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La Noruega de Haaland: un equipo ofensivo más allá del ‘9’

Erling Haaland es el imán, la figura en todos los carteles y el hombre al que mirará el planeta cuando ruede el balón en Norteamérica. Pero quedarse ahí sería no entender a esta Noruega. El equipo de Stale Solbakken llega al Mundial con un plan ofensivo trabajado, con matices, y con una batería de recursos que lo alejan de la etiqueta simplista de “selección de un solo hombre”.

Banda izquierda: juventud sin miedo

Por fuera, los encargados de surtir de balones a Haaland tienen nombre y apellidos. En la izquierda, el foco apunta a Antonio Nusa, joya de RB Leipzig. Solo tiene 21 años, pero juega como si llevara una década en la élite: encara, se escurre entre rivales, rompe marcas con una facilidad insultante. En la fase de clasificación firmó seis contribuciones de gol en seis partidos, con actuaciones que pesaron de verdad: vio puerta y asistió en el 3-0 a Italia y volvió a aparecer en el 4-1 del duelo de vuelta.

Detrás de él asoma Andreas Schjelderup, otra perla que llega lanzada. El jugador de Benfica completó una segunda vuelta de temporada bajo José Mourinho de altísimo nivel: 10 goles y asistencias combinadas en apenas 14 partidos de liga, más un doblete al Real Madrid en la Champions en enero. Aún no es indiscutible, pero alrededor de la selección muchos ya hablan de él como futuro superestrella. Si Nusa afloja, Solbakken tiene un relevo de lujo.

Derecha con gigante… y trampa táctica

El costado derecho rompe moldes. Ahí aparece Alexander Sorloth, delantero centro de manual, 1,96 de altura, pero “empujado” a la banda para encajar en el sistema. Sobre el papel parte abierto, en la práctica se mete por dentro en cuanto Noruega tiene la pelota y pisa área junto a Haaland. El resultado: ocho contribuciones de gol en ocho partidos de clasificación. Eficacia pura.

No está solo en esa zona. Oscar Bobb, ahora en Fulham, ofrece una alternativa más asociativa, aunque su adaptación a Craven Cottage va con calma. Y desde Bodo/Glimt llega Jens Petter Hauge, que se ha ganado un sitio en la lista pese a no haber participado en la clasificación. Sus actuaciones con el club noruego, incluidas victorias memorables en Champions frente a Man City e Inter, han pesado lo suficiente como para convencer al seleccionador.

Pero la clave de ese “extremo” gigante a pie cambiado no está solo en el gol. Es el primer eslabón de una trampa táctica que se despliega por el carril derecho.

El mediocampo de Odegaard: mando y brújula

En la sala de máquinas, Noruega tiene músculo y cerebro. El cerebro se llama Martin Odegaard. Capitán del Arsenal, discutido a veces en su club por cierta irregularidad, pero casi siempre determinante con la camiseta de su país. Pese a perderse tres de los ocho partidos de clasificación en una temporada marcada por problemas físicos, el mediapunta firmó siete asistencias, tres de ellas en un solo encuentro ante Israel. Ningún otro jugador en Europa dio más pases de gol en el camino al Mundial.

A su alrededor, Solbakken ha construido un mediocampo sólido y muy competitivo. Sander Berge, de Fulham, protege por detrás, barre, equilibra. Fredrik Aursnes, de Benfica, ejerce de interior puro, un ‘8’ con recorrido y criterio. Su caso tiene un punto de novela: a los 30 años se había retirado de la selección para “tener más tiempo y libertad para priorizar otras cosas en mi vida además del fútbol”. Dos años después, en febrero, dio marcha atrás y ahora apunta a titular en un Mundial al que no ayudó a clasificar sobre el césped, pero sí llegará como pieza clave.

Y si algo falla, el banquillo no se queda corto. Patrick Berg, capitán de Bodo/Glimt, aporta pausa y calidad en el pase. Kristian Thorstvedt y Morten Thorsby, curtidos en el fútbol italiano, suman llegada, trabajo y experiencia en contextos de alta tensión.

