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El reto del Manchester United femenino en la WSL

El Manchester United femenino vive en una especie de tierra de nadie. Lo bastante bueno como para plantarse en unos cuartos de final de Champions League y competir de tú a tú, pero no lo suficiente para sostener ese nivel durante toda una temporada. Tanto es así que el curso pasado se quedaron fuera de Europa. Ese contraste retrata con bastante precisión el momento del proyecto.

Tiene contexto. El club refundó su equipo femenino hace apenas ocho años. Mientras City, Arsenal y Chelsea construían estructuras, academias, redes de ojeo y plantillas con profundidad, United ni siquiera estaba en la mesa. Desde entonces, el salto ha sido evidente: clasificación para la Champions, tres finales de copa, un título grande con la FA Cup. Son hitos importantes. Pero el vacío de años previos sigue pesando. Las bases no son las mismas que las de los gigantes que llevan una década asentados en la élite.

Para recortar esa distancia hacían falta pasos grandes, dentro y fuera del campo. Y constantes. El problema es que, mientras United intenta crecer, sus rivales también aceleran. Y, de momento, el ritmo no les alcanza.

Uno de los déficits más claros ha sido la profundidad de plantilla. Se notó, y mucho, la temporada pasada, con el equipo peleando en cuatro competiciones y estrenándose en la Champions League. El verano anterior ya dejó una advertencia: la dirección deportiva no hizo lo suficiente para reforzar un grupo que iba a estar exigido al máximo. Este verano, ese error no admite repetición.

No es que United fiche mal. Al contrario. Si se repasa el último mercado estival, nombres como Julia Zigiotti Olme y Jess Park encajan de lleno en la categoría de aciertos. Futbolistas que han rendido, que han elevado el nivel. El problema fue la cantidad: apenas tres incorporaciones para un equipo que debía competir en cuatro frentes. Era una apuesta corta. Lo fue sobre el papel y se confirmó sobre el césped, pese a algún movimiento en enero.

El arranque de esta ventana no invita a pensar en un giro radical. Mientras los rivales se mueven con decisión, en Manchester el ruido es mínimo.

City, campeón de la WSL y de la FA Cup, anunció que no tendría un verano especialmente agitado. Y, aun así, ha añadido piezas de peso. Ha incorporado a Beth Mead, una atacante de primerísimo nivel, con experiencia ganadora; ha reforzado el lateral izquierdo con Niamh Charles, otra internacional inglesa que cubre una necesidad evidente; y ha blindado a su gran referencia, Khadija Shaw, Bota de Oro de la WSL, atándola con un nuevo contrato pese al fuerte interés de Chelsea.

Arsenal ha ido todavía más fuerte. Siete años sin ganar la WSL pesan, y el club se ha comportado como un aspirante que no quiere excusas. En apenas dos semanas ha anunciado a Georgia Stanway, Ona Batlle, Selina Cerci, Geraldine Reuteler y Lisa Baum. Un golpe sobre la mesa. Y no se detiene ahí: el interés en la agente libre del Barcelona, Salma Paralluelo, sigue sobre la mesa. Ese tipo de mercado es el que cambia jerarquías y acerca títulos.

Chelsea, pese a un verano turbulento, tampoco se ha quedado quieto. El club londinense ha sufrido una cadena de negativas en su búsqueda de una ‘9’: primero Shaw, luego Paralluelo, después Felicia Schroder. Pero ha respondido con operaciones de enorme valor. Ha cerrado a Katie McCabe y ha sumado a Matsukubo, una de las grandes sensaciones de la NWSL el año pasado, con apenas 21 años. Y la búsqueda de la delantera centro parece encarrilada: todo apunta a que Romee Leuchter, estrella del Paris Saint-Germain, está de camino, según Vrouwen Voetbal Nieuws.

¿Y United? De momento, silencio casi absoluto.

La única cara nueva es Andrea Medina, central o lateral zurda de 22 años, talento y versatilidad para reforzar una zona corta de efectivos. Un buen fichaje, sin matices. Pero insuficiente por sí solo para cambiar el panorama.

Lo más inquietante no es solo la falta de incorporaciones. Es la ausencia de ruido. Apenas trascienden nombres, operaciones en marcha o objetivos claros. Las grandes historias de mercado que rodean al equipo tienen que ver, sobre todo, con posibles salidas.

