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Neymar brilla en el Brasileirao y guía a Santos a la victoria

El viejo 10 de siempre, el que marcó a una generación, volvió a inclinar la balanza en el Brasileirao. Bajo una presión asfixiante en Vila Belmiro, con Santos atrapado en una racha de siete partidos sin ganar, Neymar se plantó en el césped como si el tiempo no hubiera pasado: decisivo, desafiante, dueño absoluto del partido.

El primer golpe llegó en el momento que más duele. Descuento del primer tiempo. Neymar recibe abierto a la izquierda, encara hacia dentro, levanta la cabeza, combina en una pared rápida y, sin esfuerzo aparente, coloca el remate cruzado, ajustado al segundo palo. Silencio de un segundo. Después, estalla el estadio. Un gol marca registrada, de esos que recuerdan por qué sigue siendo el epicentro de la cultura futbolística brasileña.

Bragantino entendió entonces que no se trataba de una noche cualquiera.

El partido que Santos necesitaba

Santos venía herido. La ansiedad se notaba en cada pase, en cada balón dividido. El 1-0 al borde del descanso no solo abrió el marcador; liberó a un equipo que llevaba semanas jugando con el freno de mano. Con ventaja, el balón empezó a circular con más calma, y Neymar, con más espacios, tomó el control del ritmo.

No se limitó a su gol. Se ofreció siempre, bajó a recibir, atacó los espacios. Tres remates a puerta, una asistencia clave, siete conducciones progresivas, seis duelos ganados por abajo. Números de futbolista que no se esconde, pero sobre todo, de líder en una noche en la que Santos no podía fallar.

El reloj corría y Bragantino se estiraba, obligado por el marcador. El partido pedía una jugada que lo sentenciara.

Genio también a balón parado

Minuto 75. Falta a favor de Santos. La tensión se palpa. Neymar toma la pelota, acomoda, mira al área. No va directo. Opta por la pizarra. Ejecuta una jugada ensayada con precisión quirúrgica: servicio inteligente, movimiento coordinado y aparición de Adonis Frias, que irrumpe con fuerza y define con contundencia para el 2-0.

El estadio explota otra vez. El gol no solo cerraba el partido; cerraba también una etapa de dudas, de críticas, de miradas hacia la tabla. Bragantino, a partir de ahí, ya no tuvo respuestas.

La influencia de Neymar se notaba en cada transición. Condujo, aceleró, frenó, eligió siempre la mejor opción. No fue una actuación de adornos, fue una actuación de peso, de las que cambian dinámicas de vestuario.

Ovación y mensaje al mundo

En el minuto 82 llegó el momento simbólico de la noche. Neymar ve su número en el cartel de cambios. Entra Gabriel Barbosa. El 10 abandona el campo y todo Vila Belmiro se levanta. Una ovación cerrada, larga, cargada de memoria y de esperanza.

El gesto fue claro: la hinchada sabe que necesita a este Neymar, y Neymar sabe que necesita noches como esta. A sus 34 años, cada partido es un argumento más en su intento por abrirse paso de nuevo en los planes de la selección para el Mundial de 2026. Y actuaciones así no pasan desapercibidas.

Santos, por fin, respira. Rompe la racha negra, suma tres puntos vitales y gana algo igual de importante: confianza. Lo que viene no da tregua: doble duelo contra Coritiba y un choque continental frente a San Lorenzo.

Si Neymar mantiene este nivel, la pregunta ya no es si puede seguir decidiendo partidos. La pregunta es hasta dónde puede llevar de nuevo a Santos.