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Fatih Tekke asume culpa tras eliminación europea y Trabzonspor le niega dimisión

Fatih Tekke salió roto de la eliminación europea. Hundido, sin excusas, decidió ponerse en el centro del huracán y cargar sobre sus hombros todo el peso del fracaso. En la sala de prensa, el técnico de Trabzonspor no se escondió.

“Tuvimos una noche muy triste, por supuesto, y la razón soy yo y mi equipo. Fue una noche triste para nuestro país y nuestra sociedad”, lamentó, visiblemente afectado. Hasta la expulsión, el partido parecía bajo control. Después, todo se derrumbó. El billete a la Europa League se escapó y con él, la calma.

Tekke explicó que llevaba un año y medio volcado “día y noche” en intentar ofrecer una versión mejor de su equipo. Y ahí lanzó la bomba: “A partir de ahora, presento mi dimisión de estos 18 meses, y creo que tengo derecho a castigarme de esta manera”. Una renuncia más emocional que calculada, nacida en plena resaca de una derrota dolorosa ante Ferencvaros.

El club le cierra la puerta de salida

En los despachos de Trabzonspor, sin embargo, leyeron el gesto de otra manera. Para la directiva, la decisión de Tekke era fruto del calentón, una reacción impulsiva a la humillación continental, no un plan meditado.

El club reaccionó con rapidez y contundencia a través de un comunicado oficial: “Nuestro entrenador, Fatih Tekke, decidió dimitir en caliente tras la derrota contra Ferencvaros. El Consejo de Administración de Trabzonspor ha rechazado la dimisión del entrenador Fatih Tekke. Fatih Tekke continúa en sus funciones y dirigirá al equipo en nuestro próximo partido de liga contra Amedspor”.

Mensaje claro. No hay relevo en el banquillo. No por ahora.

De la decepción europea a la urgencia doméstica

La herida europea sigue abierta, pero el calendario no espera. Trabzonspor tiene que cambiar el chip de inmediato y centrarse en la Super Lig. El lunes 31 de agosto, el equipo viajará para medirse a Amedspor con una obligación innegociable: ganar.

El contexto no admite tropiezos. La afición está dolida, la confianza interna se ha tambaleado y el parón por selecciones se acerca. Un tropiezo antes del descanso del calendario podría agrandar la crisis. Una victoria contundente, en cambio, serviría como analgésico: calmaría a la grada, reforzaría el discurso de la directiva y daría aire a un vestuario golpeado.

Tekke tiene por delante una tarea inmediata y delicada: levantar el ánimo de un grupo que acaba de encajar un golpe durísimo y convencerlo de que la temporada no se ha roto en agosto. El club ya le ha dado una segunda oportunidad. Ahora, la respuesta tendrá que llegar desde el césped, en Amedspor, bajo la mirada de una hinchada que no está dispuesta a perdonar otro paso en falso.