Thomas Tuchel reconoce su error táctico en la caída de Inglaterra ante Argentina
Anthony Gordon había encendido la ilusión. Su gol adelantó a los Three Lions y abrió de par en par la puerta de un sueño mundialista que parecía por fin a la altura de las expectativas. Pero el final ya es conocido: Argentina remontó con furia en los minutos decisivos y dejó a Inglaterra deshecha, con la sensación de haber dejado escapar algo enorme.
En su momento, Thomas Tuchel señaló a un viejo fantasma del fútbol inglés: la incapacidad para conservar la posesión en los momentos calientes. Lo presentó casi como un defecto estructural, incrustado en la identidad futbolística del país. Hoy ya no se esconde tras esa explicación. El seleccionador asume que el giro del partido tuvo mucho que ver con una decisión suya.
El giro táctico que lo cambió todo
En el documental de la FA, “Reflections: England's World Cup Journey”, Tuchel rompe la coraza. Explica que, al notar a sus jugadores superados por la magnitud de la cita y exhaustos tras un calendario salvaje —viajes entre distintos husos horarios, altitud, cambios de clima—, optó por refugiarse antes de tiempo.
“Pensé: ‘OK, cambiemos a una defensa de cinco, un 5-4-1’”, reconoce. Ese paso atrás, ese repliegue prematuro, terminó entregando la iniciativa a Argentina. Desde ahí, la Albiceleste marcó el ritmo, aceleró el juego y acabó por destrozar las esperanzas inglesas.
Tuchel describe con crudeza lo que sintió en el banquillo. “Concedimos una ocasión justo antes del parón para el agua. Pensé que no íbamos a sobrevivir. ‘Esto es la muerte’”, admite. El miedo se filtró en la pizarra y en la mente del técnico. El equipo se encogió detrás.
El contexto no ayudaba. “Fue Congo, Miami y Noruega y luego México y la altitud. Estábamos súper cansados”, detalla el seleccionador, aludiendo al desgaste acumulado en la preparación y en el torneo. Pero ni el cansancio ni los viajes pueden tapar la lectura que ahora hace de sí mismo: el cambio de sistema llegó demasiado pronto, instaló una mentalidad defensiva cuando aún quedaba mucho por jugar.
Una cicatriz que no cierra
Tuchel habla de ese partido como de una herida abierta. En St George’s Park, rodeado de su cuerpo técnico, apenas ha sido capaz de enfrentarse a unos pocos minutos del encuentro ante Argentina. Nada más.
“Agonía en proporciones épicas. Vi los clips con mis entrenadores la semana pasada cuando estábamos en SGP”, cuenta. “Mi mente siempre va hacia adelante, hacia adelante. Doloroso. Lo veo ahora por primera vez desde el punto de vista de los comentaristas. Es mi cicatriz, la cicatriz de los jugadores, tengo que vivir con ella. Nadie está más herido que yo. Es una tortura”.
No es una pose. Tuchel insiste en que no ha podido ver el partido entero. Solo fragmentos, flashes de una noche que marcó a un grupo y a un seleccionador que se presenta como el principal responsable del derrumbe.
El momento en que todo cambió
Para Tuchel, hay un instante muy concreto en el que el partido se torció de verdad. No fue un gol, ni una ocasión clarísima. Fue una entrada.
“Desde el inicio de la segunda parte vi un cambio. La famosa entrada de Djed Spence. Y me hizo algo a mí, les hizo algo a los jugadores y hubo un cambio de mentalidad”, explica. Inglaterra había firmado una primera parte sólida, equilibrada, con sensación de control. Pero esa acción encendió una alarma interior.
“Jugamos como si quedaran cuatro minutos, pero quedaba media hora”, admite. El equipo se metió en modo resistencia demasiado pronto, renunció al balón, a la calma, a la idea con la que había preparado el choque. La ansiedad se apoderó de todos.
Tuchel insiste en que el plan inicial estaba bien trabajado: “Tienes que tener calidad futbolística. Nos preparamos muy bien. Creo que lo hicimos bastante bien en la primera parte, fue un partido bastante igualado y sentí que estábamos ahí”. Hasta que la mente se impuso a las piernas.
Argentina, sin freno
Mientras Inglaterra se encogía, Argentina olió sangre. “Argentina jugó muy, muy rápido. No tenía nada que perder”, resume el técnico. El conjunto sudamericano respondió con lo que siempre presume llevar de serie: carácter, intensidad, una hermandad feroz.
“Confiamos en nuestra hermandad, nuestra mentalidad. Calidad individual. Argentina también tiene eso: hermandad, mentalidad, lo ponen todo sobre la mesa y significa el mundo para ellos”, reconoce Tuchel. Cuando Inglaterra se replegó, Argentina se sintió liberada. Sin cadenas tácticas, sin miedo al error, se lanzó a por un partido que ya no parecía tan largo para los ingleses como realmente era.
La consecuencia fue una remontada que destrozó el plan y dejó a Tuchel con una certeza incómoda: el equipo jugó el último tramo como si el reloj se estuviera acabando… cuando todavía había media hora para seguir compitiendo de tú a tú.
El consuelo del bronce y la lección aprendida
En medio de la decepción, el seleccionador se agarra a un dato que no es menor: Inglaterra se levantó y acabó tercera tras imponerse a Francia. No era el objetivo. Pero tampoco fue una caída sin respuesta.
“Aprendes como entrenador. Tienes que jugar como si fuera 0-0. Eso también me incluye a mí”, subraya. El mensaje va dirigido tanto al grupo como a sí mismo. No solo los jugadores deben sostener la calma y la ambición con ventaja en el marcador. El banquillo también.
Tuchel cuenta que muchos le piden ver la medalla de tercer puesto. Él la muestra con una mezcla de orgullo y frustración. “No logramos lo que queríamos. Pero estoy muy orgulloso de lo que conseguimos. Estos jugadores volverán con hambre”, asegura.
La cicatriz de Argentina no se borrará. Pero el seleccionador está decidido a que no sea un punto final, sino un recordatorio permanente de lo que ocurre cuando un equipo deja de jugar como si el partido estuviera en cero. La próxima vez que Inglaterra se vea por delante en un escenario así, ¿se refugiará atrás o se atreverá a seguir mandando?





