jornadadeportiva full logo

El rugido de Haaland tras la pérdida de la Premier League

El Manchester City entregó por fin su título de la Premier League en una noche tensa en el Vitality Stadium. Un 1-1 ante Bournemouth, suficiente para que el campeonato volara matemáticamente hacia el norte de Londres y coronara a los Gunners con una jornada todavía por jugar en esta campaña 2025-26.

El golpe no llegó de repente. Se fue mascando durante 90 minutos de nervios, imprecisiones y un City que, pese a dominar por momentos, nunca terminó de imponer su ley. Ni siquiera el arreón final, con Erling Haaland como bandera, alcanzó para estirar una pelea por el título que se apaga tras dos años de vacío liguero.

Un empate que sabe a derrota

El noruego apareció tarde, pero apareció. Su gol en los minutos finales encendió una chispa de esperanza, el viejo guion del City que siempre encuentra una vida extra cuando el reloj se agota. Esta vez, no hubo remontada épica. Faltó el segundo gol, el que habría mantenido con vida la defensa del título.

El 1-1 deja al City como subcampeón. Un lugar que, para la plantilla de Pep Guardiola, suena casi a humillación deportiva. Y Haaland no quiso maquillar nada.

Nada más acabar el partido, el delantero habló sin filtros. Frustrado. Directo. Con un mensaje que sonó tanto a autocrítica como a advertencia interna.

“Cada partido en la Premier League es difícil. Lo intentamos. No fue suficiente”, dijo a City Studios. Y a partir de ahí, apretó el tono. “Todo el club debería usar esto como motivación ahora. Deberíamos estar enfadados, deberíamos sentir fuego en el estómago porque no es suficiente. Han pasado ya dos años, se siente como una eternidad. Vamos a hacer todo lo que podamos, todos los que estemos aquí la próxima temporada, para ganar la liga”.

No es una frase al aire. Es una declaración de principios. Haaland no acepta la comodidad del casi. No quiere que el vestuario olvide la sensación de llegar tarde a la línea de meta.

Resaca de Wembley y cero excusas

El propio delantero reconoció que el equipo acusó la resaca emocional de Wembley. La victoria del fin de semana ante el Chelsea en la final de la FA Cup dejó cicatriz en las piernas y en la cabeza.

“No es fácil venir aquí, especialmente después de una final contra un equipo realmente bueno”, admitió el noruego. “Las finales siempre son más emocionales, siempre son más difíciles porque automáticamente das más. El calendario es duro. No hay excusas. Pero no es fácil venir a Bournemouth después de jugar en Wembley una final de la FA Cup”.

La explicación está ahí: desgaste, calendario, carga competitiva. Pero Haaland la acompaña de una frase clave: “No hay excusas”. El City sabe que su estándar no es el de un equipo que se conforma con señalar el calendario. Su estándar es el de un club que mide su éxito por títulos de Premier League, no por finales ganadas en mayo.

Dos trofeos… y una espina

La temporada no se va en blanco. Ni mucho menos. City suma la FA Cup y la Carabao Cup. Dos trofeos que, para la mayoría, dibujarían una campaña notable. Para este grupo, no alcanza.

“Todo es relativo; fue mejor que la temporada pasada”, valoró Haaland. “Sentí que aún podíamos apretar un poco más en la liga, pero se ha terminado. Ganamos dos trofeos, que es importante, pero también queremos la Premier”.

Ahí está la espina. El City vuelve a levantar copas, pero ve cómo el gran objetivo doméstico se le escapa por segundo año consecutivo. Dos temporadas sin la corona. Para un club que convirtió la Premier en su territorio natural, la sensación es la de haber cedido terreno en su propia casa.

El botín personal de Haaland

En medio de la decepción colectiva, queda un frente abierto: los premios individuales. Haaland, con 27 goles en la competición, apunta con fuerza a su tercera Bota de Oro de la Premier League en cuatro años.

Su perseguidor más cercano, Igor Thiago, el delantero del Brentford, suma 22 tantos, ocho de ellos desde el punto de penalti. Con solo una jornada por disputarse, la distancia parece casi definitiva. Salvo una actuación descomunal del brasileño y un improbable apagón de Haaland, el noruego añadirá otra marca goleadora a su colección.

Pero ni siquiera eso le sirve de consuelo. No esta noche. No con la imagen del trofeo liguero viajando a otro vestuario.

El City cerrará la temporada con dos copas en las vitrinas y una promesa implícita en las palabras de su ‘9’: convertir la rabia de hoy en gasolina para mañana. Si ese “fuego en el estómago” del que habla Haaland prende en todo el vestuario, la próxima carrera por la Premier no será solo una defensa del orgullo. Será una persecución a cara de perro por recuperar el trono que sienten que nunca debió irse.

El rugido de Haaland tras la pérdida de la Premier League