es normal que los hermanos pequeños lleven a la novia a la iglesia. Eso hice yo y ahora todo el mundo piensa que me casé. Era Rade, no yo”.
Lo repite como quien ya ha contado la historia demasiadas veces. “Somos tres –Rade es el mayor, yo el pequeño y Marko el del medio. Tengo que ir explicando por el club que nunca me casé. Volví al equipo y la gente me felicitaba. Yo pensaba: ‘¡No, todavía no estoy listo para eso!’”.
Matrimonio, no. Responsabilidad, sí. Y mucha.
De Serbia al liderazgo en Liverpool
Kerkez, 22 años, energía inagotable y sentido del humor afilado, ha llegado a esta pretemporada con una misión clara: dejar de vivir a la sombra de Andy Robertson y asumir, por fin, el lateral izquierdo de Liverpool como territorio propio.
En el campamento de trabajo en el centro de alto rendimiento de Chicago Fire, hay un detalle que no pasa desapercibido: tanto él como su compatriota de selección, Dominik Szoboszlai, se han convertido en voces de referencia en un vestuario cada vez más joven. Manda el carácter, no la fecha de nacimiento.
Y hay otro factor clave. El verano también le trajo una sacudida profesional. Un día, en Serbia, un golpe frenético en la puerta de su habitación lo despertó.
Arne Slot había sido despedido.
“Estaba durmiendo, en casa, y mi hermano me despertó. Llamó a la puerta y fue una gran sorpresa. Nadie lo sabía. No me lo podía creer, fue como: ‘Guau’”, admite. Pese al impacto, no hay rencor: “He estado en contacto con él, hemos intercambiado algunos mensajes”.
El desconcierto duró poco. Enseguida llegó una cara conocida: Andoni Iraola. Para Kerkez, algo más que un nuevo entrenador. Es el técnico que lo convirtió en un lateral de 40 millones de libras en Bournemouth y lo lanzó a la élite de la Premier.
“Estaba encantado, sinceramente”, reconoce al recordar el momento en que supo quién sustituiría a Slot. “Me ayudó y me mejoró mucho en los dos años que pasé con él. Estaba muy feliz, obviamente por mí, pero también por el equipo. Todo el mundo sabe qué tipo de fútbol juega, así que creo que encaja perfecto con nosotros”.
El fútbol de Iraola: piernas, vértigo y “consecuencias”
Kerkez conoce el manual de Iraola de memoria. Y sabe que su fútbol exige algo más que talento.
“Es la intensidad”, resume. “No tiene miedo de jugar uno contra uno por todo el campo, de presionar arriba y estar siempre hacia adelante. Si ves imágenes de cómo acabamos después de entrenar, todos tirados en el suelo, ves para qué nos está preparando”.
Hay una palabra que se ha instalado en la pretemporada de Liverpool: “consecuencias”. Así llama Iraola a los juegos reducidos con castigo físico.
“Cuando jugamos partidos con tres o cuatro equipos, lo llama ‘consecuencias’, y el equipo que pierde y el que queda segundo tienen que correr. Cuánto corres depende de lo que él decida en ese momento, pero siempre hay carrera para el que pierde”.
El vasco no negocia la exigencia. “Es intenso y le gustan los detalles. Es muy profesional. Le gusta hablar a veces, pero no mucho. Creo que quizá no quiere estar demasiado cerca de algunos jugadores y quiere mostrar que todos somos iguales en el equipo, así que no quiere acercarse demasiado a nadie en particular. Lo mantiene profesional, con mucho trabajo duro”.
Para un lateral como Kerkez, el cambio de libreto es una liberación. La temporada pasada, el serbio-húngaro se vio condicionado por la idea de Slot de salir jugando desde atrás con los laterales por dentro. No era su hábitat natural. Lo que llamó la atención de Liverpool fueron sus carreras imparables por banda en Bournemouth, que le valieron un lugar en el equipo del año de la PFA en 2024-25.
Ahora vuelve a ese territorio conocido.
“El míster prefiere jugar con los laterales por la línea, haciendo underlaps, overlaps. Me funcionó bien en Bournemouth, así que creo que también me irá bien aquí”, explica. La prioridad, eso sí, no cambia: “Siempre me dijo que defender es muy importante, para él es lo primero, y que, como lateral, tienes que defender muy duro. Todo lo que puedas hacer por delante es como un bonus. Así que yo siempre estaba centrado primero en defender y luego en correr hacia adelante para ayudar a los extremos”.
Con Iraola se sintió liberado. “Me mostró que cuando haces tu trabajo, eres libre para hacer lo que quieras, así que me sentí muy libre con él. Te deja ser más libre para hacer tus cosas”.
