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Zidane asume el mando de la selección francesa

Zinedine Zidane ya está donde muchos llevaban años imaginándolo: en el banquillo de la selección francesa. La Federación Francesa de Fútbol ha hecho oficial el relevo de Didier Deschamps y pone al frente de Les Bleus a uno de sus mayores símbolos, dentro y fuera del campo.

El secreto peor guardado del fútbol europeo ya tiene sello oficial. Un mensaje contundente en la cuenta de la Equipe de France en X lo confirmó: “ZINEDINE ZIDANE, NEW [MANAGER] OF THE FRENCH NATIONAL TEAM”. Nada de rodeos. Francia se entrega a Zizou.

El regreso del maestro

Zidane vuelve al primer plano tras cinco años alejado de los banquillos desde su salida del Real Madrid en 2021. Cinco años en los que sonó para casi todo, pero no se movió por nada. La razón la explicó él mismo en su presentación, en una rueda de prensa especial este martes por la mañana: solo esperaba a Francia.

“Es una gran fuente de orgullo”, confesó, sin adornos. “Siempre lo he dicho: no hay nada más grande que la selección francesa. Es una alegría y, obviamente, un gran orgullo convertirme en seleccionador de este equipo. También es una responsabilidad”.

El tono fue sobrio, pero el mensaje, claro. Zidane agradeció al presidente de la Federación, Philippe Diallo, al comité ejecutivo y a todo el organismo su confianza, y se detuvo en una figura clave: “Quiero reconocer los 14 años de servicio de Didier y su cuerpo técnico”. Respeto absoluto al hombre al que releva. Competencia, sí, pero sin borrar el pasado.

Cinco años de espera por un solo banquillo

Zidane desveló lo que muchos intuían: rechazó ofertas durante este tiempo porque solo tenía en mente dirigir a Francia. Nada más.

“Estoy verdaderamente feliz. Estoy listo para el reto, me motiva”, afirmó. “La única cosa que quería hacer después de mi experiencia en el Real Madrid… Lo sé desde que era niño. Empecé en las categorías inferiores, pasé por todas las etapas hasta llegar a la absoluta, la cima. Lo único que me motiva es poder trabajar para este equipo y verlo seguir ganando”.

El mensaje se repitió con una claridad casi obsesiva: “Dirigir Francia es lo único que quería hacer después de mi experiencia en el Real Madrid. Rechacé ofertas para ser seleccionador de Francia”. Zidane no se vendió al mejor postor; esperó al escudo que lleva tatuado en la memoria desde 1998.

Deschamps, el ciclo que marca el listón

Del otro lado de la mesa, Philippe Diallo puso en contexto la magnitud del momento: “Es un momento excepcional. Hacía 14 años que la federación no estaba en posición de nombrar a un nuevo seleccionador”. Catorce años de una misma voz, de un mismo mando.

Diallo también quiso subrayar la huella de Deschamps: “Durante 14 años llevó a la selección francesa a la cima. Restauró la imagen de Les Bleus en el campo. Es importante que se reconozca su trabajo”. Un Mundial en 2018, una final en 2022, estabilidad competitiva y una identidad reconocible. Zidane no llega a un solar; llega a una casa exigente y acostumbrada a ganar.

El relevo se produce después de la eliminación en semifinales del último Mundial, un punto de inflexión que abre una nueva etapa sin dramatismos, pero con la sensación de que se necesitaba un nuevo impulso. Y nada sacude más un vestuario que la entrada de una leyenda que ya lo fue todo como jugador… y como entrenador.

Un palmarés que impone silencio

Zidane aterriza en Clairefontaine con un currículum que habla solo. Tres Champions League consecutivas con el Real Madrid, dos Ligas, dos Supercopas de Europa, dos Mundiales de Clubes. Un dominio casi total en las noches grandes.

Y antes de los banquillos, el césped: campeón del mundo con Francia en 1998, Balón de Oro ese mismo año. Uno de los futbolistas más determinantes de su generación. Para muchos de los jugadores que ahora dirigirá, Zidane era primero un póster en la habitación antes que un entrenador en la banda.

Por eso su figura trasciende la táctica. Su sola presencia cambia la temperatura de una selección. Habla el hombre que ya llevó la camiseta azul al cielo de París. Ahora le toca hacerlo con chaqueta y corbata.

Rumbo a la Eurocopa 2028

Zidane ya mira al siguiente gran escenario: la Eurocopa 2028, que se disputará en Reino Unido e Irlanda. Ese será el primer gran examen de su mandato. Tiempo suficiente para moldear un equipo a su imagen, pero no tanto como para permitirse años de transición. Francia no entiende de reconstrucciones lentas; exige resultados y juego a la altura de su talento.

El nuevo seleccionador lo sabe. Lo vivió como jugador y lo reforzó como técnico en el Real Madrid: la exigencia permanente, la obligación de pelear por todos los títulos, la presión diaria. No llega a un contexto desconocido.

Con una generación que mezcla estrellas consagradas y jóvenes que empujan con fuerza, Zidane se encuentra con un material de lujo. Su reto no es construir desde cero, sino afinar una máquina ya ganadora, devolverle el filo tras el golpe de la última semifinal mundialista y mantenerla en la élite absoluta.

Francia ya tiene a su nuevo jefe de orquesta. El resto del continente toma nota. La pregunta, ahora, no es si Zidane está preparado para este desafío. La verdadera incógnita es otra: ¿está preparada Europa para una Francia dirigida por Zizou en su propia plenitud?