Rogers enciende Stamford Bridge pero el Chelsea enfrenta viejos fantasmas
En el oeste de Londres ya tienen nuevo ídolo. Rogers ha aterrizado en el Chelsea como un vendaval y, por ahora, cada libra de esas 117 millones parece bien invertida. El delantero, fichado desde Aston Villa a precio de récord del club, volvió a responder en el césped: gol antes de que muchos terminaran de sentarse en Stamford Bridge.
Minuto 6. Un pase filtrado de Joao Pedro rompe la línea. Rogers ataca el espacio, controla con calma, levanta la cabeza y cruza raso, fuerte, seco, al rincón inferior. Definición de delantero grande, de jugador que se sabe en estado de gracia. Y algo más: ese tanto fue el primero que encaja Hull City en esta Premier League, después de un inicio de curso sólido atrás. Chelsea golpeaba pronto y mandaba un mensaje.
Pero el impacto del gol va mucho más allá del marcador.
Un inicio de temporada de leyenda
Con su diana ante los Tigers, Rogers se cuela en un club minúsculo dentro de la historia reciente del Chelsea. Se ha convertido en apenas el quinto futbolista del equipo en firmar gol o asistencia en cada uno de los cuatro primeros partidos de una temporada de Premier League.
Cinco nombres. Nada más.
Los otros cuatro son un resumen perfecto de la era moderna del club: Didier Drogba, Cesc Fàbregas, Diego Costa y Eden Hazard. Goleadores, cerebros, futbolistas que cambiaron títulos y finales. Estar en esa lista no es una curiosidad estadística: es un sello de grandeza.
Los datos de Opta lo confirman: Rogers es el quinto jugador distinto en lograrlo con el Chelsea. Antes, el pionero fue Drogba en la campaña 2010/11, cuando arrancó el curso como un incendio, con cuatro goles y cuatro asistencias solo en el primer mes de competición. Un inicio que marcó el tono de todo el año.
Después llegó el doblete de Fàbregas y Costa en la temporada 2014/15, la del título. El centrocampista español se dedicó a repartir juego y encadenó seis asistencias en ese tramo inicial. Costa, por su parte, destrozó defensas desde el primer día: siete goles en cuatro jornadas, un terror constante para cualquier zaga.
El hispano-brasileño repetiría la hazaña en 2016/17, con cuatro goles y una asistencia en otro arranque demoledor. El último en sumarse a esta élite antes de Rogers fue Hazard, que abrió el curso 2018/19 con dos goles y dos asistencias, dejando claro desde septiembre que seguiría siendo el faro del equipo.
Ahora, en 2024, el nombre que se añade a esa secuencia es Rogers. Distinto perfil, misma contundencia. Un recién llegado que ya se codea con los tótems de Stamford Bridge.
El partido se tuerce
Sin embargo, la tarde que debía consagrar su exhibición se convirtió en otro capítulo incómodo para el Chelsea. El gol tempranero no trajo la serenidad esperada. Al contrario: destapó viejos fantasmas.
El equipo dominaba, sí, pero atrás volvieron a aparecer las grietas de siempre. Media hora de juego, un despiste en la zaga y castigo inmediato. Mohamed Belloumi cazó el error de la defensa local y firmó el 1-1, aprovechando una nueva desconexión de un bloque que sigue sin fiabilidad en su propia área.
El golpe dejó tocado al Chelsea. Y Hull City olió la sangre.
A los pocos minutos, el propio Belloumi asestó el segundo mazazo. El argelino culminó la remontada visitante y silenció Stamford Bridge, que pasó de celebrar el récord de su nuevo fichaje a mirar con preocupación el marcador. De un posible paseo, a remar contracorriente.
A partir de ahí, el foco se desplazó inevitablemente. El registro histórico de Rogers quedó en segundo plano. Lo que ocupó la mente de todos fue otra cosa: la fragilidad de un equipo que, pese a tener un atacante en estado de gracia, sigue regalando vida al rival.
Rogers se va del partido con un nuevo gol y un hueco en la historia del club. El entrenador, en cambio, se marcha con más preguntas que respuestas sobre una defensa que amenaza con arruinar cualquier ilusión de título. Porque un delantero puede encender un estadio, pero sin un bloque sólido detrás, ¿hasta dónde puede llegar este Chelsea?





