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Forest tropieza en el debut de Glasner ante un Leeds sólido

El nuevo Forest de Glasner tropieza al final ante un Leeds más hecho.

Oliver Glasner apenas había dado unos pasos fuera del túnel cuando quedó claro el tamaño del reto. Nuevo curso, nuevo entrenador, el quinto de Nottingham Forest en menos de 12 meses, y un City Ground expectante ante la “nueva era”. Pero la primera noche oficial del austríaco terminó con un golpe seco, casi cruel: un libre directo de Anton Stach colándose por el palo corto de Matz Sels a un par de minutos del final.

El estreno soñado se deshizo en un suspiro.

Un final amargo para el debut de Glasner

El partido había ofrecido muy poco en cuanto a ocasiones limpias. El guion pedía un detalle, un error, algo que rompiera la monotonía. Lo encontró Stach. El centrocampista de Leeds se fabricó la jugada al provocar una falta en la frontal tras una entrada torpe de Nikola Milenkovic. La barrera se colocó, Sels ajustó el poste… y aun así el balón se le escurrió.

El guardameta belga llegó a tocar el disparo con el guante, pero terminó enredado contra su poste derecho mientras, justo detrás, la grada visitante estallaba en un rugido que sonó a reivindicación. El sol de última hora bañaba el fondo visitante; las zonas de Forest, en cambio, se vaciaban con resignación incluso antes del pitido final.

Glasner, en la banda, exhaló hondo al ver cómo hasta el último jugador de campo de Leeds se sumaba a la piña. No era la presentación que había imaginado.

Leeds manda, Forest sobrevive

Leeds había avisado mucho antes del gol. Fue el equipo más incisivo, más reconocible, con una estructura clara y una defensa de tres muy firme en torno a Joe Rodon, Jaka Bijol y un sobresaliente Tarik Muharemovic, impecable en su debut.

En la primera parte, Harry Wilson rozó el estreno perfecto. El galés, fichaje que subraya las aspiraciones del club, definió con clase tras un pase filtrado de Jayden Bogle dentro del área. El City Ground contuvo la respiración… hasta que el asistente levantó el banderín por fuera de juego. El gol, anulado, dejó un aviso: Leeds olía sangre.

Tras el descanso, la amenaza volvió a tener nombre propio: Muharemovic. El central, fichado por 34 millones de libras desde Sassuolo, se elevó en el área para conectar un cabezazo potente que volaba directo a la escuadra. Esta vez Sels respondió con una mano izquierda soberbia, una de las pocas acciones que mantuvieron con vida a Forest hasta el tramo final.

Leeds, mientras tanto, fue administrando el partido, racionando a Forest a ráfagas aisladas en un estreno liguero pobre en producción ofensiva local.

Chispazos de Forest, pero poca pólvora

El Forest de Glasner ofreció apenas destellos. El técnico dejó en el banquillo a Ousmane Diomande, otro fichaje de 34 millones procedente de Sporting, y a Xaver Schlager, señal de que el nuevo plan aún está en construcción.

La mejor ocasión de los locales llegó justo antes del descanso. Neco Williams se lanzó con decisión al área para rematar un centro desde la derecha de Ola Aina. De esa jugada nació un pequeño caos que casi cambia la noche: James McAtee recogió el rechace, colgó de nuevo el balón y, entre Milenkovic y Jair Cunha, lograron cabecear contra el poste de James Trafford. El portero de Leeds, por lo demás, vivió una tarde plácida.

Ese doble intento al palo fue lo más cerca que estuvo Forest de marcar. Demasiado poco para un equipo que quería presentar credenciales ante su gente. La grada lo percibió: el murmullo se convirtió en silencio, el silencio en resignación.

Un golpe… y una oportunidad inmediata

El gol de Stach castigó la falta de colmillo de Forest y premió la insistencia de un Leeds más compacto, más claro en sus ideas. Al final, el contraste de estados de ánimo fue evidente: euforia al sol en el fondo visitante, butacas rojas vacías en el resto del estadio.

Para Glasner, la única buena noticia es el calendario. No tendrá que esperar mucho para ajustar cuentas: el martes, Leeds vuelve a visitarles en una reedición de la eliminatoria de Carabao Cup. Misma rival, mismo escenario, presión aún mayor.

La pregunta es sencilla y a la vez decisiva: ¿cuánto puede cambiar Forest en apenas unos días?