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Zidane regresa como seleccionador de Francia: la leyenda vuelve a sanar

Zinedine Zidane ya está donde muchos llevaban años imaginándolo: en el banquillo de la selección francesa. La Federación Francesa de Fútbol lo hizo oficial este martes: el ídolo de una generación será el seleccionador de Les Bleus durante los próximos cuatro años.

A sus 54 años, Zizou recoge el testigo de Didier Deschamps, que dejó el cargo tras el Mundial de 2026, un torneo que terminó en decepción para un grupo señalado como gran favorito en Norteamérica. Francia cayó en semifinales ante la que acabaría siendo campeona, España, y después encajó otro golpe en el duelo por el tercer puesto frente a Inglaterra. Un final frío para una era larguísima.

Ahora, la misión es clara: levantar el ánimo de todo un país futbolero.

Del Berlín de 2006 al banquillo de 2026

El nombramiento tiene un peso simbólico enorme. Zidane no solo vuelve a la selección; vuelve al lugar donde escribió algunas de las páginas más brillantes y también más dolorosas de su carrera.

Como jugador, lo ganó todo con Francia. Y lo hizo con una autoridad casi estética.

En 1998, lideró a la selección hacia su primera Copa del Mundo. Aquella noche en Saint-Denis, sus dos cabezazos ante Brasil en la final (3-0) quedaron grabados como el nacimiento de una potencia. La primera estrella sobre el escudo llevó su firma.

Dos años después, en la Eurocopa, volvió a ser determinante. Francia se convirtió en el primer campeón mundial que encadenaba el título europeo. Un ciclo de dos años que aún hoy se cita como una de las cumbres del fútbol de selecciones.

Pero la última imagen de Zidane con la camiseta bleu fue muy distinta. Berlín, 2006: final del Mundial ante Italia, expulsión por el cabezazo a Marco Materazzi y derrota en los penaltis. Una carrera legendaria cerrada con un gesto de rabia y una vuelta al vestuario en silencio. Aquella noche dejó una herida abierta en la memoria colectiva del fútbol francés.

Su regreso, ahora como seleccionador, llega cargado de una expectativa evidente: corregir, de alguna manera, lo que se torció aquella vez.

“Nada es más grande que la selección francesa”

Zidane llevaba tiempo esperando este momento. Desde que dejó por segunda vez el banquillo del Real Madrid en 2021, su nombre aparecía una y otra vez vinculado a la sucesión de Deschamps. El propio técnico nunca escondió lo que significaba para él el puesto.

“Siempre he dicho que no hay nada más grande que la selección francesa. Es una alegría y, obviamente, un gran honor convertirme en el seleccionador de Francia. Es también una responsabilidad”, declaró en su presentación, agradeciendo la confianza del presidente Philippe Diallo, del Comité Ejecutivo y de la Federación, y rindiendo homenaje a los catorce años de trabajo de Deschamps y su cuerpo técnico.

Zidane habló también de sus maestros, de la ambición que mantiene intacta para el equipo nacional. No necesitó demasiadas palabras para dejar claro que no viene a ocupar una silla: viene a ganar.

Su reto es mayúsculo. Si logra conquistar el Mundial desde el banquillo, se unirá al mismo club al que ya pertenece Deschamps: el de quienes han levantado la Copa del Mundo como jugador y como entrenador. Un círculo tan reducido como prestigioso.

Un héroe que vuelve a casa

En el entorno de la selección, pocos dudan de que Zidane será recibido como un héroe. Su figura trasciende generaciones. Es el jugador que dio a Francia su primera Copa del Mundo, el arquitecto del mejor ciclo de la selección antes del renacimiento con Deschamps.

Pero no solo vuelve el mito. Vuelve un entrenador con un currículum que impone respeto.

En el Real Madrid, Zidane firmó una etapa histórica: tres Champions League consecutivas, dos títulos de Liga, dos Mundiales de Clubes. Gestionó un vestuario repleto de estrellas, egos y presión máxima, y lo transformó en una máquina competitiva capaz de dominar Europa en formato eliminatorio.

Su experiencia en torneos de KO, con noches al límite y decisiones al segundo, encaja con las exigencias del fútbol de selecciones. No ha dirigido nunca a un combinado nacional, pero llega con un bagaje que pocos pueden igualar.

Francia, un vestuario de talento… y un rompecabezas

El desafío deportivo es tan atractivo como complejo. Francia lleva años acumulando talento ofensivo y, al mismo tiempo, buscando un equilibrio que no siempre ha encontrado desde el título mundial de 2018.

Zidane se encontrará con un arsenal de atacantes que cualquier seleccionador envidiaría: Kylian Mbappé como gran referencia, Ousmane Dembélé, Michael Olise, Désiré Doué, Bradley Barcola y una generación emergente que no deja de asomar. La cuestión no es si hay calidad. La cuestión es cómo encajarla.

Deberá encontrar una armonía que Francia ha perdido por momentos: un ataque desbordante, sí, pero sostenido por una estructura defensiva sólida detrás. En los últimos grandes torneos, Les Bleus han oscilado entre la brillantez y la fragilidad, capaces de aplastar rivales y, a la vez, de desmoronarse en tramos clave.

Ahí entra el Zidane entrenador, el que supo hacer convivir a figuras como Cristiano Ronaldo, Karim Benzema, Sergio Ramos o Luka Modrić en un plan común. En Madrid demostró que podía manejar jerarquías, minutos, egos y crisis sin que el grupo explotara.

Ahora tendrá que repetir la fórmula con una camiseta distinta, con un país entero pendiente de cada decisión.

Objetivo: 2030

La expectativa es inmediata. En Francia nadie esconde que el gran objetivo es el próximo Mundial, en 2030. Después del golpe de 2026, el país quiere volver al centro del escenario con una generación que sigue en plena madurez.

Zidane llega con tiempo para moldear una idea, para probar, ajustar y construir una identidad propia sobre la base de lo que deja Deschamps. No se trata de romper con todo, sino de evolucionar un proyecto que ya sabe lo que es ganar, pero que en los últimos años se ha quedado a medio camino.

La selección francesa vuelve a estar en manos de uno de los suyos, de un hombre que conoce como pocos el peso de esa camiseta y la presión de un país que ya no se conforma con competir: exige títulos.

La pregunta ya no es si Zidane estaba destinado a este cargo. La pregunta es cuántas noches históricas será capaz de añadir ahora, desde la banda, al legado que construyó dentro del campo.