Clarke sella el regreso del Ipswich en el último minuto
El Portman Road estalló en el minuto 90. Jack Clarke, ex del Sunderland, recibió el balón apenas dentro del área y lo acarició con la zurda hacia el palo largo. Raso, preciso, definitivo. Gol y victoria. Regreso con triunfo del Ipswich a la Premier League.
El guion no podía ser más cruel para el Sunderland ni más simbólico para el extremo, que dejó el club del Wear en un traspaso de 20 millones de libras hace dos años. Esta vez, vestido de azul, fue quien enterró las esperanzas de los Black Cats.
Enciso enciende el estreno
El Ipswich, subcampeón del pasado Championship, arrancó el partido con nervio y con la energía propia de quien vuelve a la élite con más de 100 millones de libras invertidos en fichajes. Gary O'Neil, en su primer encuentro oficial al mando tras relevar a Kieran McKenna en verano, no dudó: siete caras nuevas de inicio.
Entre ellas, una brilló por encima del resto. Julio Enciso.
En el minuto 24, el paraguayo olió sangre en la medular. Interceptó un pase blando de Luke O'Nien en el círculo central, aceleró con decisión, dejó atrás a Dan Ballard en conducción y, ya en la frontal, levantó la cabeza. Pase raso, medido, para que Emersonn, otro de los refuerzos estivales, solo tuviera que empujarla. 1-0 y rugido en Portman Road.
O'Neil no escondió su satisfacción con el fichaje procedente del Strasbourg: trabajaron a destajo para traerle y se notó. Enciso no solo aportó chispa ofensiva; también bajó a morder, a tapar líneas, a incomodar a Granit Xhaka para que no encontrara su ritmo en la sala de máquinas del Sunderland.
Angulo responde con un golpeo de postal
Cuando el Ipswich parecía tener el partido bajo control, el talento a balón parado del Sunderland devolvió el equilibrio. A seis minutos del descanso, Nilson Angulo se plantó ante una falta lejana, a unos 25 metros.
Golpeó con rosca, con intención. El balón superó la barrera, besó el larguero y entró. Golazo. 1-1 y silencio momentáneo en las gradas, roto enseguida por los aficionados visitantes, que empezaban a creer que el guion podía repetirse: el curso pasado, el equipo de Regis Le Bris había sorprendido con un 3-0 en la jornada inaugural ante West Ham camino de un séptimo puesto notable.
Sobre el papel, el Sunderland llegaba como bloque más hecho. Ventana de fichajes tranquila, núcleo conservado y solo dos incorporaciones al once: los laterales Dayann Methalie y Thomas Meunier. Tuvieron más balón, pero casi nunca mordieron de verdad.
Su ocasión más clara, más allá del gol, llegó ya en la segunda parte, con el marcador igualado. Brian Brobbey se giró en el área y buscó portería a bocajarro, pero Marcelino Núñez se cruzó a tiempo y bloqueó un disparo que olía a 1-2.
El sello de O'Neil: presión hasta el final
La tarde, sin embargo, no estaba para concesiones. O'Neil lo resumió en una frase: “Bienvenidos de nuevo a la Premier League”. Dominio, ventaja, y de pronto un misil de falta que te iguala el partido. La élite no perdona distracciones.
El técnico dejó claro que el 1-1 no era un resultado para acomodarse. El Ipswich siguió empujando arriba, mordiéndole la salida al Sunderland, obligando a los centrales a jugar siempre al límite. La apuesta era arriesgada, pero coherente con el plan del nuevo entrenador: un bloque intenso, solidario, que no negocia el esfuerzo.
Enciso, agotado tras un despliegue completo, dejó su sitio en el 71 a Jack Clarke. Cambio hombre por hombre en la mediapunta, pero con un matiz: piernas frescas, instinto asesino, un extra de electricidad para el tramo final.
Clarke castiga a su pasado
El desenlace llegó cuando el partido parecía condenado al reparto de puntos. En otra fase de presión alta del Ipswich, Omar Alderete falló en la entrega. Robo, transición rápida y el balón terminó en los pies de Clarke, escorado, pero con el ángulo justo.
Control, pausa mínima y rosca al palo largo, ajustada al rincón inferior. Un golpe seco al corazón del Sunderland y un estallido de alivio para un Ipswich que había sufrido, pero nunca renunció a ir a por el triunfo.
Para O'Neil, el tanto fue la prueba de concepto: un gol nacido de la insistencia, del físico y del trabajo colectivo hasta el minuto 90. Para Clarke, una noche cargada de simbolismo ante el club que le vio despegar.
Lo que viene
El calendario no da tregua. El Ipswich recibirá el martes al Leicester City, ahora en League One, en la Carabao Cup, antes de visitar el domingo 30 de agosto Old Trafford para medirse al Manchester United en Premier League. Dos escenarios distintos, mismo examen: confirmar que este regreso no es solo una anécdota de agosto.
El Sunderland, por su parte, tratará de recomponerse en casa ante el Fulham, también el 30 de agosto, mientras aguarda el sorteo del viernes que definirá a sus rivales en la fase de liga de la Europa League.
La Premier ya les ha recordado a ambos su ley más básica: aquí los detalles, y los minutos 90, deciden temporadas.