Odegaard, sin embargo, es el que marca el compás. Él conecta con los extremos, él encuentra a Haaland entre centrales, él activa las llegadas desde segunda línea. Sin su clarividencia, el plan ofensivo noruego pierde filo. Con él enchufado, Noruega se convierte en un equipo capaz de hacer daño a cualquiera.

Un plan B de lujo para el ‘9’

Nadie en el país quiere imaginar un Mundial sin Haaland sobre el césped. Solbakken cuenta con él para empezar y terminar todos los partidos. Pero si ocurriera lo impensable, Noruega no se queda desnuda en la posición de ‘9’.

El propio Sorloth sería el relevo natural. Sus números avalan la candidatura: llega tras una temporada de 20 goles con Atlético de Madrid sin ser titular indiscutible. El seleccionador lo definió recientemente como un delantero físico, leal, capaz de ocupar distintas posiciones en ataque. Marca, asiste, y, sobre todo, se deja el alma en tareas que no siempre lucen.

La otra carta es Jorgen Strand Larsen, de Crystal Palace. Desde su aterrizaje en la Premier en 2024 se ha ganado admiradores por su presencia en el área y su agresividad en los metros finales. Se presenta en el Mundial con un doblete reciente en un amistoso ante Suecia y un gol importante contra Italia en la clasificación. Aunque Haaland esté sano, su perfil invita a pensar que tendrá minutos, más aún si Sorloth se mantiene escorado a la derecha.

Ryerson, el verdadero puñal por fuera

La supuesta rareza del sistema noruego por bandas tiene explicación. La pieza que descoloca el tablero es Julian Ryerson. Oficialmente, lateral derecho. En la práctica, el arma más dañina desde los costados.

Cuando Noruega ataca, Sorloth abandona la cal y se mete al corazón del área, liberando todo el carril para que el jugador de Borussia Dortmund irrumpa con fuerza. Desde ahí, Ryerson se ha convertido en una máquina de asistir: 18 pases de gol en la Bundesliga 2025-26, una cifra descomunal para un defensor. Con dos gigantes como Haaland y el propio Sorloth esperando sus centros, cada incorporación suya se convierte en amenaza directa.

A balón parado, el peligro se multiplica. Muchos de esos 18 servicios de gol llegaron desde córners y faltas laterales. En un Mundial donde los detalles deciden, Ryerson se perfila como el “secreto peor guardado” de esta Noruega. Quien no haga los deberes con él, sufrirá.

Un regreso al gran escenario sin complejos

Veintiocho años después de su última presencia, Noruega vuelve a un Mundial. Lo hace sin vender humo: nadie dentro del vestuario habla de candidato oculto al título. Solbakken lo tiene claro. Su discurso apunta a algo más sobrio, pero igual de ambicioso: ser un equipo incómodo, capaz de tumbar a rivales teóricamente superiores en una noche inspirada.

El contexto no ayuda. Francia, Senegal e Iraq componen un grupo duro, etiquetado ya como “Grupo de la Muerte”. Cada punto costará sangre. Cada desajuste se pagará caro. Pero el seleccionador confía en la organización, en la estructura y en la capacidad de sus hombres para decidir partidos.

La clasificación desató un país entero. Cincuenta mil aficionados salieron a recibir a la selección en una noche de lunes, a cuatro grados bajo cero. Una imagen que habla de espera, de frustraciones acumuladas, de generaciones que solo habían visto los Mundiales por televisión. Ahora, por fin, Noruega vuelve a estar dentro.

Solbakken quiere que este torneo sea una declaración de intenciones: un fútbol más ofensivo que en el pasado, jugadores de alto nivel trabajando unos para otros y una selección que, en su mejor versión, pueda mirar de frente a cualquiera. El sueño concreto se lo guarda para sí. La pregunta, en cambio, queda flotando sobre el grupo: ¿será este el Mundial en el que Noruega deje de ser “el equipo de Haaland” para convertirse, por fin, en algo mucho más grande?