Retratos del Mundial: la otra cara de los futbolistas
Lionel Messi, rígido como una estatua frente al objetivo. Marc Cucurella, melena al viento, casi en trance de baile. Diego Moreira, antebrazo sobre los ojos, dejando asomar un tatuaje inquietante. Harry Kane, incómodo, apoyado en una rodilla, como si quisiera estar en cualquier otro lugar.
Bienvenidos al otro Mundial. El de los retratos oficiales.
Son 1.248 futbolistas y 48 seleccionadores concentrados en un mismo ritual: pasar por el estudio de Getty Images contratado por Fifa y ofrecer, aunque sea durante unos segundos, una versión controlada de sí mismos. Algunos llegan con la pose pensada. Otros, claramente, preferirían que el suelo se los tragara.
El estudio donde las estrellas no mandan
En las últimas semanas, dos fotógrafos asignados a cada selección han ido desfilando por las bases de los equipos. El método es casi industrial: dos sets montados en paralelo –uno sobrio, casi aséptico; otro más distintivo– para ir rotando a jugadores y técnicos sin perder un minuto.
La iluminación, en apariencia sencilla: un gran flash de estudio con softbox apuntando al cuerpo del futbolista, un par de luces de recorte desde atrás para perfilar siluetas y dar volumen. Nada de artificios excesivos, al menos sobre el papel.
El truco estaba en los objetivos. Filtros especiales, desenfoques imprevisibles, efectos caleidoscópicos que convierten un fondo apagado en una imagen vibrante. El retrato de Messi es el ejemplo perfecto: el capitán de Argentina inmóvil, pero envuelto en un halo casi onírico que rompe con la clásica foto de ficha.
Detrás de la cámara, el oficio marca el ritmo. Tom Jenkins, fotógrafo deportivo de The Guardian, lo resume con crudeza: se trabaja a contrarreloj. “En este tipo de sesiones solo tienes unos pocos minutos con cada jugador y tienes que sacar varias fotos y pensar increíblemente rápido”, explica. No hay margen para dudar. O sale, o se pierde.
El objetivo es doble. Por un lado, la imagen “de colegio”, limpia, frontal, como se ha hecho siempre. Por otro, algo que respire emoción, gesto, carácter. Los fotógrafos llegan con una lista mental de ideas, pero saben que muchos jugadores traen ya su propio repertorio: celebraciones, miradas, manos al pecho, guiños al escudo.
Y, por una vez, el poder cambia de lado. “Lo interesante es que tú controlas a estas superestrellas y cada aspecto de la sesión”, apunta Jenkins. La presión se dispara: hay que tener todo probado y listo antes de que entre el primer nombre del día. Cuando el futbolista cruza la puerta, ya no hay espacio para ajustes técnicos; solo cuenta la conexión.
Futbolistas, marcas y espejos
Sobre la mesa del estudio, una hilera de tarjetas con nombres. Todas las selecciones, todos los dorsales. También una con “Lionel Messi”, por si a alguien en edición se le ocurriera despistarse con el jugador más reconocido del planeta.
Nada se deja al azar. Los jugadores revisan las imágenes en una pantalla al instante, corrigen, repiten, dan el visto bueno. La generación actual entiende el poder de una foto mejor que nadie. Viven en Instagram, se mueven entre campañas y patrocinios. Saben que un buen retrato puede dar la vuelta al mundo en cuestión de minutos.
“Hoy la mayoría son muy conscientes de su propia imagen y de lo poderosa que puede ser”, explica Jenkins. No es teoría: Eberechi Eze ha posado para Burberry, Declan Rice para L’Oréal. Llegan al set con experiencia de marca, con tablas. Y algunos, directamente, disfrutan del juego.
Eso no los libra del juicio popular. En Inglaterra, varios acabaron siendo carne de meme. A Rice le señalaron el enrojecimiento de la piel, como si acabara de bajar de la playa. Anthony Gordon fue comparado sin piedad con la figura de la princesa Diana. Dean Henderson, con su mirada ladeada, generó más incomodidad que admiración.
En paralelo, las imágenes más trabajadas de Jude Bellingham y compañía demostraron hasta dónde puede llegar un fotógrafo con un par de luces y un buen cristal, incluso cuando el futbolista aporta poco más que presencia física. Cuando falta chispa en el modelo, la creatividad tiene que salir del visor.
Bielsa, el retrato que no quiso serlo
Y sin embargo, el retrato que ha arrasado no es de un goleador ni de una joven estrella. Es de un entrenador. Marcelo Bielsa, seleccionador de Uruguay, terminó acaparando titulares por una foto que, en teoría, no debería funcionar.
La escena, captada por Michael Regan en la base de la selección en Cancún, México, rompe el pacto tácito entre fotógrafo y retratado. Bielsa se niega a jugar el juego. No mira a cámara. Baja la vista hacia sus pies. Se encierra en sí mismo. El resultado es una imagen extraña, casi incómoda, que sin decir una palabra lo dice todo sobre el técnico argentino.
Después, fiel a su personaje, Bielsa se defendió con una frase seca: “No soy modelo”. No hacía falta más.
Para Jenkins, ahí reside la esencia del buen retrato: “Al final, creo que el mejor es el que muestra la personalidad del individuo, y por eso la foto de Bielsa es tan brillante. Es perfectamente él”. No hay pose estudiada, no hay filtro que valga. Solo un hombre que, incluso cuando no quiere participar, termina revelándose por completo.
En un Mundial saturado de datos, sistemas tácticos y discursos medidos, estas fotos ofrecen algo distinto: segundos robados en los que las estrellas dejan ver, aunque sea de refilón, quiénes son cuando el balón no rueda. Y quizá, en esa fracción de segundo frente al flash, se entiende mejor que en noventa minutos por qué algunos de ellos trascienden el juego.