Melvine Malard está muy cerca de fichar por Chelsea, según las informaciones publicadas el martes. Y The Athletic desvela que el club está dispuesto a escuchar ofertas por Elisabeth Terland, máxima goleadora del equipo la pasada temporada. Si llega una propuesta que cumpla con la valoración interna, United vendería ahora para reinvertir, antes que arriesgarse a perder a la internacional noruega gratis el próximo verano.

No es un caso aislado. Terland rechazó una renovación en noviembre y entra en su último año de contrato. Ella Toone se encuentra en una situación similar. Preguntada el mes pasado por su futuro, la centrocampista inglesa evitó comprometerse. “Obviamente, ahora es momento de hablar. Sé que tengo que tomar una decisión sobre lo que es mejor para mí”, dijo. Palabras que no cierran ninguna puerta.

Mientras tanto, el peligro no solo viene desde arriba. También se acerca desde atrás.

United no puede limitarse a mirar a City, Arsenal y Chelsea. Tiene que vigilar el retrovisor. El grupo de clubes de media tabla está creciendo con fuerza, con inversiones serias y proyectos ambiciosos.

El caso más llamativo es London City Lionesses. Respaldado por la multimillonaria Michele Kang —propietaria también de Washington Spirit y del ocho veces campeón de Europa Lyon—, el club ha protagonizado el golpe del verano: ha convencido a Alexia Putellas, dos veces Balón de Oro, para cruzar la frontera y jugar en Inglaterra. A su lado, llegan también Mapi León, cuatro veces campeona de la Champions League, la exguardameta de la selección inglesa Mary Earps y la goleadora alemana Nicole Anyomi. Es un salto de categoría inmediato.

No es el único proyecto que aprieta. Tottenham, que terminó a solo un puesto y cuatro puntos de United el curso pasado, tras empatar ambos duelos directos, ha arrancado el mercado con cinco fichajes. Entre ellos, Shekiera Martinez, 16 goles en 32 partidos de liga con un West Ham en apuros; Kirsty Hanson, solo superada por Shaw y Alessia Russo en la tabla de goleadoras de la WSL; y la guardameta Selma Panengstuen, que, según los informes, eligió Spurs por delante de Arsenal y PSG. Mensaje claro.

Brighton, otro equipo que complicó la vida a United el año pasado y que alcanzó la final de la FA Cup en mayo, también se ha movido con criterio. La llegada de Lia Walti, excentrocampista de Arsenal, es una operación de enorme calidad para un club que quiere consolidar su crecimiento.

En este contexto, la pregunta es inevitable: ¿cómo va a responder United?

El verano pasado, con la ventana de fichajes femenina alcanzando cifras récord, el técnico Marc Skinner admitió que el club no podía entrar en la pelea por determinados traspasos. Los siete dígitos que llevaron a Olivia Smith a Arsenal y a Grace Geyoro a London City marcaban un territorio prohibido. “La realidad es que tenemos que encontrar nuestra propia manera de hacerlo”, reconoció. Y, en parte, lo hicieron: el club firmó jugadoras interesantes, construyó un bloque competitivo. Pero no lo suficiente como para aguantar en cuatro competiciones a la vez.

Esta vez, el escenario deportivo es distinto. No habrá Champions League. No habrá cuatro frentes. United quiere convertir esa ausencia en ventaja, igual que hizo City esta temporada para romper una espera de una década y recuperar el título de la WSL. Menos viajes, menos desgaste, más tiempo de trabajo. Sobre el papel, un alivio.

También existe la expectativa de que las incorporaciones de enero den un salto de rendimiento tras seis meses de adaptación. El caso más claro es el de Lea Schüller. La delantera llegó desde Bayern Munich con un registro goleador impresionante, pero solo vio puerta dos veces en sus primeros 18 partidos. El club confía en que, con una pretemporada completa y un entorno más estable, su impacto se acerque al de la artillera que dominó en Alemania.

Aun así, nadie dentro del fútbol inglés duda de que este United necesita mucho más para competir. No solo con City, Arsenal y Chelsea. También con ese pelotón que viene empujando desde abajo y que ya ha demostrado que puede quitarle puntos, plazas europeas y, a medio plazo, estatus.

El verano se presenta como una ventana de fichajes decisiva. De las que marcan etapas. Un arranque discreto no condena el resultado final, pero sí enciende las alarmas de una afición que acaba de vivir una temporada frustrante, en la que quedó claro que el equipo aún no es un aspirante constante a lo más alto del fútbol femenino.

La cuestión, ahora, es si el club está dispuesto a actuar con la misma ambición que muestran sus rivales. Porque el tiempo de las excusas se agota. Y la WSL no espera a nadie.