Una temporada “dura para todos” y cero miedo a la presión
Kerkez no se esconde al hablar del curso pasado. “Fue duro para todos” en Liverpool. Cada vez que el equipo parecía resolver un problema, aparecía otro. La gran inversión del verano, con fichajes de peso que no rindieron como se esperaba, amplificó el foco sobre los recién llegados. El lateral, pese a firmar bastante mejor que otros, también sintió la lupa. O, al menos, todos pensaron que la sentiría.
Él lo niega.
“Honestamente, no me importa la presión”, sostiene. “No me gusta la ‘presión’ y esas cosas. Crecí un poco diferente en Serbia. Crecimos diferente. Podrías decir que estamos hechos un poco diferente”.
Y entonces llega la anécdota que lo define.
“Por ejemplo, empecé a conducir un camión cuando tenía 10 años”, suelta, casi como si nada. ¿Perdón? “Era con mi padre. Me subí y tomé el volante. Él hacía los pedales, yo era muy pequeño y no llegaba”.
Su padre, Sebastijan, sigue muy presente en su día a día. Literalmente. A veces lo lleva en coche hasta el centro de entrenamiento de Liverpool. Sus padres, Sebastijan y Tijana, se mudaron a Inglaterra para ayudarle a adaptarse a la vida de futbolista de Premier.
“Son muy importantes”, explica. “Mis hermanos ya tienen su propia vida, pero mis padres están conmigo y soy mucho más feliz de que estén aquí. Mi padre está para darme un coscorrón en la cabeza y recordarme las cosas. A veces juegas unos cuantos buenos partidos y quizá empiezas a venirte un poco arriba. Pero mi padre está para darme un coscorrón. Vuelvo directo a la tierra y vuelvo a concentrarme”.
La sombra de Robertson y la herencia del lateral izquierdo
En Anfield, el lateral izquierdo tiene nombre y acento escocés desde hace años: Andy Robertson. Capitán de Escocia, leyenda del club, ahora jugador de Tottenham. Kerkez llegó para competir con él y, a la larga, sustituirlo. No es una tarea ligera.
Robertson lo entendió desde el principio. Durante la temporada pasada, se lo llevó aparte en más de una ocasión para compartir detalles de oficio. No hubo gran discurso de despedida en mayo, cuando tocó decir adiós a Anfield.
“No quería cargarlo demasiado”, explica Kerkez, que también se hizo muy amigo de Mohamed Salah el año pasado. “Estaba un poco emocional porque todo estaba llegando a su fin. No quería insistirle demasiado, pero durante el año me ayudó. Tuvimos algunas conversaciones sobre centros y sobre los pulmones grandes que necesitamos para poder correr hasta mañana”.
La frase resume a Robertson. Y marca el listón para su sucesor. “Él hizo muchas temporadas, yo también debería tener lo mismo. Tuvimos conversaciones así. También sobre dónde poner el último pase, sobre concentrarse, levantar la cabeza y a veces poner mejores centros”.
Kerkez no huye de la comparación. La asume, pero no se deja aplastar por ella.
“Todos sabemos lo que Andy hizo por el club. No huyo de eso. Quiero hacer mi propio camino. Voy a trabajar duro. Sé lo que significa jugar para Liverpool. Lo mostré un poco el año pasado y lo voy a mostrar más este año”.
De Wrexham a Nueva York, con Salah en la pantalla
En esta gira por Estados Unidos, el siguiente rival será Wrexham, en Nueva York. Un amistoso más en el calendario para muchos. Para Kerkez, otro escaparate para consolidarse como titular en la nueva era Iraola.
Antes de volar a Chicago desde el Axa Training Centre, una imagen en la televisión le recordó el peso de la camiseta que viste. Un programa repasaba los goles y asistencias de Salah.
“Antes de salir del Axa vi en la tele un programa sobre cuántos goles y asistencias tenía Mo, algo como 380. Me levanté y me fui. ‘¿Qué es esto?’, pensaba. El tiempo vuela. Llega una nueva generación y ojalá todo vaya bien”.
Esa nueva generación ya tiene un lateral izquierdo que no quiere ser “el nuevo Robertson”, ni “el chico que llevó a la novia a la iglesia”. Quiere ser el Milos Kerkez que corre hasta mañana, que vive con “consecuencias” en cada entrenamiento y que se crió al volante de un camión en Serbia.
El resto, esta temporada, lo dictará el césped de Anfield. Y la banda izquierda ya empieza a tener dueño.






