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El Napoli cae ante el Bologna y se complica la Champions

El golpe más duro en el peor momento. El Napoli vio tambalearse su sueño de asegurar una plaza entre los cuatro primeros tras caer en casa ante un Bologna valiente y despiadado, que salió de Nápoles con una victoria dramática y un mensaje claro: nadie regalará nada en este tramo final de la Serie A.

Un inicio de pesadilla

El equipo de Antonio Conte saltó al césped con ausencias pesadas: sin Kevin De Bruyne, sin Romelu Lukaku, sin margen de error. Y lo pagó caro. El Bologna olió la fragilidad y castigó pronto, construyendo una ventaja de dos goles que silenció el estadio y desnudó las dudas defensivas de los partenopei.

El Napoli, descolocado, tardó en encontrar el pulso. Cada pérdida se convertía en una amenaza, cada transición visitante parecía un puñal. La zaga, que Conte quiere como cimiento de su proyecto, se resquebrajó justo cuando más se necesitaba firmeza.

La reacción del orgullo

Cuando el partido parecía escaparse demasiado pronto, apareció el carácter. Giovanni Di Lorenzo encendió la reacción con un tanto que devolvió algo de vida a un equipo contra las cuerdas. El capitán empujó no solo el balón, también a sus compañeros, que comenzaron por fin a jugar más cerca del área rival, a morder, a creer.

El empate llegó desde las botas de Alisson Santos, culminando una jugada que explicó por qué Conte sigue defendiendo a capa y espada a Rasmus Hojlund. El delantero, pese a su sequía de seis partidos sin marcar, firmó su cuarta asistencia en esta Serie A con una acción de calidad y lectura inteligente, sirviendo el gol del 2-2 y encendiendo la esperanza en la grada.

El Napoli había vuelto al partido. El ambiente se transformó. El Bologna retrocedió unos metros. La sensación era clara: el tercer gol local estaba más cerca que nunca.

El mazazo de Jonathan Rowe

Y entonces, cuando el impulso napolitano parecía definitivo, cayó el hachazo. Jonathan Rowe firmó una volea acrobática en los minutos finales que heló el estadio y dejó al Napoli de rodillas. Un gesto técnico brillante, un remate imposible de detener, un gol que vale oro para el Bologna y que abre una herida profunda en el proyecto de Conte.

El 3-2 no solo fue una derrota. Fue una advertencia. Conceder tres goles en casa en un momento tan delicado retrata un problema que va más allá de una noche desafortunada. La solidez defensiva que Conte exige como seña de identidad se evaporó justo cuando la presión por la Champions aprieta más.

Conte protege a su nueve

Tras el pitido final, el foco apuntó a Hojlund y a sus apenas 10 goles en 31 apariciones ligueras. Conte reaccionó rápido y con firmeza, blindando públicamente a su delantero.

Recordó que el danés es “el único delantero” puro de la plantilla, que ha tenido que jugarlo prácticamente todo, sin descanso real, sin la posibilidad de ser dosificado. Para el técnico, el contexto importa: carga de minutos, responsabilidad y solo 23 años sobre sus hombros.

Hojlund, insistió Conte, tiene “excelentes cualidades” y un margen de mejora enorme. Y el mensaje fue claro: no se le puede reprochar nada cuando sostiene casi en solitario el peso del ataque en un equipo mermado de recursos ofensivos.

La asistencia a Santos, en plena racha negativa de cara a puerta, refuerza esa tesis. Puede que no marque, pero sigue influyendo. Y Conte se agarra a eso.

Dos finales para la Champions

El calendario no concede tiempo para lamentos. El domingo espera una visita de alto voltaje a Pisa, un partido que el Napoli ya no puede afrontar como un simple compromiso de final de temporada: es una final encubierta. Sin victoria, el top cuatro puede empezar a alejarse de forma definitiva.

Después llegará el cierre en casa ante Udinese, otro duelo que ya se lee como decisivo para el futuro europeo del club. Dos partidos, seis puntos en juego, una plaza en la próxima Champions pendiendo de un hilo.

Conte necesita reconstruir la muralla defensiva de inmediato tras encajar tres goles en su propio estadio. Hojlund, mientras tanto, seguirá siendo la gran referencia ofensiva, el faro de un ataque castigado por las ausencias y por la presión del calendario.

La pregunta es sencilla y brutal: ¿le alcanzará al Napoli, con este nivel de fragilidad, para no quedarse mirando la Champions por televisión la próxima temporada?